Pide Yoani a Peña presionar a Cuba
Nacional / General Domingo, 17 de Marzo de 2013 18:55 hrs, por Fuente
Ciudad de México.- Todo comenzó el 9 de abril del 2007, cuando Cuba
entera estaba sumergida en la pasión de la final de la Serie Nacional de
beisbol entre Industriales y Santiago. En un hecho inédito en la Cuba de
Fidel Castro, a los habitantes se les permitió colgar carteles en sus
balcones y ventanas con mensajes de apoyo a su equipo favorito. Justo
ese día, Yoani Sánchez subió a la red el primer post de su blog
Generación Y, que en su último párrafo decía: ... no dejo de notar que
durante estos días la pelota nos sumerge en un sopor irreal y que hasta
la aparición de los tolerados carteles es un paréntesis, un permiso
temporal, del que no podremos hacer uso para otros temas. Me puedo
imaginar qué pasará si una vez concluida la final cuelgo en mi balcón un
mínimo papel que diga: "Sí al etanol" o "Internet para todos".
A seis años de distancia, cuando su blog es visitado por miles de
personas y traducido al persa, japonés, rumano, polaco, checo, catalán y
14 idiomas más, Yoani reflexiona: "era un post muy sencillo, ahora lo
leo y me parece tan ingenuo... yo me cuestionaba por qué la gente podía
poner carteles sobre su equipo de beisbol y por qué no podía poner otro
tipo de carteles. Eso era el primer post, muy sencillo, pero ya estaba
marcando una línea de denuncia y de inconformidad con el tema de
libertad de expresión".
De entonces a la fecha, Yoani Sánchez ha recorrido un largo trayecto
como disidente del régimen castrista desde dentro de la Isla. Su blog la
lanzó a la fama; le valió el premio Ortega y Gasset que entrega
anualmente el diario español El País, la mención como una de las 100
personas más influyentes del año 2008 por la revista Time, decenas de
reconocimientos en todo el mundo y el ser seguida por más de 447 mil
personas en Twitter.
Su éxito la colocó en la mira de los servicios de inteligencia cubana y
le significó la prohibición oficial para salir de su país. Además,
dentro de Cuba fue señalada por los sectores afines a la Revolución como
agente de la CIA, una disidente financiada por el anticastrismo de
Miami, una mercenaria al servicio de Estados Unidos.
En 2013, tras cinco años de permisos revocados por la oficina de
Migración –y gracias a una de las reformas promovidas por Raúl Castro–,
pudo salir de Cuba y emprender una gira de 80 días que ya la llevó a
Brasil y a México, donde acaparó la atención de los medios, de
estudiantes, políticos e intelectuales, sin poder escapar del repudio de
personas y grupos afines a Fidel.
En su último día en el país, luego de una conferencia en la Universidad
Iberoamericana, Yoani Sánchez luce exhausta pero contenta. Se ha
convertido en una fanática de Instagram. En su Ipad se lleva cientos de
fotografías y videos –material valioso para armar nuevos posts– y el
registro de un tuiteo compulsivo (292 mensajes de 140 caracteres entre
su llegada al Distrito Federal, el 9 de marzo, y su partida cuatro días
después). Además se lleva en la maleta decenas de libros que le han
regalado. Muchos de ellos hablan de la realidad política y le servirán
–afirma– para aprender de la alternancia mexicana.
Yoani confía en que esas lecciones le serán útiles cuando en Cuba llegue
al fin la transición.
–¿Un régimen como el cubano puede acelerar cambios o reformas a través
de mecanismos de presión en redes sociales y blogs?
–Aunque no creo que desde las redes sociales podamos cambiar Cuba, sí
creo que las redes sociales van a jugar un papel en el cambio en Cuba.
Será un elemento importante, pero no el único. Estamos muy lejos, por
ejemplo, de la situación de los países de África del Norte, con la
llamada Primavera Árabe en la que la gente se convocó a través de
Facebook, Twitter y de sus teléfonos celulares. En Cuba estamos todavía
en un estado muy embrionario en cuanto al uso de las tecnologías y el
gobierno ha aprendido mucho de la Primavera Árabe y ha metido más
controles, más supervisión, más censura sobre estos artilugios. Sin
embargo, en un sistema tan cerrado que monopolizó la información y la
noticia durante tantos años, la entrada, aunque sea pequeña, de las
redes sociales y la web está generando un cambio. Es un sistema tan
rígido, tan anquilosado, que reformarse, como estas reformas económicas
que está haciendo ahora Raúl Castro, puede ser como un disparo en la
sien del propio sistema. O sea, este sistema puede aniquilarse a sí
mismo tratando de flexibilizarse.
–Pero este no es un régimen suicida...
