Jueves 05 de Agosto de 2010 23:38 Reinaldo Escobar, La Habana
Siempre que se analiza la discrepancia entre hermanos surge la tentación
de las comparaciones con sus referentes literarios, míticos o
históricos: Príncipe y mendigo, Los hermanos Karamazov, Hades y Zeus;
pero la más recurrente es la bíblica: Abel y Caín.
Si la divergencia entre Fidel Castro y su hermano Raúl es una realidad,
una leyenda o un performance inventado por ellos mismos, sólo se sabrá
el día que se desempolven los archivos para desclasificar los secretos
del proceso, o cuando alguno de los dos decida aclararlo.
Hasta el momento solo se puede contar con la especulación de los
especialistas, los rumores de los allegados y la evidencia de que se
trata de dos individuos diferentes, cada uno con su personalidad y
biografía propia.
Desde los primeros días de la revolución, Fidel aclaró que su relevo era
Raúl. Lo confirmó en su discurso de clausura del V Congreso del PCC,
cuando felicitó a los delegados por haber reelegido como segundo
secretario a su hermano y el 31 de julio de 2006, cuando delegó en Raúl
sus responsabilidades. Por su parte, Raúl Castro ha sido más enfático.
Posiblemente no sea posible encontrar un discurso suyo donde no cite o
mencione a Fidel, bien para respaldar sus propios planteamientos o para
indicar dónde está la verdad y la luz.
El renombrado pragmatismo de Raúl no es otra cosa que el humilde
reconocimiento de que el delirio es monopolio de Fidel. Su tendencia a
mostrarse como más terrenal y preocupado por el día a día, sólo obedece
al deseo de cederle a su hermano la parte de la utopía en el intangible
porvenir. Cuando tomó posesión de su cargo como Presidente de los
Consejos de Estado y de Ministros, sorprendió a todos al someter a
votación del parlamento la propuesta de que los más importantes asuntos
económicos, políticos y de relaciones internacionales le serían
consultados a Fidel. ¿Acaso no pudo ahorrarse semejante ancla?
En sentido contrario no faltan las señales. No hubo hijos de Fidel
Castro en los funerales de Vilma Espín. Desde que se alejó de sus
cargos, Fidel Castro no ha hecho ni un solo comentario elogioso para
respaldar la gestión de su hermano, y ahora reaparece en una aparente
competencia de protagonismo. Fue Raúl quien liberó a los prisioneros que
eran rehenes de Fidel. Pero nadie puede sustantivar con certeza cuál es
el meollo de las supuestas diferencias.
Según los teólogos, Abel ofreció a Dios una saludable y apetitosa oveja,
mientras que Caín sólo llevó unas magras viandas. Se añade que la mayor
gratitud mostrada por el Señor hacia Abel se debió a la buena fe con que
éste hizo su ofrenda. Dicho reconocimiento fue lo que provocó la envidia
y la ira homicida de Caín.
Por el camino de las comparaciones con el bíblico referente, no
encontraremos el motivo de la desavenencia. No hay notables diferencias
en la calidad de los ofrecimientos, ni en el grado de fe con que los
hermanos Castro hacen sus ofrendas al pueblo; parece evidente, pues, que
no hay dos Abeles en esta Isla tan lejos del paraíso.
http://www.diariodecuba.net/opinion/58-opinion/2720-cain-y-cain.html
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