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Thursday, August 11, 2016

Sinrazones de un debate

Sinrazones de un debate
MIRIAM CELAYA, La Habana | Agosto 10, 2016

La reciente presentación de un programa de televisión de Miami bajo la
conducción de María Elvira Salazar, donde se produjo un enconado debate
entre el conocido líder opositor, José Daniel Ferrer, y el también
conocido buquenque castrista, Edmundo García –ex presentador de un
decadente programa musical en la televisión cubana, antes de elegir
instalarse en Miami "por asuntos personales"– ha despertado un alud de
comentarios diversos acerca del desempeño de uno u otro contrincante,
así como de la pertinencia o no de los temas introducidos por la
anfitriona en el set.

Si bien resulta original la confrontación entre un líder opositor
residente en la Isla y un defensor –que no un "representante"– de la
dictadura cubana, lo cierto es que existen antecedentes donde se han
enfrentado ante las cámaras partidarios y contrarios del castrismo.

Casi exactamente 20 años atrás, el 23 de agosto de 1996, la propia María
Elvira participó, junto a dos colegas suyos, en la conducción de un
insólito debate entre un representante de la oposición en el exilio y un
alto funcionario del Gobierno de Fidel Castro.

El memorable y apasionado debate entre Jorge Mas Canosa, entonces
presidente de la Fundación Nacional Cubano Americana, y Ricardo Alarcón,
a la sazón presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, fue grabado en
simultánea desde ambas orillas del Estrecho de la Florida –Mas Canosa en
Miami, Alarcón en La Habana– y difundido por la televisora CBS para más
de 20 países.

Con una duración de casi una hora, aquella discusión evidenció la
superioridad argumental de un contrincante que se expresaba con total
libertad, en contraste con el obediente servidor de una ideología
totalitaria, apegado a consignas y lugares comunes, que fue literalmente
arrollado por su rival.

Un momento relevante de aquel programa se produjo cuando Mas Canosa
exhibió la naturaleza deshumanizada de los presupuestos sobre los que se
erige el castrismo, al leer a Alarcón el texto, impreso en la
contraportada del carné de un internacionalista cubano, con una frase
del Che Guevara tomada de su discurso durante la Asamblea
Tricontinental: "…el revolucionario tiene que saber convertirse en una
fría máquina de matar…". Huelgan los comentarios.

Salvando las diferencias, el más reciente debate entre José Daniel
Ferrer y Edmundo García repite algunos elementos del acaecido dos
décadas atrás, a saber, la pasional defensa de posiciones diametralmente
contrapuestas y la adhesión del partidario del castrismo al mismo
esquema de consignas y repeticiones del discurso dictado por el poder
totalitario cubano.

No obstante, la mayor parte de los colegas y amigos que desde Cuba y
desde la emigración me han compartido sus criterios sobre este programa,
coinciden en señalar que Ferrer quedó por debajo de las expectativas, y
que pudo y debió ser más preciso y directo en sus respuestas a los
manidos postulados y ataques del señor García.

Opinan, además, que el encuentro demostró, por una parte, la habilidad
que han desarrollado los servidores mediáticos del castrismo para evadir
emplazamientos sobre la realidad cubana y las constantes violaciones de
los derechos bajo el régimen dictatorial de los Castro, enturbiando el
ambiente y atacando al adversario con las usuales descalificaciones que
se repiten hasta la náusea en los medios oficiales de la Isla, y por
otra, la falta de entrenamiento de los líderes de la oposición para
mantener el control sobre el debate y aprovechar las muchas debilidades
del discurso procastrista, incluso cuando se trata de un comparsa menor
sin credenciales, como es el caso de Edmundo García.

En lo personal, coincido con la mayoría de estos criterios, aunque me
consta, por las ocasiones en que he podido conversar con José Daniel
Ferrer, que sus ideas están mejor fundamentadas y su discurso mejor
articulado que lo que nos ofreció durante esta presentación suya en Miami.

