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Sunday, April 10, 2016

Congresistas cubanoamericanos pierden peso en la Casa Blanca

Congresistas cubanoamericanos pierden peso en la Casa Blanca
PATRICIA MAZZEI
pmazzei@miamiherald.com

El histórico viaje a Cuba el mes pasado del presidente Barack Obama
marcó la culminación de una política exterior que él expuso hace ocho
años durante su candidatura a la presidencia, cuando rompió con sus
predecesores y se comprometió a sentarse a conversar con dictadores poco
amistosos, porque castigarlos con el silencio le parecía "ridículo".

Hizo más que tener un simple encuentro con Raúl Castro. Utilizando el
extenso poder ejecutivo de su cargo sobre los asuntos internacionales,
Obama desmanteló casi por completo la política de la época de la Guerra
Fría de Estados Unidos con respecto a Cuba.

De esta conversación quedaron excluidos todos aquellos que no estuvieran
de acuerdo, incluyendo a los ocho cubanoamericanos –republicanos y
demócratas– en el Congreso, 57 años después de la revolución cubana. La
mitad de ellos –un senador y tres representantes– proceden de Miami, la
nueva ciudad que los exiliados rehicieron a imagen y semejanza de La
Habana del ayer.

Por ocho años, no han tenido voz ni voto en un tema sobre el cual
algunos de ellos construyeron sus carreras políticas. Y ahora enfrentan
la perspectiva de cuatro u ocho años más de lo mismo, con un nuevo
ocupante en la Casa Blanca a partir de enero. Castro ha prometido
retirarse en el 2018.

La vieja guardia política cubanoamericana de Miami se arriesga a perder
toda la influencia que le queda en un momento en que Cuba podría
experimentar sus cambios más profundos.

"De eso no hay duda", dijo Pepe Hernández, presidente de la Fundación
Nacional Cubano Americana, la cual apoya la política hacia Cuba que
Obama develó hace 15 meses. "Como se dice en el dominó, los han sacado
de la mesa, muy sustancialmente, en los últimos años, pero especialmente
desde el 17 de diciembre del 2014.

"Pero, honestamente, no creo que les importe mucho".

No les importa.

"Eso no me ha afectado para nada; me da más tiempo libre en el día",
dijo la representante republicana de Miami Ileana Ros-Lehtinen sobre no
hablar con Obama. "El no tiene importancia alguna para nosotros".

Pero, ¿y el nuevo presidente?

De los cinco candidatos presidenciales que quedan de ambos partidos
políticos, solamente el senador de Texas Ted Cruz, republicano
cubanoamericano cuyo padre es de Matanzas, ha adoptado la posición
tradicional de línea dura con respecto a Cuba y ha prometido revertir la
política de Obama. El gobernador de Ohio John Kasich no ha ido tan
lejos, aunque sí calificó los cambios de política como un "gran error".
El puntero de los aspirantes a la nominación republicana Donald Trump,
aunque critica los términos negociados por la Casa Blanca con Cuba, ha
dicho que el método de Obama está "bien".

Por el otro lado, hay un profundo compromiso con la doctrina de Obama
con relación a Cuba. La demócrata Hillary Clinton vino el año pasado a
la Universidad Internacional de la Florida, cuna del mundo académico
cubanoamericano, para abogar por la eliminación del embargo. Su
oponente, el senador de Vermont Bernie Sanders, quien se presenta a sí
mismo como socialdemócrata, ha visitado a Cuba varias veces. El mes
pasado, de pie en un escenario del Miami Dade College, elogió los
"avances cubanos en la atención médica y la educación.

No obstante, los políticos cubanoamericanos de Miami, sostienen que
ellos –y sus opiniones– sobrevivirán a Obama y a todos sus seguidores.

El Congreso es el único lugar donde los políticos cubanoamericanos
conservan alguna influencia –y el único donde dos piedras angulares de
la legislación en contra de Cuba se mantienen todavía en pie: el embargo
comercial de EEUU que prohíbe el comercio abierto con Cuba, y la Ley de
Ajuste Cubano que permite a los cubanos permanecer legalmente en Estados
Unidos–, dos medidas que Cuba anhela desesperadamente ver derogadas.

Es probable que el próximo presidente no ejerza tanta presión para la
eliminación del embargo como Obama, sugirió Mauricio Claver-Carone,
director del U.S.–Cuba Democracy PAC en Washington y opositor de la
posición de Obama: "No es un tema presente en el legado a su sucesor,
más allá de quién sea su sucesor".

Los representantes han hecho el trabajo de buscar contactos para ganarse
el apoyo del Capitolio a las leyes existentes.

"A diferencia del Presidente", dijo Ros-Lehtinen, "nosotros nos
mantenemos en contacto con los miembros del Congreso".

