ANÓLAN PONCE: La misa ha terminado
El espíritu revolucionario de Bergoglio estaba a prueba en esta visita,
pero no surgió
De todas las faltas, la mayor fue su indiferencia ante la opresión que
sufre el pueblo cubano
ANÓLAN PONCE
Para quienes anhelamos la libertad y la democracia para nuestra patria,
la visita del papa Francisco a Cuba fue un vía crucis de tres días.
¡Cuánto disgusto y dolor ante fotos del jubiloso Santo Padre
intercambiando regalos y congraciándose con quienes destruyeron a Cuba y
llamaron a los clérigos "esbirros con sotana"! No fue casualidad que
exhaláramos un gran suspiro de alivio cuando su avión ¡al fin¡ levantó
vuelo en Santiago de Cuba con rumbo a los Estados Unidos.
Aquí el Papa ha superado todas las expectativas. Su presencia, ya sea
por devoción o curiosidad, ha atraído multitudes insospechables para
escuchar sus sermones, y el ha sabido tratar con tacto y delicadeza
temas tan controversiales como la inmigración.
En suelo norteamericano, Francisco ha estado del lado del bien,
exhortando a los líderes políticos de esta gran nación a continuar
guiando al país por un sendero fiel a los principios cristianos que
forjaron su fundación, y defendiendo la libertad religiosa no solo en un
contexto global, sino en este país, donde esta asediada por la noción de
estar políticamente correctos, con la consecuencia de que muchos de esos
valores cristianos de que habla el Papa se estén diluyendo para no
ofender a otras religiones o que se sientan excluidas. Ciertamente, el
Papa puso el dedo en la llaga.
No ocurrió lo mismo en su visita a Cuba donde suprimió de sus discursos
cualquier crítica a la total falta de libertades, algo tan obvio en toda
la isla. El espíritu revolucionario de Bergoglio, el cual lo ha llevado
como Papa a usar el púlpito para hacer arengas políticas en otros
países, estaba a prueba en esta visita, pero no surgió. Francisco parece
tener un sentido correcto del suelo que pisan sus santos pies, y omitió
en sus discursos "malas palabras" en el léxico de los Castro como
libertad, justicia, o democracia. ¿Y derechos humanos? Omitida también.
En Cuba, el papa Francisco no estuvo del lado del bien, sino del mal.
De todas las faltas, la mayor fue su indiferencia ante la opresión que
sufre el pueblo cubano. Porque aunque en Washington demostró una gran
sensibilidad con la niña mexicana que logró saltar la valla de seguridad
para entregarle una carta, y después en Philadelphia, con el niño con
parálisis cerebral por quien detuvo inesperadamente su Papamóvil para
saludarlo, en La Habana "se lavó las manos" cuando un valeroso
disidente, Zaqueo Báez Guerrero, llegó hasta el después de romper 3
anillos de seguridad y fue arrastrado y golpeado por agentes del régimen.
El papa Francisco, el defensor de los oprimidos, no levantó un dedo para
detener el atropello o pedir clemencia; y su gran humildad no lo
conminó, al menos, a recoger una de aquellas cartas que bajo gritos de
¡libertad, libertad! el infeliz lanzaba al aire a riesgo de perder su
vida. El Papa se comportó aquí como un político, y no como un siervo de
Dios fiel a las enseñanzas del Nazareno. Esta claro con ello que su
agenda incluía además de no visitar prisioneros políticos o reunirse con
disidentes, ignorar la opresión del régimen al pueblo cubano.
No hay sorpresa alguna en todo esto. La Iglesia Católica, excepto a
principios de la revolución, ha demostrado ser insensible a los deseos
de libertad del pueblo cubano, y desde hace tiempo se comporta como un
codicioso mercader, uno de esos que tanto critica el Papa, que busca en
Cuba un fértil mercado para sus dos productos, la fe y la esperanza. La
Iglesia del cardenal Ortega y el papa Francisco no tiene como meta
ayudar al cubano a liberarse de la opresión y salir de la miseria, sino
a sobrevivir en ella.
Para los católicos, una misa es un banquete donde se alimenta el alma.
Comparemos entonces la visita del papa Francisco a Cuba a una misa, otra
más en la larga procesión de dolor que sufre el pueblo cubano desde
1959. Concluida esta misa, la Iglesia tiene asegurado su espacio en Cuba
abriéndose para ella los caminos de reconciliación y cooperación con el
régimen. ¿Y para los cubanos? Para ellos, simplemente, la misa ha
terminado. No hay nada, solo la cruda realidad de sus vidas.
AnolanPonce@aol.com
Source: ANÓLAN PONCE: La misa ha terminado | El Nuevo Herald -
http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article37382007.html
No comments:
Post a Comment