Mínimas expectativas
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - La objetividad suele ser una dura
contrincante del optimismo. ¿Quién me haría creer en una evolución,
rápida y sostenida, hacia la democracia en Cuba? ¿Qué argumento lograría
convencerme de las excelencias de un diálogo como preámbulo de una
amnistía general para los presos políticos y de conciencia?
Realmente las expectativas se agolpan en un reducto donde las sombras se
revelan en calidad de directrices. Debe haber una luz al final del
túnel, pero los destellos apenas alcanzan para mantener el equilibrio.
Muchos se caen.
La esperanza les resulta un pedregal erizado de desniveles y penumbras.
El resto persiste en continuar la marcha. Miran a lontananza y atisban
señales que traspasan las utopías con sus cortinas de humo.
"El modelo está agotado", "la crisis actual es insostenible", "el
régimen colapsará si no introduce reformas". Estos son algunos de los
argumentos que estructuran propuestas, análisis. Son los vaticinios
conformados con herramientas sin el velo de la pasión. Sin embargo, el
totalitarismo continúa su recorrido. Es descendente y aparatoso, pero
definitivamente parte de la cinética.
Es cierto que es pura inercia, bandazos con el sello de la catástrofe.
No obstante, aún consigue amortiguar los impactos y hasta lanzar una
carcajada en medio de los percances.
Todavía cuenta con reservas mediáticas, petrodólares bolivarianos,
policías que saben diseminar el terror con pericia, y obviamente, la
habilidad de forjar un imaginario bíblico. Cuba es David, Estados
Unidos, Goliat. Una ecuación simple que despierta simpatías y adhesiones
en medio mundo.
Por eso la supervivencia, una de las justificaciones para conservar el
status más allá de augurios y grietas que apuntan a un derrumbe. Los
arquitectos del desastre logran dosificarlo, encubrirlo con una fachada
de gestos humanitarios exportados hacia el tercer mundo, gratuidades
emparentadas con las caricaturas, igualdades que le dan refugio a la
mayor de las pobrezas.
En apariencias se retrata el éxito, con los discursos vienen los
intentos de hipnosis, sobre la prensa oficial el país cobra una
dimensionalidad quimérica. Todo previsto para darle lustre al mito.
La revolución libre de culpas, sus tropezones convertidos en peculiares
movimientos de gimnasia. Los atropellos, la ineficiencia y el desarrollo
extensivo de la corrupción borrados de la escena.
En junio los cancilleres de la Unión Europea ratificarán o cambiarán su
política hacia Cuba. No preveo innovaciones espectaculares. Es muy
posible que se mantenga la posición común y las medidas punitivas de
carácter diplomático que se adoptaron en 2004 queden otra vez congeladas
por iniciativa del PSOE, como viene ocurriendo cada seis meses.
La existencia de diversos enfoques e intereses respecto a las
estrategias a seguir con la mayor isla de las Antillas, debilita la
efectividad que podrían tener en la transformación de la dictadura
comunista.
No parece que haya soluciones tangibles donde queden establecidas las
premisas para la constitución de un estado de derecho en plazos, más o
menos breves.
Europa insistirá en proseguir con un estilo que favorezca el
acercamiento y con ello la obtención de sus fines, o sea, la apertura
democrática con sus exigencias y gestos de parte de los que detentan el
poder absoluto. La diplomacia y la gradualidad será la apuesta por
fomentar un clima que propicie las bases de una futura solución.
No soy del todo pesimista. Por esta vía se obtendrán resultados en una
primera etapa, sin lugar a dudas. Discretos e insignificantes de acuerdo
al número de problemas pendientes, algunos de obvias connotaciones
humanitarias.
Habría que ver en qué forma, ritmo y dimensión se producen. La actitud
del gobierno interino en Cuba arroja muchas dudas y poca claridad en su
disposición a entablar una negociación seria.
La certeza de una irreversibilidad de los pasos que se lleguen a
concretar, así como el nivel de transparencia de los planteamientos de
los representantes del régimen cubano ante un escenario de encuentros de
alto rango es, según mi apreciación, más que una sentencia firme, una
interrogante en función de no alimentar falsas o demasiadas expectativas.
No puedo, por más que lo intente, depositar toda mi confianza en
observar o ser partícipe de un cambio pacífico a la democracia en Cuba a
corto plazo.
Hago mi reflexión armado de circunstancias y hechos objetivos. Rehúso
festejar por adelantado. Esperaré a que la bruma se disperse. Mientras
tanto, continuaré aportando mi caudal de dignidad y perseverancia por el
advenimiento de una nación sin la tortuosa marca del odio y la
descompostura que siembran las dictaduras. Cuba merece el esfuerzo.
oliverajorge75@yahoo.com
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