Luis Alemany | Madrid
Actualizado martes 11/05/2010 18:17 horas
¿Almodóvar, comprometido por la democracia en Cuba? Pues sí, claro. La
plataforma española que mañana presentará un manifiesto en contra de la
dictadura castrista, con una notable población de intelectuales en sus
listas, deshace uno de los tópicos político/culturales más extendidos
del momento: ése que dice que casi todos los artistas y escritores de
Europa (y, especialmente, de España) tienen una actitud acrítica hacia
el Gobierno cubano (y, en cambio, no dejan de acosar a las democracias
occidentales).
Nada más falso. En realidad, la relación del castrismo con la cultura
europea es la de un desencanto que no ha dejado de crecer durante tres
décadas. Sí, puede que voces como la de Willy Toledo amaguen con
relativizar los problemas de la isla de vez en cuando. Pero sólo son
excepciones, que como tales, adquieren más repercusión de la relevancia
que realmente tienen.
"Es que ya no hay espacio para mantener esa fantasía", explica el
escritor hispano cubano Iván de la Nuez. Y por 'fantasía' De la Nuez
quiere decir la imagen romántica e utópica de la Revolución Cubana. "En
realidad, eso de Revolución es un recurso retórico. En Cuba no hay
ninguna revolución, al menos, desde hace 30 años. Desde la izquierda,
especialmente, tenemos que exigir cambios, porque de lo contrario,
estamos hipotecados".
Los intelectuales europeos iban a Cuba a salvar sus almas, según
Iván de la Nuez. ¿Y los cubanos? Eso importaba menos.
De la Nuez es el autor de 'Fantasía roja' (Debate), una de las obras de
referencia a la hora de contar ese encanto/desencanto de la cultura
occidental por el castrismo. Su libro parte de las aventuras de Graham
Greene en La Habana de Batista y termina en el 'dolce far niente' cubano
de Wim Wenders. Y hace una parada especial en el caso de Jean-Paul
Sartre, el caso más 'ejemplar' de pensador europeo subyugado por Fidel
Castro y el Che Guevara.
¿Y por qué ese encantamiento? La teoría de De la Nuez es, más o menos,
que esos intelectuales europeos acudían (acuden) a Cuba a salvar sus
almas. "A proyectar en la isla las revoluciones que no pudieron hacer en
Europa, a dar continuidad a la República Española, a cumplir su fantasía
utópica en una isla distante", explica el autor. ¿Y los cubanos, su
realidad, sus problemas diarios? Eso no importa mucho.
Sin embargo, ese encantamiento es sólo una parte de la historia en la
relación castrismo-intelectualidad. Porque cada generación ha tenido un
episodio traumático que ha desgajado a buena parte de los antiguos
enamorados del castrismo. Y cada vez, más. Puede que el caso Heberto
Padilla provocara un cisma (sólo un cisma) entre los escritores del
Boom. Sus réplicas, los casos Reynaldo Arenas y Raúl Rivero, causaron un
rechazo mucho más unánime. Ahora, la lucha de Orlando Zapata y Guillermo
Fariña tiene un valor simbólico insólito.
"Primero porque no son intelectuales. Segundo, porque son gente humilde.
Tercero, porque son negros. Y cuarto, porque están dispuestos a morir",
explica Iván de la Nuez. "A mí, personalmente, como cubano, me molestan
los intelectuales europeos que mantienen esa idea romántica de Cuba.
Para empezar, porque no le hacen ningún bien a la izquierda. Claro que
para ellos todos somos reaccionarios".
http://www.elmundo.es/elmundo/2010/05/11/cultura/1273586647.html
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