"Tenemos ahora más apoyo en la Cámara que nunca", añadió el
representante republicano Mario Diaz-Balart, señalando que en junio del
año pasado la Cámara de Representantes votó 247 a 176 en contra de
relajar las restricciones a los viajes a Cuba, y 273 a 153 en contra de
permitir las exportaciones directas a las fuerzas armadas cubanas.

Diaz-Balart se ha cansado de contradecir sugerencias de que sus
constituyentes cubanoamericanos han cambiado de opinión con respecto a
aislar a la isla. El mantiene un documento de Notes en su iPhone donde
guarda titulares periodísticos –que se remontan a 1965– proclamando el
fin inminente de la política de línea dura.

"Al Presidente le quedan siete u ocho meses en la Casa Blanca", dijo
Diaz-Balart. "A él le gustaría creer que todo lo que él ha hecho y todo
lo que está haciendo es permanente, pero en realidad creo que ustedes
van a ver una reversión muy drástica. Aquellos que están prestando
atención, aquellos que tienen contactos entre la oposición, con personas
en la isla, saben que esas medidas son peligrosas, y son desastrosas".

Eso parecía ser un argumento difícil de presentar a los residentes de La
Habana durante la visita de Obama. La inmensa mayoría de ellos dieron
una cálida bienvenida al Presidente y sonaban esperanzados de que sus
vidas cotidianas empobrecidas podrían mejorar con una presencia
estadounidense más fuerte. Cuba ya ha comenzado a hacer algunos cambios,
unos pocos de los cuales fueron hechos antes de la nueva política de
Obama, entre ellos permitir algunos negocios pequeños, ventas de
propiedad y cierto acceso a la internet.

"Cada vez que me encuentro con un amigo cubanoamericano –los que no
están de acuerdo– me dicen: '¿Cómo puedes hacer eso?'", dijo Joe
Arriola, presidente del Fideicomiso de Salud Pública de Miami-Dade que
apoya la política de Obama. "Yo les digo: 'Antes de que digas una
palabra más, súbete a un avión y ven a Cuba conmigo'. Y he tenido éxito
en hacerlos cambiar de idea en todos los casos.

"Esto no se hace por el gobierno. Esto se hace por 11.5 millones de
personas".

Influencia pasada

Tres décadas atrás, la idea de un presidente de EEUU haciendo cualquier
tipo de gesto amistoso hacia Cuba –y de repudiar a los incondicionales
cubanoamericanos de Miami–hubiera sido impensable.

Jorge Mas Canosa, empresario e inmigrante de Santiago de Cuba, creó la
Fundación Nacional Cubano Americana, dando a los exiliados una voz
unificada en Washington. Siguiendo el modelo de la Comisión
Estadounidense de Asuntos Públicos de Israel, la fundación adoptó un
método pragmático: apoyar a los políticos que estén en el lado correcto
del tema de Cuba, más allá de su afiliación partidista.

Mas Canosa contaba con acceso al presidente Ronald Reagan, y el poder de
la Fundación creció a medida que la primera generación de
cubanoamericanos fue adquiriendo preeminencia. En Nueva Jersey, fue un
demócrata, el ahora senador Bob Menéndez (quien fue sucedido en la
Cámara por otro cubanoamericano, el representante Albio Sires). En la
Florida, fueron republicanos. Ros-Lehtinen. Lincoln Diaz-Balart. Mario
Diaz-Balart. Mel Martínez. El senador Marco Rubio. David Rivera. El
representante Carlos Curbelo.

Presidente tras presidente los escucharon, incluso el demócrata Bill
Clinton ("Dios mío, lo creas o no lo creas, el presidente Clinton nos
consultaba", dijo Ros-Lehtinen), aunque sus posiciones preocuparon tanto
a los cubanoamericanos que ellos convirtieron el embargo comercial
–entonces una medida ejecutiva que tenía 32 años– en la Ley de la
Democracia Cubana de 1992 y la Ley Helms-Burton de 1996. Ahora sólo el
Congreso tenía poder para eliminar esas sanciones.

Esa es la última ventaja política que tiene todavía el Congreso sobre la
Casa Blanca con respecto al tema, dijo el ex representante Lincoln
Diaz-Balart, quien estuvo a la cabeza de esos esfuerzos. Las leyes
exigen que Cuba cumpla con ciertas condiciones –la liberación de los
presos políticos, la legalización de los partidos políticos y los
sindicatos independientes, las elecciones libres– antes de que se pueda
levantar el embargo.

Esas condiciones son lo único que impide al gobierno cubano tomar
medidas represivas más duras contra críticos y disidentes, alegó
Diaz-Balart. El gobierno detiene a los disidentes por unas pocas horas
en vez de meterlos en la cárcel indefinidamente para poder afirmar que
no tienen presos políticos, dijo.

