Aleaga Pesant
LA HABANA, Cuba, septiembre (www.cubanet.org) - No estuve en Woodstock
ese año, sino en el batey del central Francisco, varios kilómetros al
norte del puerto de Guayabal. Las vacaciones de verano en 1969
terminaron a las cuatro de la mañana de un día de agosto, cuando me
levantaron para tomar el tren lechero que enlazaba a Camagüey con
Manzanillo.
El convoy pasaba por el central a 20 kilómetros. Lo abordamos a las seis
de la mañana, y nos acomodaron en un asiento de madera. El coche estaba
limpio. Era muy viejo, pero a la vez confortable. Los pasajeros eran
residentes de aquella región. Sus destinos: las comunidades agrícolas
asentadas a orillas del ferrocarril, en cada una de las cuales se
detenía la caravana.
El tren lechero no era un tren cargado de leche, como veía en mi
fantasía. Paraba en medio de la manigua para recoger leche fresca y
depositarla en un lugar que no identifiqué. La leche la recogían en
grandes tinas de aluminio de cinco galones, con una tapa que cerraba
herméticamente, que llamaban "lecheras". Vi lecheras más pequeñas en las
mañanas del batey; los campesinos las llevaban a sus clientes,
enganchadas de las monturas de sus caballos.
El tren llegó justo al mediodía a la ciudad de Bayamo y dos horas
después a Manzanillo, a orillas del Golfo del Güacanayabo. El tren
lento, pero puntual, según los viajeros cotidianos.
Actualmente, la realidad de los ferrocarriles cubanos es otra muy
diferente a la de mis recuerdos de 1969, cuando la todavía joven
revolución solamente llevaba 10 años en el poder. El diario Juventud
Rebelde publicó un artículo hace unos meses donde se evalúa la situación
del ferrocarril en Cuba, y señala la extinción de los itinerarios
locales, el deterioro de las vías a lo largo del territorio nacional,
los horarios irregulares y tripulaciones que no ofrecen la atención
requerida. Las malas condiciones higiénico-sanitarias dentro de los
coches amargan las largas horas de viaje.
A lo anterior se suma la ausencia de agua potable en los coches de
viajeros y de un servicio de cafetería. El itinerario más afectado,
precisamente, es el Bayamo-Manzanillo. Por otra parte, la delincuentes
hacen de las suyas, desvalijando los coches de lámparas y muebles. Una
cosa es el recuerdo, y otra la realidad actual.
Cuba: El tren lechero (9 September 2009)
http://www.cubanet.org/CNews/y09/Sept09/09_C_3.html
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