2007-05-18.
Hugo Araña, Bibliotecario y Periodista Independiente, Corresponsal en la
isla de Misceláneas de Cuba
Esta es quizás la más señalada. La que más matices la caracteriza.
Surgió cuando el régimen abrió sus puertas a corporaciones hoteleras
extranjeras, el filón del aprovechamiento brotó.
Pero no se mire como si los cubanos, los necesitados por supuesto,
fueran unos delincuentes. Las necesidades que se pasaron y se pasan, más
o menos son las mismas.
Apuntamos "necesidades", que caen inevitablemente en mejorar los estatus
de vida, como resultado que, desde 1959, al pueblo se le ha pedido
sacrificios y sacrificios, pero a la vez, ese mismo estatus se ha hecho
casi agobiante, cuando alrededor de los necesitados, observan que los
que suben en cargos gubernamentales, ostentan otro nivel.
Y como quiera que sea, a todos nos gusta mejorar, aunque sea en lo menos
legal. Por lo tanto las ilegalidades ya yacen en esta clase social, son
un producto de una causa arrastrada durante años (aunque no es
justificable) y que por vías legales el mismo estado en cierta forma se
ha hecho sordo ante los reclamos en sentido general.
Pues bien, y sin hacer una historia, surgen los nuevo hoteles. Los que
ya se encontraban en la isla, son regenteados también por foráneos que
acometen reformas en ellos, sin alterar aquellos que poseen
construcciones conocidas.
Y, a la vez, se crea la Escuela de Hotelería, donde muchos, quizás
adivinando entre otros aspectos, el filón que tendrían: los puestos de
camareras, dependientes, barmans, recepcionistas, jardineros,
piscineros, entre otros, comenzaron a ser codiciados por los incipientes
alumnos.
Los centros de enseñanzas más señalados, se fundan en el balneario de
Varadero y en La Habana.
Y el cubano, que siempre trata de resolver (palabra que en Cuba tiene
una connotación a escala ascendente), en estos nuevos puestos ven la
posibilidad de tener lo que nunca habían tenido. Como sucedió. Sueños y
realidades tuvieron y tienen en la actualidad, convergencias. Desde
entonces ha sucedido, con una magnitud en los hechos que todos conocen.
Hechos que las propias autoridades reconocen, y aunque tratan de ponerle
coto a estos actos delictivos en estas instalaciones, el llamado relajo
cubano continúa campeando por su respeto. Para entonces y hasta nuestros
días, las entradas y salidas de empleados, estarían y permanecen
controladas por los llamados custodios.
Sin embargo, estos fueron los primeros que se sumaron al contrabando de
las salidas de mercancías. El jamón, las carnes, los mariscos, donde los
camarones y las langostas ocupan un lugar especial, como los quesos
desconocidos de la población, salían y salen de los hoteles en Cuba, en
formas que darían para que un director de filmes tendría argumentos para
un buen guión cinematográfico.
Hay dependientes, "los más actos para este tipo de trabajo", cuando
abandonan este tipo de trabajo, tal parece que han engordado
ostensiblemente en las diez horas de sus turnos. Otros, se enroscan los
bosteces en los tobillos, otros en los muslos. No se crean, las féminas
utilizan ajustadores con tres tallas mayores que sus senos. O, si no,
como están obligadas a usar sayas, pues los muslos les engordan de
manera sorprendente, como si fueran practicantes de la halterofilia.
Los ejemplos para sacar comestibles de estos centros hoteleros, se
harían interminables, que causaría asombro.
Pero por otra parte, no se crea que estas acciones solo la realizan los
empleados mencionados anteriormente. Tambien los gerentes caen en ellas.
Claro, por el alto cargo que ocupan, no son controlados. Están exentos
de ellos.
