Muchas tarjetas telefónicas no cumplen lo que prometen
Por LAURA WIDES-MUNOZ
Se las ve expuestas detrás del mostrador en el pequeño comercio: son
esas tarjetas telefónicas de colores brillantes que ofrecen llamados a
Latinoamérica, Africa y Asia. A menudo son el único recurso que tienen
los inmigrantes para mantenerse en contacto con sus familias.
Pero muchos de los compradores de esas tarjetas son esquilmados por un
total de millones de dólares anuales.
Algunas tarjetas no cumplen con los minutos de llamada prometidos. Otras
medran con tarifas confusas que podrían no estar explícitas en la letra
microscópica en el reverso de la tarjeta. Y otras redondean cada llamada
a la marca de tres minutos más cercana.
"A veces te dan todos los minutos. A veces no. Después tienes que
pasarte a una nueva tarjeta", se lamentó Augusto Revolorio, dependiente
de un almacén en Miami Beach, que compra regularmente las tarjetas de 2
o de 5 dólares para llamar a su madre y cuatro hermanos en Guatemala.
"Me cuesta más quejarme por teléfono y llegar tarde a trabajar, y por
eso me limito a romper la tarjeta y comprar una nueva".
Un estudio del 2004 conducido por Julia Marlowe, profesora emérita de
economía de la Universidad de Georgia, halló que las tarifas de las
tarjetas telefónicas prepagas eran un 87% superiores a las que publicitaban.
Pero como muchos inmigrantes al igual que Revolorio no tienen tiempo o
temen ir a quejarse ante las autoridades -y el dinero perdido por
tarjeta no es mucho-, poco se ha hecho para solucionar el problema.
"Cada vez que me fijo, la industria de telecomunicaciones es una
industria muy regulada. Pero a ésta no la quieren regular", dijo Gus
West, director del Hispanic Institute, una organización sin fines de
lucro con sede en Washington.
Pero eso está empezando a cambiar. En el último año, los procuradores de
justicia de Florida, California y otros estados han empezado a
inspeccionar más de cerca la industria de las tarjetas telefónicas, como
también la Comisión Federal de Comercio. En octubre, el representante
demócrata Elio Engel presentó un proyecto de ley para regularla.
La iniciativa proviene en parte de una fuente inesperada: la enorme
empresa de comunicaciones IDT Corp. La compañía con sede en Newark,
Nueva Jersey, zanjó en enero su propia demanda colectiva de una década
acusada de no haber publicitado explícitamente sus cargos. Ahora
encabeza los reclamos de regulación a nivel estatal y federal.
"Lo que nos gustaría ver es una industria honesta, donde todos se
atengan a las mismas exigencias que nos hemos impuesto", dijo el titular
de IDT, Jim Courter.
Las tarjetas más populares entre los inmigrantes -y las menos probables
de cumplir con los minutos prometidos- son las que ofrecen tarifas
superbaratas a países como México, Guatemala, Haití y la India.
Norbert Domínguez de Miami dice que compra unas seis tarjetas de 10
dólares por mes para mantenerse en contacto con su madre y su hija de 4
años en Cuba. Cada tarjeta le promete 18 minutos pero habitualmente le
da cerca de 12, dijo. Eso representa un costo real de unos 83 centavos
por minuto en vez de los 55 prometidos. De todos modos, le resulta más
barato que la tarifa telefónica típica de larga distancia de 1,15 dólar
el minuto.
"Es el medio más barato porque otros son muy caros, pero al final nos
están engañando", se lamentó Domínguez.
Agregó que se ha quejado sin éxito. "Te comunican con un representante
del servicio al público, pero nunca con alguien de autoridad", agregó.
Un reportero de AP tuvo una experiencia similar cuando preguntó sobre
una tarjeta de 5 dólares llamada "Pa' Llamar" que sólo funcionó 60 de
los 148 minutos prometidos a Centroamérica. Blackstone Calling Cards,
con sede en Miami, la compañía que publicita y distribuye las tarjetas,
refirió al reportero a ADMA Telecom, que suministra la conexión.
Un empleado del servicio al cliente de ADMA, que sólo se identificó como
Ernesto, dijo que el sistema de computación de la compañía a veces no
lee correctamente el destino solicitado. "Si estás llamando a Nicaragua
te puede aplicar la tarifa para Haití. El cliente tiene que llamarnos y
decirnos que ha tenido un inconveniente con la llamada, y nosotros
solucionamos el problema", le dijo.
Cuando quiso saber más detalles, Ernesto refirió al reportero a un
supervisor, quien a su vez le dio otro número telefónico... el de
Blackstone.
Oscar Munera, un distribuidor independiente de tarjetas telefónicas,
dijo que pese a los problemas las tarjetas son una ganga.
"Hace quince años no podías llamar a Colombia porque era carísimo. Los
clientes nunca están satisfechos", afirmó. Dijo que la gente podría
evitarse problemas de leer las condiciones que aparecen en letra
pequeña. Pero ésta no está siempre disponible, no es legible o no está
en el idioma natal del cliente.
"Hay tanta variación en las tarjetas y las tarifas que no puedes ir a un
comercio, mirar la selección y hacer una elección precisa", dijo
Marlowe, de la Universidad de Georgia.
El proyecto de Engel requiere la aclaración clara y estandarizada de
todos los cargos en el reverso de la tarjeta o en los avisos, conmina a
las compañías a cumplir con los minutos prometidos y prohíbe cargos por
llamados sin conectar.
"No nos proponemos tener una fuerte regulación, sino sólo que la persona
promedio sepa lo que compra", dijo el legislador.
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