Roberto Santana Rodríguez
10 de noviembre de 2007
La Habana, Cuba – El acto de adquirir un par de espejuelos, gafas o
lentes graduados en Cuba puede ser un empeño algo complicado no exento
de peripecias y barreras que vencer.
Peripecias que pueden comenzar en la misma consulta del oftalmólogo y
extenderse hasta la óptica estatal o frente a la mesa de los técnicos
que reparan espejuelos por cuenta propia.
Y barreras en el aspecto económico, por lo que pueden costar los
cristales y armaduras, si los hay en la estatal óptica, repito, porque
en la de por dólares, digo, chavitos, CUC, hay de todo al precio de los
ojos de la cara y…
Que lo diga Wenceslao, que recientemente pasó por esa, según repite,
inolvidable experiencia.
Resulta que el Wences, como es familiarmente conocido, ya no "pillaba",
o no veía un burro a dos pasos, no podía ver las letricas del periódico
Granma, los letreritos de las películas que pasan por la TV… y decidió
buscar alivio a tamaño problema visitando la consulta de oftalmología
del policlínico.
Allí le atendieron de maravillas, la doctora se esmeró en identificar de
forma exacta la graduación requerida por el paciente. "Usted lleva ahora
+3.50 de aumento en cada ojo para ver de lejos, para ver de cerca
necesita 1 dioptría más…
Hasta la doctora, como para que se fuera "completo" respondió de forma
afirmativa a la pregunta de Wences sobre la posibilidad de ser operado
de la hipermetropía que padece la que le advirtió la doctora se iría
agravando paulatinamente con el paso del tiempo, el implacable, el que
pasó. ¡Operación milagro compadre!, ¡¿también para cubanos!?
"¡Oyeeee! Que bueno está esto, me puedo operar y toó, con rayos laser y
pocos días de recuperación; Ahora voy directo para la óptica y pronto
tendré puestos los espejuelos nuevos, al fin podré leer las letricas…,
los letreros…"; iba pensando Wenceslao al salir de la consulta con su
receta para adquirir los espejuelos.
Para su desgracia este "magnífico" incidente le hizo bajar la guardia,
confiarse...
Wences pasa de los cuarenta, hace veinte que no acudía a una consulta
del "oculista", como se le dice también en Cuba por lo engorroso que le
resultaba ese trámite. Debía estar a las 6:00 a.m. en el policlínico,
hacer tremenda cola para obtener uno de los veinte turnos que se daban
en el día para atenderse con la "oculista", eso si ésta venía a trabajar…
Nada, por H o por B Wences posponía una y otra vez la visita a la
consulta del "oculista", conformándose con unos espejuelos que compró a
un técnico, que los repara y vende, que le dijo una vez, "¿Socio ves
bien con esos?, ¿y con estos que son +2?", "Sí, esa es mi medida loco",
"Pues ya resolviste asere"…
Todo hasta que un día, el que nos ocupa, Wences pasó de casualidad por
la consulta de la "oculista" y entró, había ido al policlínico por otra
razón, consultarse con el doctor Fernando…
Como ya dije nuestro amigo Wences fue, esperanzado resolver,
directamente del policlínico hacia la óptica del pueblo.
Al llegar al establecimiento, casi vacio a esa hora, las 4 y pico de la
tarde, le muestra orondo la receta a la muchacha que sonrisa en labios,
le atiende…
"Compañero, tenemos los de lejos, los de cerca no los hay", le dice la
empleada a Wences después de leer la prescripción de la oftalmóloga, y
saca de un archivo aledaño a su mesa de trabajo un par de espejuelos
graduados.
"Del lobo un pelo", piensa el hombre a quien los pelos comienzan a
parársele, ¡y lo que le falta por pasar todavía, el Niágara en bicicleta!
"¿Cuánto cuestan los espejuelos compañera?", pregunta el Wences.
"51 pesos", le responde amable la empleada.
"Compañera, con estos espejuelos veo bien pero no me sirven, son muy
estrechos para mi cara", exclama Wences después de probarse las
resplandecientes gafas.
"Lo siento compañero, esos son los que hay", responde la muchacha con un
gesto de impotencia…, "No jodas más, esos son los espejuelos que hay y
ya", piensa él…
"!Qué barbaridad caballero!, ¿será que ahora la gente tiene que tener un
mismo ancho de cara?", piensa Wences, que siente cómo se esfuman sus
esperanzas de ver ese mismo día las letricas del Granma, los letreritos
de las películas…
Infructuosas resultan las gestiones hechas por Wenceslao ante el
administrador de la óptica, todas las respuestas que recibe son negativas.
No hay cristales separados que pueda ordenar montar en una armadura,
tampoco se pueden quitar los cristales de la armadura preconcebida
porque no le sirven a ninguna otra de las que están en existencia,
además los técnicos del establecimiento no están trabajando allí por
causas, etc., etc., etc.
Sólo le dicen a Wences, ¡a modo de consuelo!, que se de una vueltecita
en un tiempo prudencial, ¿una semana?, ¿un mes?, ¿6?, no le especifican…
Y sale Wenceslao de la óptica, con sus viejas gafas puestas, cabizbajo,
atribulado, esta noche no podrá, como inocente y anticipadamente soñó,
leer las letricas… y los letreritos…
Pero como buen hombre pertinaz, Wenceslao no se amilanó ante la derrota
sufrida en la primera escaramuza en aras de adquirir sus nuevos
espejuelos graduados.