"A mí no me importa cuántos empresarios quieran hacer dinero haciendo
negocios con la dictadura", dijo Diaz-Balart. "Los miembros del Congreso
hacen la política, y los miembros del Congreso están ahí para defender
los intereses nacionales de Estados Unidos y del pueblo cubano".

Esos empresarios — todos ellos no electos — son los principales
consejeros de la administración de Obama en el tema. Algunos son
constituyentes republicanos –y patrocinadores financieros– no sólo de
los políticos cubanoamericanos de Miami, sino además de otros
importantes nombres republicanos.

Uno de estos magnates, el multimillonario de la salud radicado en Coral
Gables Mike Fernández, recibió el mes pasado al presidente de la Cámara
Paul Ryan en su mansión de Coral Gables. En el encuentro, reportado
primero por Politico, participó el representante Curbelo, el único
representante republicano local republicano que se ha reunido con la
Casa Blanca para discutir su política sobre Cuba. Curbelo se acercó al
asesor de Seguridad Nacional Ben Rhodes cuando este visitó Miami poco
antes del viaje de Obama.

Aunque él está en contra de las posiciones de Obama y de Fernández con
relación a Cuba, Curbelo, quien pertenece a una generación más joven que
la de sus homólogos de Miami en el Congreso, ha asumido una posición
algo diferente a la de ellos.

"Nadie se quedó con mi casa", dijo. "Mi abuelo fue torturado como preso
político –esa es la razón por la que no voy a ir a Cuba mientras que
Raúl y Fidel estén en el poder– pero no considero que ir sea una
traición. Creo que personas que han vivido en la miseria durante décadas
se aferrarán a cualquier cosa que podría representar un cambio para
mejorar. Por desgracia, eso no significa que vaya a ocurrir".

Su estudiada posición sobre el tema, ahora que él está en un distrito
con mayores tendencias demócratas, se convertirá probablemente en un
tema de campaña para Joe García, uno de dos demócratas que se postularán
en contra de Curbelo en noviembre. García ocupaba ese escaño congresual
antes de que Curbelo lo derrocara en el 2014, y él es el ex director
ejecutivo de la Fundación Nacional Cubano Americana que hizo cambiar la
organización de contraria a las relaciones con Cuba a partidaria de las
mismas.

"Yo soy tan responsable como cualquier otro por la política establecida
en estos momentos", admitió García, recordando su apoyo anterior a la
línea dura. "Pero también soy pragmático".

El culpó de la división de la Fundación, la cual ocurrió después de la
muerte de Mas Canosa en 1997, al haber perdido de vista la posición no
partidista inicial del grupo, la cual a su vez disminuyó la influencia
de los republicanos cubanoamericanos, dijo.

"Lo cierto es que ellos empujaron este tema, lo empujaron muy duro, pero
acabaron aislándose del debate más generalizado sobre la política hacia
Cuba porque se convirtieron en una ortodoxia tal que era imposible
decirles: '¿Qué tal si hacemos esto? ¿Qué tal si probamos esto otro?' ",
dijo García. "Ellos se convirtieron en una herramienta del Partido
Republicano, en vez de una herramienta para la promoción del cambio en
Cuba".

Y ellos dependían de los exiliados cubanos de más edad –conocidos en la
política local como "los viejitos"– quienes reaccionan con respecto al
tema de un modo puramente emotivo, de acuerdo con Fernández, el
ejecutivo de la salud de Coral Gables.

"Dos o tres miembros del Congreso pueden secuestrar una agenda
nacional", se quejó. "Dos o tres miembros del Congreso que se aseguran
de ser electos por medio de recordar a las personas de la edad de mis
padres los días más tristes –y los peores– de sus vidas".

Los republicanos afirman que eso es un disparate, y señalan a sus
colegas Menéndez y Sires, y a otros demócratas, como la representante de
Weston, Debbie Wasserman Schultz, presidenta de la Comisión Nacional
Demócrata, quienes han asumido un tono cauteloso con respecto a la
política de Obama hacia Cuba.

"Si de verdad quieren saber cuál es la posición de la comunidad cubana,
miren a las personas que ellos han electo", dijo Frank Calzón, el primer
director de la Fundación Nacional Cubano Americana, quien dirige ahora
el Center for a Free Cuba (Centro para una Cuba Libre).

"En cuanto a los miembros del Congreso que fueron dejados de lado por la
Administración, sus constituyentes no van a darles la espalda por hacer
valientemente lo que ellos consideran que es lo correcto".

Source: Congresistas cubanoamericanos pierden peso en la Casa Blanca |
El Nuevo Herald -
http://www.elnuevoherald.com/noticias/sur-de-la-florida/article70983562.html

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