Habrá que reconocer que, nos guste o no, el señor Edmundo García,
emigrado que defiende a la casta verde olivo desde la comodidad de una
ciudad floridana –a la que, sin embargo, considera una especie de nido
de terroristas–, domina el oficio de desinformar, tergiversar y
disfrazar las verdades frente a las cámaras con una tranquilidad
pasmosa. José Daniel, en cambio, se mostró visiblemente incómodo. Su
escenario natural es la tribuna callejera, la convocatoria apasionada,
el discurso entre cubanos a nivel coloquial; no los medios. Una
limitación que es preciso superar.

Tampoco ayudó el uso de términos inexactos, o mal enunciados por parte
de la conductora, y la mala selección del video que debía mostrar (y no
lo hizo) las golpizas que propina la policía política a los opositores.
Fallas éstas que el bien entrenado y oportunista Edmundo supo utilizar a
su favor.

Estas y otras pifias explican que García se manejara a su aire y se
atreviera a afirmar, sin parpadear y sin el menor rubor en las mejillas,
que los dolorosos sucesos del remolcador 13 de marzo, cuando un grupo de
cubanos inocentes fueron asesinados por cuerpos militares del castrismo,
fueron responsabilidad directa de las víctimas.

Igualmente minimizó la escandalosa contratación de mano de obra
extranjera para trabajos de construcción en la Isla, cuando hay miles de
cubanos desempleados, hecho que en su momento señaló Ferrer y que el
inefable Edmundo García consideró como algo "normal". Puedo entender que
Ferrer apenas pudiera contener su indignación ante el rampante cinismo
de este sujeto, y de cierta manera eso me explica su desconcentración a
la hora de ripostarle en el debate.

Otro altercado innecesario entre ambos fue el relacionado con el número
de activistas y miembros de la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu),
reconocida como la mayor agrupación opositora al interior de Cuba. Un
tema al que Ferrer se dejó arrastrar por García. Este último pretendió
ridiculizar la cifra y poner en duda la veracidad de los números que
citó el líder opositor, cuando en realidad lo esencial en el caso no es
el número de integrantes de este u otro partido de la oposición, sino la
legitimidad y justeza de sus reclamos y su derecho a existir como
alternativa al poder. Es sabido que la oposición bajo condiciones de
dictadura siempre es minoría, de manera que no hay que hacer énfasis en
demostrar cuántos seguidores tiene o no un partido. ¿Por qué seguirle el
juego a las triquiñuelas de los servidores del castrismo y ponérsela tan
fácil?

Pero, puestos en ese plan, bien pudo Ferrer, en riposta, recordarle a
García la ridícula cantidad de militantes del PCC, que el pasado
Congreso cifró oficialmente en 700 mil –pese a los casi 60 años
transcurridos "en revolución" y más de 50 de "partido único" –, que
constituyen apenas un 6,36% de una población de 11 millones de
habitantes. ¿Acaso no es éste un dato contundente si se trata de
legitimar derechos basados solo en cuestiones numéricas?

Por otra parte, Ferrer debió evitar las comparaciones entre el régimen
de los Castro y el de Corea del Norte, o las alusiones extemporáneas a
las similitudes entre éste y el estalinismo, el fascismo de Mussolini y
de Hitler, u otros regímenes igualmente criminales. La realidad cubana,
por sí sola, es lo suficientemente subversiva como para no tener que
apelar a parangones históricos o a escenarios geográficamente lejanos.
Hubiese causado un mejor efecto enumerar los muchos y acuciantes
problemas existenciales y las ausencias de libertades dentro de Cuba que
esforzarse en describir la naturaleza fascista del castrismo, que todos
conocemos hasta el hartazgo.

Uno de los más recurrentes vicios de la oposición es, precisamente,
aprovechar cada ocasión para caracterizar a la dictadura insular, en
lugar de poner el dedo sobre los problemas cotidianos de los cubanos, o
en divulgar sus propias plataformas y propuestas para revertirlos.

Por ejemplo, el bloqueo del Gobierno a la prosperidad y felicidad de la
población, que se refleja en la continua, creciente e indetenible
emigración de los cubanos. O el tema de las leyes que se han estado
modificando en los últimos años, con la prohibición expresa a la
inversión de los nacionales, a la libre sindicalización o a la libre
contratación de los trabajadores, por mencionar solo algunas. Estas son
cuestiones que difícilmente el señor García hubiese podido rebatir, o de
hacerlo, hubiese quedado muy mal parado. Sin mencionar otras pecas, como
la falta de libertad de prensa, de expresión y de información, de
derecho de huelga y otros temas de mayor calado, actualidad y
relevancia que los que se trataron.

