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Saturday, August 24, 2013

Aquellos manuales de marxismo

Aquellos manuales de marxismo
Luis Cino Álvarez
24 de agosto de 2013

La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com – Recuerdo la vez, a inicios de la
pasada década, que Fidel Castro recriminó con acritud a los diputados de
la Asamblea Nacional del Poder Popular que no supieron responderle qué
era el Programa de Gotha.

¡Exigente que se ponía el Comandante! Era pedir demasiado a los afinados
parlamentarios de la unanimidad eterna. No que hubieran leído el libro,
sino que supieran siquiera qué fue el Programa de Gotha. ¡Si hubo
diputados que pensaron que el Comandante se refería a algún show de la
TV de Miami!

El Comandante, luego del regaño y de exhortar a sus parlamentarios a
leer más, les explicó qué era, pero lo más probable es que tampoco él lo
haya leído. Si no lo hizo en su celda del Presidio Modelo, no debe haber
tenido tiempo para leerlo después. Y ni hablar de los dos tomos de Das
Kapital. Pero ni falta que le hizo, porque tenía los manuales.

La manía de los manuales se inició con la Alfabetización. Pero una cosa
era enseñar a leer y escribir la "f" de Fidel y la "r" de revolución a
campesinos analfabetos, y otra bien distinta aprender el catecismo
marxista-leninista.

En las universidades y en las escuelas de cuadros del Partido Único se
estudiaba marxismo sin necesidad de leer a Marx y Engels. Los autores de
los manuales ya los habían estudiado e interpretado; su pensamiento lo
habían simplificado, hecho papilla, comprimido en un esquema fácil de
memorizar para revolucionarios que estaban demasiado ocupados en
construir el socialismo y no podían dedicar mucho tiempo a teorizaciones.

Los estudiosos más exigentes podían leer de Lenin, El Estado y la
Revolución. Era más que suficiente. Luego, el Manual de Economía
Política de Nikitin lo colocaban bien visible en su anaquel de libros de
la sala o la oficina, bajo la enorme foto del Máximo Líder. Eso bastaba
para proclamarse marxista-leninistas.

La mayoría de los manuales fueron escritos en la Unión Soviética de
Stalin. Traducidos del ruso, resultaron idóneos para la imposición del
dogmatismo estalinista en Cuba.

"Marxismo de los miedos" lo denominó Alfredo Guevara, rara avis entre la
inteligentsia castrista. Confesó que le repugnaba que la revolución,
"como en una nueva iglesia, forjara animales domesticados". Fue en
diciembre de 1963, durante una polémica cultural con Blas Roca. Un
pequeño fragmento de la polémica se publicó entonces en el periódico
Hoy. La respuesta completa del zar del ICAIC permaneció 43 años a la
sombra hasta que Graziella Pogolotti la incluyó en su libro Polémicas
culturales de los 60 (Letras Cubanas, 2006).

Cualquier cubano no se atrevía a desafiar los dogmas del catecismo
marxista. Había que llamarse Alfredo Guevara y ser amigo de Fidel Castro
desde que ambos tenían 19 años.

A propósito de Fidel Castro, el Comandante, que advertía que el marxismo
no era un catecismo, alguna vez tuvo su pataleta anti-marxista. Para
algo era El Jefe.

El 13 de marzo de 1962, durante un mitin en la escalinata de la
Universidad de La Habana, el Máximo Líder saltó de su asiento en la
tribuna cuando el capitán Fernando Ravelo, al leer el testamento
político de José Antonio Echevarria, omitió el ruego por "el favor de
Dios". Ravelo, un líder juvenil de las Organizaciones Revolucionarias
Integradas (ORI), cedió gustoso al influjo de los comunistas ateos del
Partido Socialista Popular (PSP) para eliminar la referencia divina. No
imaginó que iba a provocar la cólera del Comandante, que tronó por los
micrófonos:

"¿Cómo este acto cobarde puede ser llamado la concepción dialéctica de
la historia? ¿Cómo esta manera de pensar puede llamarse marxista? ¿Cómo
esta clase de fraude puede llamarse socialismo? ¡Que miopía, sectarismo,
estupidez y sentido retorcido! ¿Qué están queriendo hacer con esta
revolución? ¿Transformarla en una yunta de bueyes o en una escuela de
títeres?"

Poco después, desencadenó la purga contra el sectarismo. El Comandante
se las arreglaba de maravillas para adaptar el marxismo a sus conveniencias.

El marxismo aprendido de carretilla y sin vocación, según los chapuceros
manuales soviéticos de la era estalinista, complementado por Lenin, Che
Guevara, el libraco de Economía Política de Nikitin y los caprichos del
Comandante, aportó bien poco.

En los círculos académicos cubanos, hoy todos hablan pestes, y con
razón, de aquellos manuales que les explicaban dogmáticos profesores
formados en la Europa del Este del socialismo real. Abjuran de la visión
simplista, anti-dialéctica, sectaria y nada ecuménica de la economía y
el meta-relato útil al Poder que denominaron historia

No es para menos el desencanto. Haber aprendido marxismo por aquellos
manuales es como conocer la Quinta Sinfonía de Beethoven a través de
Walter Murphy o leer una novela de William Faulkner en Selecciones del
Reader's Digest. Y bastante peor que ver Citizen Kane en un cine de
barrio, con chinches y peste a orines, y gente que grita a voz en
cuello, cada vez que se parte la cinta: ¡Cojo, suelta la botella!

luicino2012@gmail.com
Primavera Digital

Source: "PayoLibre.com - Cuba -" -
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