Vivir sin miedo
EDUARDO J. PADRÓN
No puedo quitarme del pensamiento el hecho de que Danilo Maldonado, El
Sexto, quien honrara las aulas del Miami Dade College durante unos
meses, sigue preso como un delincuente común en Cuba, sin las debidas
gestiones legales, y en huelga de hambre para que su caso no continúe en
tan desesperante inmovilidad.
Está preso Danilo porque intentó un performance que el régimen ha
interpretado como desacato e irrespeto por las figuras de los dictadores
que han detentado el poder en la isla durante más de medio siglo.
Anoche, disfrutando el documental sobre la intervención que el famoso y
misterioso artista británico Bansky hiciera en la ciudad de Nueva York
durante todo el mes de octubre del año 2013, no he dejado de reflexionar
sobre nuestro Danilo, el mismo que desandó los pasillos del College y
que me cuesta trabajo imaginar circunscrito a una celda, sabiendo que
tiene un alto concepto sobre la libertad.
Bansky practica el arte callejero y, a diferencia de El Sexto, nadie
conoce su identidad. Puede presentar las obras más enternecedoras en las
paredes, de modo inesperado, y también elaborar una declaración de
principio, en la próxima, sobre lo que le parece disfuncional en nuestra
sociedad, pero a ninguna autoridad se le ocurriría tirarlo en una
mazmorra con delincuentes comunes, sin derecho a ser escuchado, ni
procesado.
Cada día de aquel mes de octubre de hace dos años, avisó puntualmente
por las redes sociales sobre la aparición de su próxima pieza que, al
ser descubierta por los transeúntes, solía causar el revuelo de la
curiosidad pública.
Es cierto que el por entonces alcalde Bloomberg y otros comentaristas de
influencia en la ciudad, mostraban su inconformidad con las obras de
Bansky en propiedades privadas o públicas, pero al final se producía una
suerte de consenso, considerando la buena publicidad que de estas
intervenciones derivaba y de la conocida tolerancia de la llamada
"Capital del Mundo".
Antes del performance que no fue y lo llevó a la cárcel, El Sexto
también era conocido por sus grafitis de protesta en La Habana, lo cual
provocaba el acoso constante de las fuerzas represivas del castrismo.
A diferencia de Bansky, de cierto modo protegido por la cobertura
mediática, a Danilo Maldonado lo ignoran con alevosía la prensa oficial,
para poder actuar en su contra impunemente y, de cierta manera, los
medios internacionales que padecen de una saturación y agotamiento del
tema cubano.
Si Bansky estuviera preso injustamente y por lo tanto en huelga de
hambre como protesta, el clamor internacional sería de gran magnitud y
provecho para que la verdad se abriera paso.
El fotógrafo y escritor cubano Orlando Luis Pardo ha llamado la atención
en una columna sobre la necesidad de que el mundo atienda el clamor de
Danilo Maldonado, además de dejarnos saber que tiene una hija de apenas
un año que no ha visto y dibuja con alas como un ángel.
Esta es la segunda columna que escribo sobre Danilo Maldonado, uno de
los nuestros. Pensé no tener necesidad de volver sobre el lamentable
tema de su reclusión, a lo cual se suma ahora la gravedad de la huelga
de hambre.
Termino con el fragmento de una carta suya, sacada clandestinamente de
prisión, y citada por Luis Pardo en su texto:
"Nunca el mal podrá contra el bien. Jamás las mentes retrógradas podrán
contra las mentes libres. Nunca la violencia podrá contra el arte y la
razón. La muerte nunca podrá contra la vida y el amor. Vivo alegre
porque vivo sin miedo".
Presidente del Miami Dade College.
Source: EDUARDO J. PADRÓN: Vivir sin miedo | El Nuevo Herald -
http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/opinion-sobre-cuba/article34308693.html
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