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Friday, May 12, 2017

La nación imaginada y la del éxodo

La nación imaginada y la del éxodo
LIANET FLEITES | La Habana | 12 de Mayo de 2017 - 09:27 CEST.

La nación posterior al VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC)
bien parece, en efecto, un modelo: es una abstracción.

Cuando el Primer Secretario del Comité Central Raúl Castro Ruz presentó
su informe ―el 16 de abril de 2016― se refirió a la nación cubana, pero
acaso no hablaba del pueblo. El modelo de sociedad cubana propuesto
asume que el Estado cubano es la imagen social del Poder. Un poder que,
a pesar de repetirnos hasta el cansancio su condición de instancia
colectiva, es un artefacto hermético.

Tanto la Cuba del futuro como la Cuba retrospectiva allí dibujadas, no
se parecen a su pueblo. Se cuantificó la nación en trabajadores por
cuenta propia, en la explotación de habitaciones destinadas al turismo,
en la promoción de negros y mestizos a cargos de dirección. Se
aseguraron resultados favorables en el reordenamiento de la deuda
externa, y con tono optimista se mencionó el insuficiente 2,8% en que
crecía el PIB nacional. A la postre, para mayor enajenación, decreció.

Sin embargo, en ese clímax del proyecto nacional no se habló de la
nación fragmentada. Del pueblo que no puede declararse pobre porque su
país desconoce ante el mundo la existencia de pobreza extrema. No se
intentó una visión de largo alcance sobre el éxodo de jóvenes, no hubo
cifras al respecto, quizás porque nadie puede construir sobre un terreno
inconsistente, y el éxodo —cualesquiera que fuesen sus resortes— es un
suelo viscoso, movedizo.

Porque allí me reconozco es que defiendo la idea del éxodo de la
juventud cubana como el elemento menos difuso en la conformación de
nuestra identidad social. Dentro de la "comunidad imaginada" modelada en
aquel informe, hay un pueblo cuya razón de ser es el tránsito. La
voluntad de emigrar es, probablemente, el denominador común en casi
todos los cubanos desde que cumplen la mayoría de edad hasta que la
osteoporosis les indica que se les hizo tarde.

Un amigo periodista, un remoto residente en el oriente del país, se
resiste a partir definitivamente. No le interesa recomenzar. Él mismo
considera su decisión un acto de cobardía. Mi amigo teme anularse en
medio de sociedades ajenas. Curiosamente, el proceso que paraliza al
ciudadano genera en algunos profesionales un estado de complacencia
intelectual que, aunque no lo parezca, también es parálisis. El sistema
social cubano, innegablemente, promulga un tono humanista con el que
crecemos. Y así vamos supliendo vacíos. Nuestro asidero va siendo la
autorrealización personal, profesional, la búsqueda de la felicidad
hombre adentro.

En la mayoría de los casos es solo un simulacro, pero el hombre tiene
sus mecanismos de superación para reconocerse y expresarse humanamente
en medio de las crisis. Presume, entonces, de no entender el sistema
electoral ni poder bromear a voz en cuello sobre asuntos políticos.

Sucedió que los científicos cubanos aprendieron a injertar papa en los
laboratorios, aunque no pudiesen servirla en sus propias mesas; los
letrados, psicólogos o pedagogos ―o las tres disciplinas a la vez en una
sola persona― redactaron tesis doctorales extravagantes sobre la
implementación del confucianismo para formar valores en estudiantes
preuniversitarios. Así mi padre goza de un máster entrado en la
cincuentena, pero trabaja en una zapatería y es incapaz de disentir con
el Gobierno en cualquier espacio público.

Mi amigo periodista tampoco se atrevería, a pesar de que ve en Cuba una
tierra fértil donde regaron azufre para que no nazca nada. A pesar de
que reconoce, en muchos cubanos, personas resentidas y deformadas por el
agente naranja que roció Fidel en los 70. Personas que ejecutarían ―y
ejecutan, porque se sugirió en el VII Congreso― órdenes para "combatir
la subversión político-ideológica" o "estimular la vigilancia en los
centros de trabajo".

¿Por qué combatir "lo subversivo" en tiempos que debe reconstruirse una
nación diseminada por la nube radioactiva que generó ese mismo discurso?
¿Por qué impedir la coexistencia de diversas ideologías, a estas
alturas, cuando Cuba es la metáfora de una zona de exclusión? ¿Por qué
avivar rencores superados, hablar con esa inflexión maniquea y repelente
sobre "el enemigo", cuando este pueblo se tumbó de brazos hace muchos
años, cuando esas mismas palabras hacen de Cuba la parodia de sí misma?
La idea de socialismo no se reduce a definiciones respecto a sus
relaciones de propiedad o las formas de acumulación.

La Cuba del discurso oficial debería parecerse a su realidad, debería
fundir en su definición las nociones de país, de pueblo, de nación y de
república, como si se tratase de un solo cuerpo. Sin que la brecha entre
lo que dicen los funcionarios públicos y lo que se experimenta, haga de
Cuba un sitio por el que nadie apuesta.

La asincronía entre la idea edulcorada de país y su contexto real
persistirá en tanto este artículo, por ejemplo, sea publicado en un
periódico censurado, "oculto" para la mayoría de los cubanos.

Los mismos cubanos que no asisten a las urnas por somnolencia, los que
hablan bajito, los que no se meten en política, los que no quieren
rollo, los cubanos de "para qué" o "nada va a cambiar", los que
"resuelven" la sobrevida, los pavorosos de perder esos 14 o 15 pesos
convertibles que componen el total de sus sueldos mensuales, los que
están con "esto" ―por si amenazan los cañones de la duda―, los cubanos
que se han ido, los que se están yendo, los que se tambalean, los que
"si pudiera entrar y salir, o vivir mejor, no me fuera de Cuba", los
decepcionados, los que ven en su patria una ecuación insoluble, los
esculpidos por el odio, los que creen en dos únicas banderías
irreconciliables, los que temen arrojarle sus familias al predador del
capitalismo, los que tragan en seco pero se sienten a salvo, los peones,
los anónimos, los unánimes, los que sudan frente a las plazas en fechas
patrióticas, los que no quieren parecerse a sus padres ni a sí mismos,
los que lloraron por el fin de pies secos-pies mojados, los que han
escuchado rumores sobre una posible reforma parlamentaria para 2018 pero
no lo creen ni les interesa, los que padecen esa enfermedad mortal de
quedarse ―a pesar de todo― en Cuba.

Source: La nación imaginada y la del éxodo | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1494574064_31026.html
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