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Thursday, August 18, 2016

Tiempo de caza

Tiempo de caza
DANIEL MORCATE

Para los cubanos en fuga se ha declarado un tiempo de caza donde ellos
son las presas indefensas. La propaganda convertida en sabiduría popular
les dice que todo marcha o marchará mejor en la isla gracias a que el
presidente Obama y la familia Castro hicieron las paces. Pero los
cubanos no escuchan tales razones. Andan por el mundo en desbandada como
almas que se lleva el diablo. O como si huyeran del diablo mismo. Por
Centroamérica. Por México. Por el cono sur. Por Europa. Y casi siempre
rumbo a Estados Unidos, donde sin embargo –seamos francos– ya no los
quieren como antes. A veces ni sus propios compatriotas exiliados. Hay
que escuchar las enormidades que sobre ellos dicen algunos de los que
les precedieron en la estampida. Hay que ver lo que planean para ellos
ciertos legisladores cubanoamericanos. Hay que oír el elocuente silencio
que sobre su drama guardan quienes alientan la componenda entre
Washington y La Habana.

Solamente el pasado fin de semana, estas fueron algunas noticias sobre
los cubanos en fuga. Policías mexicanos ingresaron por la madrugada al
lugar donde permanecían detenidos un centenar de ellos en Tapachula, los
recogieron y los deportaron a la fuerza a Cuba. Días antes, cansados de
vagar, enfermos y hambrientos, se habían entregado a autoridades de
inmigración mexicanas. En Costa Rica, policías realizaron una redada de
cubanos a los que encontraron escondidos en potreros y plantíos de palma
de aceite; detuvieron a un número indeterminado y deportaron a 15 a
Panamá, de donde provenían. En la frontera entre ese país y Colombia,
centenares de cubanos, incluidos niños, embarazadas y minusválidos, se
refugiaron en un lugar de dulce nombre, la Loma de Miel, para evitar que
las autoridades colombianas les echaran el guante. Se escondían de las
amenazas de detención y deportación de los gobiernos de esos dos países.

Mientras Obama incluye su componenda con los Castro en la lista de
legados de su presidencia, los gobiernos latinoamericanos la interpretan
como una señal de que tienen carta blanca para repudiar a los cubanos en
desbandada. El del presidente Juan Manuel Santos, en Colombia, ejerce
fuerte presión para que 1,800 cubanos abandonen la bodega en la que se
refugiaron en Turbo. Entre las presiones, denuncian activistas que les
defienden, se hallan las amenazas de deportación y "tácticas de guerra
psicológica" que incluyen una amplia presencia militar, barreras,
helicópteros y volantes con amenazas a vecinos colombianos que por
compasión y solidaridad los han estado ayudando.

Hace pocos días, la policía nacional de Ecuador detuvo a 149 cubanos que
habían protestado en Quito ante la negativa del gobierno ecuatoriano de
concederles visas humanitarias para viajar a México. "A los cubanos se
les retuvo durante horas en una oficina del tribunal de justicia que
debía evaluar si habían cometido algún delito", escribe José Miguel
Vivanco, de Human Rights Watch. "No se les permitió hablar con
familiares ni con abogados". Vivanco recuerda que, mediante la ley
internacional, el gobierno ecuatoriano tiene "la obligación fundamental
de respetar el principio de no devolución", el cual prohíbe devolver a
los refugiados a lugares donde peligran sus vidas o su libertad.

Es, repito, temporada de cazar cubanos. Esta lamentable situación
plantea interrogantes sobre por qué no se hace más para proteger a estos
compatriotas de los abusos, la indefensión y la desesperanza. El
gobierno de Obama parece estar demasiado complacido con el supuesto
éxito de sus nuevas relaciones con los Castro como para conmoverse ante
el drama de los cubanos en desbandada. La odisea de esos infelices
contradice su versión de lo que pasa en Cuba. Los legisladores
cubanoamericanos parecen haber perdido el ascendiente que algún día
tuvieran para exigirles a gobiernos amigos un trato digno hacia los
refugiados. La mayoría de nuestros legisladores, inclusive los
demócratas, tienen pésimas relaciones con el gobierno de Obama, de modo
que por esa vía poco o nada puede esperarse. Y las organizaciones
exiliadas carecen de la influencia y los recursos necesarios para
cambiar la suerte de los fugitivos desesperados. El tiempo de caza
probablemente continuará. Ahora parece un milagro que no lo hayamos
padecido muchos de nosotros.

Source: Tiempo de caza | El Nuevo Herald -
http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/daniel-morcate/article96290892.html
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