16-08-2010.
Lic. Ernesto Antonio Vera Rodríguez
Abogado y Bibliotecario independiente Miembro de la Corriente
Agramontista de Abogados Independientes de Cuba
(www.miscelaneasdecuba.net).- Cuba es un país que no logra desprenderse
de su pasado aunque a veces se realicen verdaderas campañas para
lograrlo. Ha ocurrido con nuestras más genuinas tradiciones, por
ejemplo, la celebración de la navidad. Durante décadas la dictadura
castrista se empeñó en borrar estos festejos, además de realizar
múltiples cambios de fechas y de nombres alegóricos.
Han intentado alejarnos de nuestros artistas más emblemáticos, Celia
Cruz, Gloria Estefan y Willy Chirino, lo mismo ocurrió con muchos otros
artistas que marcharon al exilio. Sin embargo en cada fiesta, cada
bautizo, puede escuchar usted a "La negra tiene tumbao", y "Nuestro día
ya viene llegando".
Se trató de silenciar durante décadas a notables intelectuales, como
Dulce María Loynaz, Lezama Lima y Carilda Oliver Labra, pero el tiempo
supo ponerlos en su justo lugar.
Pero existen también rezagos de un pasado y costumbres antiquísimas que
el régimen sí se ha empeñado en mantener. Este es el caso por ejemplo de
la patente de corso.
La patente de corso era un documento entregado por los monarcas de las
naciones o los alcaldes, mediante el cual su propietario tenía el
permiso de la autoridad para atacar barcos y poblaciones de naciones
enemigas.
Las patentes fueron muy utilizadas en la Edad Media y en la Edad
Moderna, por países como España, Francia e Inglaterra. Hoy en Cuba, la
patente de corso está presente en la lucha política que libra la
oposición en Cuba. Por todos es conocido que el régimen cubano orquesta
turbas de bandidos que acosa, amenaza y golpea a mansalva a todos
aquellos que disienten en una sociedad donde todo pretende controlarse.
Estas bandas al puro estilo fascista, funcionan de una manera muy
organizada, y tienen la autorización de agredir, humillar y hasta
lesionar a todo aquel que alce su voz contra la dictadura o realice
cualquier otro acto pacífico que realicen los defensores de los derechos
humanos en Cuba.
También estos corsarios de la nueva era, cumplen sus funciones en las
prisiones cubanas, donde torturan y dan palizas a los presos políticos,
sin que sean castigados por ello, todo lo contrario, son premiados por
la Policía Política.
Pero no solo la patente de corso es otorgada a bandidos, sino a
profesionales de cuello y corbata, que laboran en cualquier Entidad
estatal, los encontramos desde una simple oficinista hasta el Rector de
una Universidad.
No han sido pocos los casos de opositores pacíficos que han sido
expulsados de sus centros de trabajo y a los cuales se le han imputado
falsos cargos.
Estos funcionarios no entienden de leyes cuando tienen la autorización
del monarca y de nada valdrán las apelaciones y quejas que el trabajador
establezca ante las diferentes instancias gubernamentales: es una sola
voz la que se escucha y ya todo el futuro o desenlace del caso está
prefabricado. Así que en estos casos el futuro puede verse como en una
bola de cristal.
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=29408
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