Muchos creerán que los primeros lo hacen para mitigar las carencias
alimenticias de sus hogares. Hasta cierto punto sucede. Solo que no todo
es así. Los productos conseguidos en esa forma, los revenden en moneda
convertible en sus vecindarios, o en lugares distantes por temor a verse
descubiertos, y ser expulsados como ha ocurrido muchas veces.
La magnitud de este tipo de negocios, ha posibilitado a estos empleados
del sector turístico si no trasformar totalmente sus hogares, al menos
las reparaciones colindan bastante cerca.
Los hay que han construido nuevas casas, muchas hasta de dos y tres
pisos, solo que el piso áas alto no se ve desde la calle. Con baños
pasillos, cuartos hasta para estudios, pisos azulejados, lámparas lo
mismo Art decó que con estilos futuristas. No mire las cocinas y
comedores. Por momentos nos trae a la mente aquellos de nuestra
burguesía de los cicuenta, que hicieron una maravilla para permanecer en
ellas, sin que fuera una salación, como ocurre con la mayoría de las
cubanas, cuando frente al fogón piensan y repiensan que van a cocinar.
Además, encierran sus construcciones en cercas de canto o de peerles muy
tupidas, para que nadie pueda meter sus ojos allí. Al parecer temen, o
presentas signos de enclaustramientos medievales pero muy a lo siglo XXI.
Pero ahí no acaba todo, la cosa sigue. El nouveau cachet hay que
llevarlos hasta las últimas consecuencias. ¡El carro!, que lo consiguen
sabe Dios por extraños recovecos, cuando en Cuba no está permitida la
venta de ellos, a no ser si usted es dirigente, o se lo ganó cuando dejó
sudores y parte de su vida en un trabajo excepcional.
Claro, para tapar su forma de vida, para aparentar que apoyan al
régimen, en cuanta marcha, tribuna abierta, mítines por lo que sea, son
los primeros que aparecen, enarbolando banderitas cubanas, y gritando
hasta quedarse sin voces. No es para menos. Defienden a un sistema del
cual le están extrayendo lo que necesitan. Y no son pocos los que
pertenecen a la Unión de Jóvenes Comunistas, o al núcleo del Partido
Comunista, que es en sí, como si hubieran adquirido una patente de corzo.
Muchos critican a esta nueva clase social, y sin defenderlos ni
acusarlos, volvemos a repetir: todo esto es un producto y no una causa.
Lo que sí en la población de a pié, que no puede disfrutar de esos
recursos, que trabaja ocho y diez horas por salarios que no alcanzan, el
disgusto viene y se mantiene, cuando los señalados anteriormente, han
comenzado a mirar por arriba del hombro a lo que no tiene esas
posibilidades.
Ese es a nuestro criterio, donde radica el meollo de la situación. Se
creen superiores, no saludan ni a sus vecinos que hasta ayer
compartieron un plato de comida, principalmente en los noventa, cuando
el Periodo Especial, obligó a la creación de las ollas populares que
alumbraban a nuestras calles como si fuera una fiesta, o sí, una fiesta:
la del hambre.
Esto es de conocimiento de la población. Y las mismas autoridades, pese
al esfuerzo que realizan estas últimas para erradicar el contrabando
hotelero que, en vez de disminuir, sucede lo contrario. Porque como
decimos en buen cubano, "la escalera" alcanzó ya a la losería, aparato
de aire acondicionado, cemento de alta calidad, adornos caseros,
manteles, servilletas, copas, vasos, vinagreras, cubiertos de optima
calidad. !Hasta alfombras para el baño!
Los más pesimistas opinan que esto no hay quien lo detenga. Los
optimitas, que no son muchos, dicen que las autoridades están esperando,
con una paciencia más que asiática, para dar el golpe. Mientras, si
usted posee el dinero suficiente y quiere aunque sea un día deleitarse
con manjares que por regla general no están al alcance de la población,
acérquese a los trabajadores del sector turístico, y encontrará
productos que ni en los mismo supermercados estatales, los únicos que
están autorizados en la isla, pueden hallarlos.
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=10164
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