El Wences estaba decidido de todas formas, a como diera lugar, a leer
las letricas del periódico Granma y los letreros de las películas…
http://www.bitacoracubana.com/desdecuba/portada2.php?id=5765
Espejuelos (II)
Roberto Santana Rodríguez
10 de noviembre de 2007
La Habana, Cuba -- Al día siguiente, después de 8 horas de consulta con
la almohada, y con renovadas energías Wences decidió seguir un nuevo
"plan de acción", consistente en explorar a los técnicos que trabajan
por cuenta propia. "Tal vez", pensó, "con ellos pudiera resolver", o los
cristales para montar o si navegaba con suerte las gafas completas.
"Que volá asere, Indio, ambia, mira a ver si puedes resolverme esta
receta", le dice el Wences, al técnico que arregla espejuelos.
"Estas reventa'o loco, precisamente ayer me trajeron esta, te la dejo en
60 baros", responde el mecánico.
"A ver", dice el Wences y se prueba las gafas. Al momento las devuelve
al técnico desencantado, "Na', lo mismo de ayer, veo bien, pero me
quedan estrechas".
"Di tu, yo no tengo la culpa que tengas ese carón, loco", se limita a
responder el técnico.
¿Bueno y ahora qué hago?, se pregunta el Wences ante el nuevo palo que
le ha propinado la vida, pero como buen cubano se le alumbra el
"bombillito".
"Ven acá, por que no le quitas esos cristales a la armadura y me los
montas en esta", dice Wences señalando los viejos espejuelos que ya
afean su rostro.
"Dame", dice el mecánico y luego de largos minutos de esfuerzos le
señala a Wences negando con la cabeza, "Nada socio, estos cristales no
se pueden montar en esta armadura, aquí es al revés, no se puede meter a
Guanabacoa en La Habana".
"Bueno, entonces te compro los cristales solos, ¿Cuánto?", le dice
Wences, pleno de ideas.
"30", responde el técnico.
Y parte nuevamente Wenceslao a la aventura, ¡a lo desconocido!,
consciente y consolado en parte porque tiene resuelta la mitad de su
problema, "Si me aprieta mucho el zapato me coloco los cristales delante
de los ojos y leo los letreritos y las letricas….", va pensando casi feliz.
"Déjame llegarme a la óptica, tal vez resuelvo por la izquierda una
armadura donde montar estos cristales…", se dice el Wences y marcha
presuroso a su objetivo.
Al llegar a la óptica queda detenido en seco por las puertas cerradas
del establecimiento y por un cartel colocado en las mismas que dice,
Horario, de 12 a 8 p.m.
"Coño y son las diez nada más, tengo que hacer una "media", hacer
tiempo", cavila Wences y rápidamente genera una nueva idea, "¿Y si voy a
ver a Pancho?, puede que tenga alguna armadura de "medio palo" que me
sirva".
Otro desencanto sufre Wences al caminar más de 10 cuadras bajo el
ardiente sol hasta donde piensa trabaja su socio Pancho…
"Pancho ya no trabaja aquí, se mudó hace más de un año para los
"coquitos", puedes coger un bicitaxi en la terminal, 10 para allá y 10
para acá", le responde solicito a Wences un "mayor" que arregla relojes
en la mesa donde trabajaba el susodicho Panchón después que este
preguntara por el técnico.
"Candela, tengo que ir a los "coquitos", ya estoy montado en el burro y
le voy a seguir dando palos", razona Wences y parte para la terminal…
Total para nada el viaje, veinte cañas tiradas por la borda, Pancho está
retirado del negocio.
Wenceslao está de vuelta en la óptica, son las doce menos diez minutos.
Delante de las puertas del establecimiento hay cerca de veinte personas
que esperan pacientemente por su apertura…
Las doce y cuarto, no acaban de abrir la óptica, alguien de la cola
murmura, "Esto no es nada raro, como todo, abren tarde y cierran temprano…"
Al fin abren la óptica, pasan los coleros, entre ellos el Wences que
ataca rápidamente a la misma empleada del día anterior.
En un aparte y en voz convenientemente baja le dice, "Compañera, yo fui
el que vine ayer, ¿te acuerdas?, me regalaron dos cristales +3.50, ¿no
tendrás por ahí una armadura que me puedas vender para montarlos?"
La mujer luego de un brevísimo titubeo, le responde a Wences también en
voz baja, "Vamos a ver lo que puedo hacer", y se marcha al interior del
establecimiento…
Entre tanto otra empleada atiende a los clientes. En la mayoría de los
casos debe decir que no, que aún no están los espejuelos, que no han
"llegado" del taller, que no hay, no, no…, mientras las personas se
quejan o simplemente abren los ojos, hacen muecas y se marchan…
"Psss ven acá un momento", llama la empleada a Wences desde el interior
de la óptica.
"Esta armadura es la única que pude encontrar, creo que le sirven los
cristales", dice por lo bajo.
"¿Cuánto?", pregunta Wences que comienza a ver abrirse los cielos y
mientras observa como la joven con destreza destornilla y monta el
primer cristal…
"50 pesos", responde la empleada
"Vaya, tu sabes de esa mecánica, eres técnica también", le dice admirado
Wences a la empleada.
"Aquí hay que saber de todo un poco, si no te mueres", responde la mujer.
Wences le paga a la empleada los 50 pesos moneda nacional y se marcha de
la óptica.
La felicidad le embarga, aunque no le gustan mucho sus nuevos
espejuelos, el diseño por un lado y la relativa estrechez de la armadura
con respecto al ancho de su rostro por el otro le incomodan, algo le
hace pasar por encima de estas "nimiedades, comienza a ver claramente en
sus pensamientos las letricas, los letreritos…
http://www.bitacoracubana.com/desdecuba/portada2.php?id=5766
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