Primeras elecciones libres para Cuba, un proyecto de supervivencia
Armando Añel
Se sabe que el sistema electoral castrista, vigente en Cuba en 2014, es
cualquier cosa menos electoral. Por eso la única forma de empoderar a la
ciudadanía cubana ahora mismo, aprovechando la coyuntura de la llamada
reforma migratoria aprobada por Raúl Castro en 2012, pasa por comenzar a
estructurar un sistema de votación para elecciones libres fuera de la
Isla en el que puedan participar tanto los ciudadanos que viven dentro
como los radicados en el exterior, previa postulación de candidatos de
ambas orillas. Es vital para la supervivencia de la nación cubana, si
así puede llamársele, e incluso para el futuro de toda América Latina.
Las condiciones objetivas
Cabe volver sobre unas declaraciones de Ricardo Alarcón en torno a la
postulación de candidatos dentro de Cuba, concedidas a la agencia EFE en
2005, para que la opinión internacional entienda bien por qué no tenemos
más alternativa que llamar a unas elecciones cubanas fuera de la Isla.
En 2005, el entonces presidente de la Asamblea Nacional aseguró que en
Cuba podrían postularse a las elecciones municipales aquellos opositores
que no estuvieran tras las rejas, incapacitados mentalmente o en
libertad condicional con "licencia extrapenal". Pero para hacer buenas
las declaraciones de Alarcón dicha Asamblea Nacional tendría que haber
abordado, en primer término, el problema de la seguridad de los
candidatos independientes y sus familiares, asunto espinoso donde los
haya. Es notorio que los disidentes cubanos, bajo el fuego cruzado de la
marginación social y el terrorismo de Estado, perviven sistemáticamente
hostigados por organizaciones paramilitares de muy variado pelaje y, en
general, por sectores extremistas que, aunque minoritarios, son
respaldados y hasta azuzados por el sistema judicial vigente, bajo
cuerda de la policía política. He ahí el problema, porque garantizar la
seguridad del disidente en tanto contendiente y/o emisor de programas
electorales significaría el principio del fin del totalitarismo, toda
vez que la medida provocaría una avalancha de candidaturas no oficiales.
Y eso Raúl Castro y sus mafiosos nunca lo permitirían.
Por otra parte, parece complicado convencer a la población cubana de que
puede elegir –siquiera escuchar— públicamente, dentro de Cuba, a
candidatos opositores. ¿Cómo persuadir a una sociedad secuestrada por el
Estado, democráticamente analfabeta e íntimamente convencida de la
omnipresencia oficialista, a votar de verdad, efectivamente, sin temor a
encerronas o represalias? ¿Cómo transmitirle al ciudadano de a pie que
está en el derecho, durante una "reunión de vecinos", de tomar asiento
frente a un disidente y escucharlo, y levantar la mano, y tomar la
palabra sin que necesariamente sea para calumniarlo y cubrirse las
espaldas, porque la diversidad ha sido legalizada? Habría que instigar,
desde la reestructuración de las instituciones y las leyes, un
reordenamiento cívico que posibilitara la libre emisión del pensamiento,
contexto irreal mientras perdure la actual superestructura represiva.
Asimismo, en el hipotético caso de que los candidatos opositores
pudieran entrar en campaña, interactuar con sus potenciales votantes y
ser votados por estos, el inventario final debería tener lugar en
presencia de observadores internacionales y de la propia disidencia
interna (previo conocimiento de la población), lo cual jamás aceptaría
el castrismo. Ahora mismo, el sistema deja en manos del oficialismo el
recuento de los votos, que es como confiar al gato la custodia del ruiseñor.
No obstante, llegados a este punto habría que ajustar numerosas tuercas.
Por ejemplo, la concesión de Alarcón –concesión de palabra y
subrepticia, nunca de hecho— habría carecido de contenido práctico
porque, entre otras razones, los delegados municipales serían y son
purgados en los niveles intermedios, en función de sus fidelidades y/o
afinidades ideológicas. Recuérdese que cuando la dirigencia cubana habla
de "elecciones" se refiere al proceso mediante el cual, después de
competir consigo mismo, el castrismo intenta justificar su sistema de
partido único ante la opinión pública. Solo eso.
Resumiendo
Conseguir que la nación pueda elegir directamente a quienes
eventualmente presidirían el país –de manera que a continuación sean
removidos de sus cargos, mediante el voto ciudadano, aquellos que
durante décadas han demostrado su incapacidad para favorecer un régimen
de libertades civiles y desarrollo económico–, ahorrándole a la
población circunvalaciones electorales desde todo punto de vista
innecesarias, en las actuales circunstancias debería constituir la
prioridad de todo legítimo activista, incluso reformista. Es lo que
debemos comenzar a hacer en el exilio. Organizar elecciones libres para
todo cubano que quiera votar… fuera de Cuba.
Una vez alcanzado este supraobjetivo, a los herederos del castrismo no
les quedaría más remedio que tenernos en cuenta. Recuérdese que los
cubanos en el exterior, los exiliados o como se les quiera llamar,
tenemos el derecho y el dinero, mientras los castristas en Cuba,
esbirros-mendigos, solo conservan –artificialmente, es decir, a la
fuerza– el territorio.
Los interesados en apoyar este esfuerzo con el objetivo de celebrar las
primeras elecciones libres entre cubanos en los últimos 60 años, pueden
escribir a este email: eleccionesdecuba@gmail.com
Source: Primeras elecciones libres para Cuba, un proyecto de
supervivencia - Neo Club Press Miami FL | Neo Club Press Miami FL -
http://neoclubpress.com/primeras-elecciones-libres-para-cuba-un-proyecto-de-supervivencia-082033299.html
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