–No es un régimen suicida, pero está en una situación complicada. En
primer lugar, la generación en el poder está en el ocaso de su vida,
está llegando a lo que los cubanos llaman la solución biológica. Y se
dan una serie de coyunturas, como ahora mismo la ausencia de Chávez, la
presión internacional, la ciudadanía que está ganando espacios. Hay una
fórmula que no se había dado antes en la historia nacional, por tanto sí
que estamos cerca del cambio.
Cuba sin Chávez
Yoani Sánchez habla a la velocidad a la que tuitea. Responde sin rodeos.
Está acostumbrada a condensar su pensamiento en entradas de blog que
luego guarda en memorias USB para lanzarlas al ciberespacio en una de
las contadas oportunidades en las que tiene acceso a internet. Cuando
logra conectarse en La Habana, programa dos o tres entradas que luego
subirán a la red, en entregas diferidas.
Se las ha ingeniado para escribir sus tuits en mensajes de texto en su
celular, que manda en SMS a un servidor de Twitter en Inglaterra o en
otro país, y que minutos después suben a la red social. "Es una
comunicación minusválida", explica, "tuiteas, pero no puedes ver
respuestas, ni tendencias, ni mensajes directos".
A sus 37 años es una de las blogueras más famosas del mundo. Admirada
fuera de su país, repudiada por algunos de sus compatriotas, opina que
la ausencia de Hugo Chávez puede provocar un regreso de Cuba a las
épocas de la supervivencia al embargo sin los 100 mil barriles diarios
de petróleo que envía Caracas a la Isla.
"La gente sabe que vienen tiempos difíciles", anticipa, "pero también
sabe que la crisis puede catalizar los cambios. Hay una frase muy cubana
que dice: 'lo bueno de todo esto es lo malo que se está poniendo', y eso
es lo que yo percibo en muchos compatriotas".
–¿Confías en que la transición sea pacífica?
–Yo espero que sí, no creo sinceramente que los odios ideológicos vayan
a provocar que los cubanos nos vayamos a las manos. Pero la
responsabilidad es fundamentalmente del gobierno. El gobierno, en un
momento de fragilidad o de intuir que viene el final, puede generar un
clima de polarización o enfrentamiento que sería fatal para Cuba.
Espero, confío en que no haya violencia, que no haya ajuste de cuentas y
que todo se haga en el marco de la legalidad.
Pide la solidaridad de México
La bloguera y activista pasó cinco días en México, un país que –afirma–
le robó el corazón. Invitada por la Sociedad Interamericana de Prensa,
visitó Puebla y la capital; estuvo en universidades, en la Catedral, en
el Tribunal Electoral, en el Senado y en varias redacciones, pues sueña
con regresar a Cuba y fundar un medio de comunicación en el que quiere
envejecer como una periodista siempre incómoda para el régimen, incluso
para el que sustituya al socialismo de Castro.
De México, dice, le impactaron sus contrastes entre modernidad y mundo
antiguo; entre el ritmo vertiginoso del tránsito vehicular y la
pasividad de los paseantes en la Alameda Central. Los rascacielos a unos
metros del Templo Mayor. Y la violencia, la pobreza y la corrupción
conviviendo en un régimen democrático.
De ese México que –confiesa– le arranca opiniones apasionadas, ella
espera hoy en día una postura más firme frente al régimen castrista. Un
gesto que haga sentir a los cubanos más acompañados.
–¿Cómo puede contribuir México a su transición?
–Los vínculos históricos, la cercanía geográfica, la confluencia con
México hace que sea una nación tan hermanada, que por eso hay muchos
cubanos aquí viendo qué va a pasar. Creo que un buen posicionamiento del
gobierno en el tema de derechos humanos sería bien importante. Nosotros
necesitamos no sentirnos solos en esta cruzada. Y también aclarar muy
bien que los vínculos que nos unen no son con un gobierno, porque los
gobiernos pasan, los pueblos quedan, tiene que ver con una historia
compartida, con unas similitudes que son de pueblo a pueblo; por tanto,
yo creo que una de las primeras cosas que debe hacer la diplomacia
mexicana es saber y plantearse que Cuba no es un partido ni una
ideología. A partir de ahí ya todo queda más claro.
–México fue con Fox muy crítico al régimen de Castro, pero en el sexenio
anterior se abandonó un poco esa postura, ¿crees que México debe retomar
la línea de denuncia en el tema de derechos humanos?
–Sí, estamos en un momento en que es necesario. Usando quizás también
otras maneras, en los tiempos que corren también hay nuevos métodos;
pero es el momento de posicionarse. El pueblo cubano lo leería muy bien,
nos sentiríamos muy acompañados.
Antes de partir a Nueva York para continuar su vuelta al mundo en 80
días, ésa es su petición a Enrique Peña Nieto.
http://www.nssoaxaca.com/nacional/1-general/41311-pide-yoani-a-pena-presionar-a-cuba
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