El exilio vive una etapa transicional
MICHAEL H. MIRANDA | Arkansas | 13 Abr 2016 - 8:02 am.
La visita del presidente Barack Obama a Cuba en marzo pasado induce a
poner en circulación algunas preguntas sobre el presente y el futuro del
exilio cubano. ¿Va camino el exilio de convertirse en una ficción
histórica o solo se resiste a reconocer que vive su condición post?
El exilio representó siempre la no negociación frente al poder. Sin
embargo, con el paso de los años ha visto cómo sus posicionamientos se
diversificaron, cómo su duelo se iba disipando, a medida que las
relaciones entre la comunidad exiliada y la Isla iban haciéndose más
fluidas. Ciertos pasos dados por el Gobierno cubano después de 1993
—posibilidad del envío de remesas, arribo de varios vuelos semanales que
conectaban a varias ciudades norteamericanas con distintos puntos de la
Isla, entre otros— fueron tan solo el inicio de una invitación a
repensarse, más allá incluso de si tiene sentido hoy declararse,
saberse, sentirse, un exiliado cubano, y si cabe "exigirle" a alguien
que se declare exiliado.
Hay un proceso de acercamiento en marcha entre los dos gobiernos. Si ya
personeros del régimen entablan tratativas con empresarios
cubanoamericanos, si una progresiva cantidad de cubanos viaja con
regularidad a la Isla, si los que llegan entienden a Miami más como una
transacción o acaso un desahogo que como una militancia, si los
beneficios no discriminan entre un ex preso político y un exfuncionario
del Gobierno que ni siquiera muestra arrepentimiento, si el aislamiento
económico se va desarticulando y ya hasta los uniformes escolares se
compran en tienduchas de Hialeah, ¿cuál es la fisonomía real de eso que
llamamos exilio? ¿El cambio de faz supone también una transformación de
su genealogía? ¿Cómo releer su historia entonces? ¿Ha llegado el momento
de enterrar para siempre la terminología asociada a la condición exilar
y pasar a otro estadio? ¿Se va a desconflictivizar la que ha sido con
seguridad la relación más polarizada e irreconciliable de la historia de
Cuba, incluso después del 17-D?
Existe todavía una opinión pública exiliada que basa su discurso en un
fuerte componente identitario. La paradoja está en que el exilio parece
envejecer sin recambio, pues al parecer este no alcanza a identificarse
con su razón de ser. El imaginario de ese exilio, que se oxigenó en 1980
con el éxodo del Mariel y clausuró los intentos de diálogo que algunos
sectores quisieron sostener con el Gobierno cubano, sufrió un vuelco con
la crisis de los balseros, la adjudicación de las 20.000 visas anuales,
el caso Elián González y también la preferencia o el predominio del
destino Europa entre los jóvenes intelectuales que dejaban la Isla.
Ahora, la visita de Obama vuelve a dejar al exilio a la intemperie. No
fueron pocos los que señalaron que solo dos estamentos "retrógrados" se
opusieron al forzado tour presidencial: el Gobierno cubano (que sigue
fiel a su esencia cold war, inmovilista y represiva) y el "exilio
recalcitrante de Miami". Equiparar ambos factores resulta cuando menos
injusto para los exiliados. El tiempo y la historia han querido
desmontar, uno por uno y junto con los del castrismo, los fundamentos de
ese exilio. Al final, al paso de tantas décadas, uno es dependiente del
otro: el uno morirá con el otro.
Con cada grupo de cubanos que cruza las aduanas del mundo libre regresa
la pregunta sobre qué tipo de sujetos son, de si eso que por décadas
hemos llamado exilio continúa en pie. A ese exilio se le había
identificado siempre con un tipo de posicionamiento político bastante
homogéneo, aquel que promovía la caída del régimen como condición para
poder retornar al país. Porque de eso muchos creían que se trató siempre
el exilio, de la incapacidad o la imposibilidad de retornar a ese lugar
de donde fuimos excluidos o expulsados.
Con Cuba sucedió que, llegado un momento, el regreso fue técnicamente
posible, aunque siempre el régimen se reservaba un humillante derecho de
admisión, y en cambio las razones originarias del exilio seguían de
alguna manera intactas. Partamos de que exiliado no es cualquiera, sino
aquel que hace suya una tensión ante la autoridad gobernante. Esa
dimensión política del nuevo sujeto en fuga es la que ha ido mermando y
llevándose consigo los fundamentos del exilio.
Sin embargo, siempre ha sido el exilio, como categoría, de Hannah Arendt
a Edward Said y Giorgio Agamben, mucho más complejo, poroso y por ello
perturbador, refractario a ser estudiado y tipificado desde una
perspectiva única y más proclive a redefinirse continuamente. Poco
sabíamos del exilio ruso y del este europeo, que huía del comunismo, y
mucho del español y sudamericano, que lo hacía de las dictaduras
militares y cuyos relatos fueron sublimados por los discursos de
izquierda, los mismos que denigraron al exilio cubano y lo vieron como
su antípoda.
El exilio también está viviendo su etapa transicional, que comenzó mucho
antes del 17 de diciembre de 2014. Se reforzará la condición tan
personal de lo exílico, que es lo que en un final termina conspirando
contra la idea misma de una identidad exiliada, pero por ello habrá que
definir cuál y cómo será la presencia política de esa comunidad en el
futuro de la Isla.
Como mismo ha cambiado la oposición dentro de la Isla, también lo ha
hecho el exilio, que hoy deberá debatir cómo encauzar su duelo de
décadas a sabiendas de que más allá de lo simbólico, no hay posibilidad
ya de restituir nada, no hay herida que pueda ser restañada. A ambos
estamentos debe seguir correspondiendo la exigencia de urgentes cambios
políticos, mientras en lo económico el estado del país es tan deplorable
que es impensable una reconstrucción sin la presencia de la comunidad
exiliada, que es de hecho, y desde hace mucho tiempo, quien sostiene a
buena parte de la economía de la Isla.
Quién se atreverá entonces a extenderle al exilio su certificado de
defunción. Yo no lo haría. No todavía.
Source: El exilio vive una etapa transicional | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1460467307_21620.html
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