Sociedad
En los fines están los principios
Guerra sucia contra la disidencia: ¿Puede esperarse que el almácigo dé mangos?
José Hugo Fernández, Ciudad de La Habana
viernes 13 de enero de 2006
En los fines están los principios
Guerra sucia contra la disidencia: ¿Puede esperarse que el almácigo dé mangos?
José Hugo Fernández, Ciudad de La Habana
viernes 13 de enero de 2006
Como al cerdo de la piara de Epicuro, al régimen de la Isla no parece quedarle otro recurso más potente a mano que el de basar toda estrategia defensiva en la divulgación de los "deslices" de sus opositores y rivales políticos.
Este perenne hozar entre posibles inmundicias o debilidades ajenas, con el único objetivo de aprovecharlas en plan ventaja, nos devuelve intacta la fábula recreada por Monterroso. Con la diferencia de que en aquel caso, el cerdo se ensuciaba menos, pues hacía uso sólo de los defectos reales, no los fabricaba.
Si alguien tuviera la paciencia y el aguante necesarios para ponerse a revisar aquí la prensa, los discursos y las declaraciones oficiales de las últimas cuatro décadas, nada más le haría falta para confeccionar una detallada lista de todos los trapos sucios del "enemigo", entendiendo como tal no sólo a Estados Unidos, sino a cualquier otro país, gobierno, institución, persona cuyas actitudes fuesen mínimamente opuestas a las del mandamás cubano.
No hay que perder el tiempo buscando un párrafo, una simple frase, una letra sobre la escalofriante masacre en la Plaza de Tiananmen, o sobre los gulag soviéticos, o sobre los exterminios étnicos de Husein y Milosevic, entre otras muchas lindezas consumadas por sus amigos.
En cambio, es posible conocer los pormenores de una íntima conversación telefónica entre dos presidentes latinoamericanos, o ver en filmaciones (ampliamente divulgadas por la televisión) hasta lo que guarda en su refrigerador una dirigente de la oposición interna.
"En mi fin está mi principio", escribió Eliot sobre lo que había escrito la reina María Estuardo sobre lo que escribiera Heráclito. El asunto es que la máxima también retrata de pies a cabeza esta actitud de franca vocación marrana. Sólo habría que acomodarla un tanto, siguiendo las enseñanzas del nuevo corral de Epicuro: En mis fines están mis principios, diríamos mejor por acá.
Ni piedad, ni respeto
No se explican, si no es desde tales perspectivas, maniobras tan baratas como el intento de hacerle creer a la opinión pública que las Damas de Blanco son agentes al servicio del extranjero. Demasiado ciego o desalmado habrá que ser para tragarse el cuento de que un grupo de madres, esposas, hermanas desesperadas ante el encarcelamiento de sus seres queridos, reclaman justicia por el mero hecho de ganarse unos dólares. Únicamente a partir de aquel viejo principio sin principios de que "eres según concibes al prójimo", se admite no ya la invención, sino la aceptación de semejante barrabasada.
Lo peor (para quienes las perpetran, sobre todo) es que este tipo de artimaña se lanza desde el poder absoluto, aprovechando el control, sin límites, abusivo, que ejerce el gobierno sobre todos los medios nacionales de información. Lo que ellos dicen (al menos así lo creen) es lo único que cuenta, ya que nada más será escuchado en esta isla. Asimismo, las acusaciones que formulan, por amañadas que estén, son las únicas que gozan de patente de corso ante la Ley.
Porque se ha vuelto rutina, a nadie sorprende ni escandaliza en Cuba que la Seguridad del Estado fotografíe, filme, grabe (para utilizarlo luego según convenga), todo lo que hacen y dicen los representantes de la oposición interna, aun en la más privada interioridad de sus alcobas. Escandalizaría, por insólito y tal vez por lo que muestre el resultado, que al menos en un solo día de gracia los opositores pudieran hacer lo mismo con cualquier magnate del régimen, echando garra a sus medios, a su impunidad y a sus escrúpulos.
De igual forma, es imposible imaginar cuál sería el saldo si a las Damas de Blanco se les facilitara sacar la cuenta del dinero que gastan (en viajes al exterior, en caros abogados estadounidenses, etcétera) las madres y esposas de los llamados "cinco héroes" que reclaman libertad para sus familiares.
Se trata de un supuesto, claro, porque seguramente las admirables damas de Santa Rita hallarán natural, y lo es, que cualquier mujer, o cualquier ser humano, política aparte, haga lo que pueda y cómo pueda por ayudar a los suyos.
Lo antinatural es que en el chapoteo de la guarra política no exista ya lugar para el respeto, o para la más ínfima piedad, hacia un grupo de mujeres que sufren y se la juegan a diario, pacífica, humildemente, a cambio de algo que no tiene precio: el amor.
Pero qué remedio. Parece que pedirle un sencillo asomo de pulcritud espiritual a la nueva piara de Epicuro es como esperar que el almácigo nos dé mangos.
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