Pages

Monday, August 25, 2014

'Frutas del Caney' y The Reconciliation Project

'Frutas del Caney' y The Reconciliation Project
JOSÉ PRATS SARIOL | Miami | 25 Ago 2014 - 9:25 am.

Los que ahora se disfrazan de 'reconciliadores' y favorecen eventos en
Miami para un 'cambio', defienden sus privilegios y procuran que no se
exija justicia.

Félix B. Caignet —el genio hispano de las radionovelas y apasionado
compositor musical— no tendría que "reconciliar" nada. Estaría feliz. Su
célebre pregón tiene en Miami frutas cuyas semillas provienen de El
Caney. Así me lo comenta Ramón, digno santiaguero que cumple treinta
años en Hialeah, mientras observa mi embarro con uno de sus pulposos
mangos bizcochuelos.

Marañones y mamoncillos también enriquecen su patio, mientras en la
segunda ciudad de Cuba, tras medio siglo y casi un lustro de revolución,
siempre te brindan o venden mameyes o mangos —se encuentran hasta los
llamados Toledo— bajo el mismo comercial: "Las semillas son de allá".

Un "allá" que sabe a aquí, que nos cubre sin fronteras. Donde la
prosperidad demográfica y económica arrasa cualquier intento de negar el
hecho —su historia va de lo trágico a lo dramático— de que el único
logro imperecedero de la revolución ha sido el exilio. De ahí que los
temas de reconciliación y cambio pasen, en efecto, por la importancia de
la dignidad. La nuestra, la de los obligados a abandonar el país; aunque
algunas voces —¿del Cuba Study Group?— vean oasis éticos dentro del
conservadorismo oficial, fenómeno que muchos analistas califican —cuando
menos— de ingenuo.

La irreversibilidad de nuestra emigración —evidencia tangible, no
opinión o punto de vista— también implica nuevas nociones de patria,
país, cultura, nación... La "cubanidad" —además de la poderosa
influencia de la globalización— hoy está lejos, no solo de folclorismos
y "color local", sino de antiguos bordes geográficos.

El sur de la Florida, donde habitan 9 de cada 10 cubanos exiliados,
recuerda un chiste —bastante sangrón— donde el rey español le daba las
gracias al tiranosaurio por haber recuperado la Florida para el imperio
hispano, tras aquel canje con los ingleses en julio de 1763.

Por lo pronto, El derecho de nacer en Cuba se ha desplazado al mundo.
Tres generaciones de emigrados y sus descendientes tienen los mismos
derechos —y en poco tiempo los ejercerán a plenitud— que cualquier
cubano que no haya salido ni al portal de su casa. Así lo establece la
legislación internacional, como ocurrió con los cubanos descendientes de
españoles.

Instrumentar nuestros derechos tiene un sencillo marco jurídico, según
establecerá la nueva Constitución. Y un digno propósito de conjurar los
restos del castrismo, que incluye el demagogo uso de la
"reconciliación"; cuando lo cierto es que solo las efectivas
perversidades del sistema y su propaganda formaron enemigos, adversarios
fanatizados. Los que ahora se disfrazan de "reconciliadores" y favorecen
eventos en Miami, para un "cambio" donde no desaparezcan sus privilegios
ni se exija justicia.

Se concilia o reconcilia cuando hay discordia, enemistad, odio,
rencor... ¿Pero cuál suceso en Cuba o en Miami es ajeno a la mayoría de
nosotros, incluyendo nombres de accidentados y casos de epidemias,
ciclones y corrupciones, truenes y obituarios? ¿O hay que repetir las
cifras anuales de remesas, gastos de viaje en los dos sentidos,
inversiones, medicinas, llamadas y hasta papel sanitario?

¿No se tratará de "reconciliadores" con la dictadura?

La paradoja —la adicción de la Historia a las paradojas— muestra que
sería suicida que algún político cubano, cubanoamericano o puro yanqui,
ignore lo que ya no es "comunidad cubana en el exterior" sino parte del
complejo fenómeno postcastrista con sus "nacionales". De ahí el carácter
"doméstico" de cualquier ley sobre Cuba en Washington. Y viceversa.
Ningún gobernador, alcalde, representante o senador de la Florida o del
futuro Bayamo o Cárdenas, pensaría que es de la agenda internacional,
aunque sus informes —saludablemente— serán diversos, democráticamente
polémicos, con la dignidad de respetar lo diferente.

El mismo suicidio atañe a juristas, sociólogos, historiadores,
intelectuales que pretendan argüir sobre la realidad cubana en 2014
saltándose o minimizando los derechos de la emigración con letreritos:
"The Reconciliation Project". Un más certero letrero —"Se hacen
dobladillos"— está en una vidriera de la calle 8, cerca del restaurante
Versailles; pero podría estar en la calle Martí o Maceo de cualquier
pueblo. La vulgaridad de un programa de cubanos en un canal hispano de
Miami se critica lo mismo en Kendall que en Santos Suárez. Entre las
faltas de ética no hay 90 millas, apenas unas pulgadas separan a un
pícaro de otro.

Me contaban que en 1958 había 24 vuelos diarios a Miami desde Cuba. Tras
el fin del castrismo y del embargo será como el puente aéreo
Madrid-Barcelona, con un torniquete tipo metro al subir. Quizás entonces
la Isla produzca más frutas que la Florida, incluyendo las del
santiaguero Félix B. Caignet. Serán tan dignas, conciliables y sabrosas
como los mangos del guajiro Ramón de Hialeah.

Source: 'Frutas del Caney' y The Reconciliation Project | Diario de Cuba
- http://www.diariodecuba.com/cuba/1408741313_10087.html

No comments: