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Monday, April 18, 2011

Con dos que se quieran

Con dos que se quieran
Monday, April 18, 2011 | Por Aleaga Pesant

LA HABANA, Cuba, abril (www.cubanet.org) – Aun no llega al año de
trasmisiones y el agotamiento de uno de los programas que más
expectativas creó con su salida al aire, se siente en el televidente.
Poco importa que la musiquita pegajosa invite a los ancianos a acercarse
al televisor, esperando algo mejor, después del paréntesis de Mesa
Redonda y el noticiero. No trasciende que entre los últimos invitados a
este programa semanal, estuvieran el actor Luis Alberto García o el
trovador cienfueguero Lázaro García. Nombres con suficiente peso para
hacer la historia de sus vidas.

Con dos que se quieran, un espacio creado para contar la historia de
personalidades del arte y la cultura, que contó con el apoyo de las
autoridades, y el copón divino, se agota por el agotamiento de lo único
que supuestamente estaba garantizado: el presentador.

Como decíamos hace un año, "el anfitrión disfruta de la rimbombancia, el
pavoneo, la risa escandalosa y una falsa intimidad, quizás construida a
través del estudio previo hecho a la personalidad del convidado. Esa
necesidad de ser diferente, se nota desde el entramado de las luces
hasta el trato campechano, propio de nuestras calles. Sin comprender
que sin llegar al almidonamiento, se debe mantener distancia y categoría".

Amaury Pérez, el presentador, fortaleció en este espacio durante los
nueve meses posteriores a su estreno, las peores debilidades de su
actuación y sumó otras, como el facilismo de las preguntas, la falta de
rigor e incisión al abordar las personalidades invitadas y, lo más
escandaloso, el servilismo y la humillación ante personalidades con
poder o ascendencia en el gobierno.

Esa insistencia en "el cuestionamiento correcto", llevó al televidente
de cada una de sus últimas entrevistas a un hastío, como para cambiar el
canal, o mejor aún, apagar el aparato. Lo peor de todo es la infame
pregunta con que cierra cada programa: ¿Por qué te quedaste en Cuba?
Ahí los invitados se explayan hablando boberías, entre ellas vivas a la
dictadura.

Ese patrioterismo final, nos hace jurar que no volveremos a ver el
programa. Aunque el próximo invitado frecuentemente nos hace pensar que
quizás su entrevista nos hará cambiar de opinión, es en vano, siempre
nos equivocamos. Con dos que se quieran, quedó en eso, en "querer". Y
así no se hace televisión.

aleagapesant@yahoo.es

http://www.cubanet.org/articulos/con-dos-que-se-quieran/

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