FECHA : 11/05/10
FUENTE : El Mundo
Parece una abuela buena. Pasa de los 50 y viste como una monja de
convento, con ropas holgadas y poco llamativas. Se llama Ileana y es una
lesbiana pura y dura.
Su negocio es la prostitución. Anda con una carpeta de cuero negro, y a
extranjeros deseosos de juerga o cubanos con dinero y pasados de tragos,
a los que ella intuye que buscan una noche caliente, se le acerca
educadamente y les ofrece sus servicios.
De la carpeta de cuero negro, despacio, mirando ambos lados y cuidándose
de gente indiscreta, saca un álbum de fotos brillantes, tiradas sin
dudas por un profesional de la cámara, donde una legión de chicas o
chicos, según la preferencia sexual, miran con voluptuosidad, escasos de
ropa y en poses provocativas.
En su catálogo, la abuela-matrona tiene de todo. Rubias, trigueñas,
mulatas y negras. "Son muy jóvenes, mi hijo, pero si las quieres de 12 o
13 años, tendrás que pagar más", dice Ileana en tono maternal.
La matrona va cantando en voz baja los precios. "Una noche 20 pesos
convertibles, dos lesbianas, veinte por cabeza. Lo que tengo es de
primera, niñas recatadas que no son putas a tiempo completo, algunas
estudiantes", aclara mientras detalla la calidad de su mercancía.
El encuentro
Los usuarios van a casas de citas discretas y elegantes donde se vende
bebida buena y ofrecen un plato para "picar" (tapa o canapé). La
muchacha escogida te espera. Luego de tomar un trago de ron fuerte o un
par de cervezas con ella, pasan a una habitación climatizada, con
televisor y música ambiental.
Algunos clientes tienen sus fantasías. "Mientras no le den golpes a mis
niñas, cualquier cosa. A un buen usuario le gustan las jóvenes vestidas
con uniforme escolar, de aeromoza o policía. Pasé un trabajo de mil
demonios para conseguir un uniforme de azafata y otro de policía",
cuenta la experimentada matrona.
"Fui una puta de lujo. Quiero que mis muchachas sigan mis pasos. Siempre
les inculco mis reglas. Tu puedes ser la persona más depravada del
mundo, pero no debes aparentarlo. Hay que respetar las normas sociales",
observa Ileana. Hace 15 años vive con su pareja, una negra descomunal y
callada que sólo abre la boca para servir a su concubina.
Argumentos
"Mi deseo es que las jóvenes hagan dinero y dejen la mala vida. Les
aconsejo que nunca tengan un chulo, y si se enamoran, que se casen y
hagan una vida de familia. No las maltrato. Soy una persona honesta.
Debajo de esta blusa se esconde un buen corazón incapaz de hacer daño",
señala con su hablar pausado y refinado.
A la pregunta de por qué se dedica al sucio negocio de la prostitución
medita un par de minutos. "Por necesidad. Tengo que vivir de alguna
forma. Es lo único que sé hacer", confiesa. Y propone a una rubia
opulenta que con una sonrisa a lo Marylin Monroe, observa desde el
minucioso catálogo fotográfico de la abuela que parece buena.
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