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Sunday, August 07, 2016

Una revista de la vanguardia indisciplinada

Una revista de la vanguardia indisciplinada
Ya salió el primer número de la 'Revista de la vagancia en Cuba'
Sábado, agosto 6, 2016 | Ernesto Santana Zaldívar

LA HABANA, Cuba.- "Un país en el que toda miseria es banal: a nadie le
importa el Gran Faltante". Un breve texto como este ejemplifica qué
podremos leer en la Revista de la vagancia en Cuba (RVC). "Un país
«Siempre-la-Perra-de-Alguien»…" Como vemos, «el país» es uno de los
objetos sobre los que se enfocan los textos, sobre todo en
«Quejestorio». "Un país cuya gerontocracia daría palmaditas en el hombro
al Emperador Amarillo." Pero la RVC no se detiene ahí.

Obviamente, el nombre nace de la Memoria de la vagancia en la Isla de
Cuba, publicado en 1832, donde José Antonio Saco llamaba la atención
sobre las graves "enfermedades morales que padece la isla de Cuba",
intentando "buscarles el remedio y llamando la atención pública hacia un
objeto de tanto interés". Pero, más allá de esa relación seria y jocosa
a la vez, esta revista no quiere hacer sociología, sino literatura.

Y, si bien por su asunto el estudio de Saco fue un suceso en su día,
habría que ver la repercusión que tendrá la RVC, teniendo en cuenta que
solo se imprime en blanco y negro, con pocos ejemplares y que todavía no
está en Internet. Pero de seguro habrá quienes hallarán en sus páginas
una creatividad y una independencia muy inusitadas.

La portada muestra el conocido rostro que aparece entre los celebrantes
del cuadro El triunfo de Baco, más conocido como Los borrachos, de
Velázquez. Aunque se anuncia como tercer número, Se botó el guarapo —de
acuerdo con el aire burlesco y corrosivo del proyecto—, en verdad este
es el número inaugural.

Abren dos textos de Optimista Taladro, Larvario habanero y Huronear en
Recicladas, seguidos por una muestra de fotografías de Juan Pablo
Estrada, descrito como "camagüeyano de oficio. Uno de los pocos
fotógrafos cubanos a quien no se le aplicaría la greguería de Ramón
Gómez de la Serna: «el ideal del joven aspirante a fotógrafo es
comprarse la mejor cámara para hacer fotografías de miserables». Nuestro
camagüeyano no hace de la miseria otra vaquita lechera. Es vegetariano.
No encontró otra solución para el problema de la carne. Estudia en el
ISA. Se aburre como un candado en ese pantano de las artes".

Continúan varias viñetas de Arsenio Rodríguez Petersen, donde hallamos
piezas como Juego de sangre: "Un intelectual puede firmar una sentencia
de muerte por fusilamiento, escrita correctamente según la gramática de
la lengua. (…) Pero ¿qué sucedería con el lector del supuesto fallo? Al
ver la firma no sabrá distinguir si se trata de un gesto cercano a lo
artístico o a lo jurídico. Se preguntaría si la firma de la persona es
para acuñar la validez de lo escrito desde lo jurídico, desde lo
estético o desde ambos saberes. O si solo se trata de dejar claro la
autoría del veredicto y, a la vez, si dicho veredicto pertenece al reino
de la ficción o no". Y disparos como Currículum: "Escribió la mejor nota
de suicidio de los últimos cincuenta años en el país".

Vienen los cuentos Un personaje cioranesco, de Optimista Taladro,
Cancerbero, de Rodríguez Petersen; el texto S/T (muerto el perro), de
Julio Llópiz-Casal, Quememos las librerías de La Habana, de Optimista
Taladro; Microfonazo, sano intercambio entre nos… (Entrevista con Julio
Llópiz-Casal), de Raquel Cruz —"Vivimos en un país en el que los
protagonistas de la vanguardia histórica terminaron dando a la cultura
nacional una lección de disciplina que contradijo sus programas,
independientemente de sus aportes"—; Belleza de Flaubert (del
Estupidario (Sottisier), de Bouvard y Pécuchet.

Lo último es Quejestorio (selección), también de Optimista Taladro, una
colección de sentencias demoledoras, como las que cité al principio y
como: "Un país en el que un asalto parece un saludo y un saludo un
asalto". O: "Un país cuyos intelectuales (esas perras de Congreso) son
capaces de adular a cualquiera… por una croqueta". O: "Un país en el que
toda vida es vivida como una enfermedad venérea en tiempos de carnaval".

El cierre es una nota: "Cualquier semejanza entre la realidad y la
ficción se debe a la desfachatez de la primera y no a los golpes de
acierto de la segunda."

En la contraportada tenemos información sobre los autores: "Santiago
Díaz M. Optimista Taladro. Sentencioso filodoxo entregado a profundas
reflexiones sobre el 'female sport', la pasmadera y todo lo demás. Es
autor de Notas para unos cuentos del cansancio. Julio Llópiz-Casal. Un
gamo suelto. Seguramente el único «joven valor de la plástica» capaz de
asociar en una misma idea a Lezama Lima, Virgilio y Piero Manzoni. Su
obra es lo más auténtico de la isla: no excluye el reggaetón, la
política ni lo que vino después de Warhol. Arsenio Rodríguez Petersen.
Il Monstruo. Conversador expansivo que ha alcanzado los chispazos de un
auténtico maestro del grotesco. Es autor de gran número de viñetas de
feroz contundencia".

RVC es lo que ocurre cuando varios amigos deciden publicar una revista
según su propio criterio, con escasos recursos, pero sin flojera. Aunque
acierten en que ser joven no otorga ningún mérito artístico, hay que
anotar que son jóvenes por la sencilla razón de que un proyecto así no
se le ocurre a ningún cincuentón.

RVC es una revista que solo quiere expresarse, más que imponer nada o
arrasar algo. No es posmoderna, no es contestataria, ni siquiera
pretende ser revolucionaria. No ensaya ser valiente, porque, como
Evtuchenko, no considera que hablar honestamente deba considerarse un
acto de coraje. Ni siquiera aboga por la libertad de expresión:
sencillamente la practica.

Source: Una revista de la vanguardia indisciplinada | Cubanet -
https://www.cubanet.org/actualidad-destacados/una-revista-de-la-vanguardia-indisciplinada/
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