Está claro que urge superar definitivamente el simplismo mediático del
castrismo malo y la oposición buena . Sencillamente hay que hacer
oposición efectiva, y si los medios de allá o acullá ofrecen el espacio,
hay que aprovechar la ocasión para transmitir el mensaje propio, en
lugar de permitir que otros, desde la comodidad de los estudios de
televisión y atendiendo a ratings de audiencias, lleven el guion por un
rumbo estéril. No es razonable dilapidar el capital moral de un líder en
un programa mediocre.

Por supuesto, para lograr esto hubiese sido necesario contar con un buen
guion y una mejor conducción. María Elvira perdió lastimosamente el
control del programa, que por momentos pareció una valla de gallos sin
el menor orden. Aunque es probable que ella considere esto como una
manifestación de espontaneidad y democracia.

También estuvo realmente desafortunada en algunos enfoques, buscando más
el sensacionalismo fácil –como el desfile de modas de Chanel en el Prado
o la llegada de cruceros estadounidenses al puerto de La Habana– que las
cuestiones esenciales que en realidad afectan la vida cotidiana de los
cubanos. El derecho a asistir a un desfile es verdaderamente inocuo
comparado con los acuciantes problemas del común de los cubanos: la
ausencia total de libertades y las carencias materiales de toda una
nación. La frivolidad huelga cuando se trata de política.

Al final, la conductora repitió a los contrincantes exactamente la misma
pregunta que 20 años atrás hiciera a Mas Canosa y a Alarcón: ¿estarían
dispuestos a reconocer el triunfo del adversario en caso de elecciones
democráticas? Y la respuesta de cada uno demostró una vez más la
superioridad moral del pensamiento libre: José Daniel, como antaño lo
hiciera Mas Canosa, manifestó su disposición a aceptar la decisión del
pueblo ante las urnas; no así Edmundo García, que declaró se alzaría en
la Sierra Maestra antes que aceptar un triunfo electoral de la Unpacu.
Quizás esto fue lo mejor del programa.

Sin embargo, lo que realmente deploré al terminar éste fue el hecho de
que un líder del prestigio y el valor de José Daniel Ferrer aceptara un
debate con un personaje que ni siquiera es representante legítimo del
régimen dictatorial que defiende. Presentarse en una discusión pública
con este sujeto es otorgarle un crédito que no merece. En todo caso, no
había nada que ganar. Diría que Ferrer gastó balas de artillería para
dispararle a un mosquito… sin éxito.

En mi criterio, el problema del programa-debate que nos ocupa no
consiste en quién quedó mejor o peor parado, o quién defendió mejor su
posición. Lo cierto es que el debate José Daniel Ferrer versus Edmundo
García nunca debió tener lugar, porque tiende a prestigiar a alguien
como García, que no tiene la menor relevancia ahora ni la tendrá
después. Un líder político debe ser cuidadoso a la hora de elegir a sus
adversarios.

De cualquier manera, aprovecho para manifestar a Ferrer mi solidaridad y
respeto por su desempeño como líder opositor, su honestidad y su valor
en la defensa de una causa que es la de muchísimos cubanos como él y
como los miembros de Unpacu. Sépase que mi crítica está ungida de la
mejor voluntad, por lo que rechazo de antemano cualquier tergiversación
al respecto. En todo caso, el periodismo de opinión es la manera en que
algunos aportamos al desarrollo de la democracia y las libertades. Tengo
razones para confiar en la grandeza y capacidad de Ferrer para
entenderlo así.

Video: https://www.youtube.com/watch?v=ETGTVjd3Exs

Source: Sinrazones de un debate -
http://www.14ymedio.com/opinion/Sinrazones-debate-Jose_Daniel_Ferrer-Unpacu-Edmundo_Garcia-disidencia-castrismo-Miami-Fidel_Castro-Democracia-DDHH_0_2050594931.html
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