Jueves, 08 de Septiembre de 2011 11:21
Lucas Garve
Mantilla, La Habana, 8 de septiembre de 2011, (PD) Una CADECA (nombre
que tienen las casas de cambio en Cuba) cerca de la parada de ómnibus
donde debía descender hizo que cruzara la calle Infanta para cambiar
unos cuc en pesos cubanos.
Sin embargo, cuando pregunté quién era la última persona de las cuatro
que aguardaban su turno para cambiar el dinero, el vigilante me dijo que
no había cambio, porque no había pesos cubanos en ese momento. Resulta
que el carro de TRASVAL (compañía estatal que transporta valores y
dinero entre la sede central y las CADECAS) no había aparecido, aún
pasado el mediodía. Pregunté a la cajera la posibilidad que me diera el
cambio en monedas y no en billetes que era lo que no tenía y -por suerte
para mí- me respondió que podía cambiarme un peso convertible
equivalente a $ 24 moneda nacional porque únicamente tenía ocho monedas
de tres pesos.
Permítanme explicar que en Cuba el sistema monetario posee dos monedas:
los pesos cubanos y los pesos convertibles. Y que la mayor parte de los
artículos, mercaderías y comestibles de primera necesidad solamente
pueden adquirirse en moneda
convertible en las llamadas shoppings.
Una vez resuelto lo del cambio y con mis ocho monedas de tres pesos en
la billetera-monedero, me dirigí a una cafetería a comprar una botella
de refresco de cola que vale $ 5, pero la dependiente me advirtió que
estaban calientes porque el trabajador que debía ponerlos en el
refrigerador no estaba y ella solamente estaba para despachar.
Seguí mi rumbo hacia el hospital ortopédico "Fructuoso Rodríguez", en la
calle G, para visitar a una parienta muy anciana recién operada por
fractura de la cadera y me encontré con el problema que no había quien
la moviera para ponerle la cuña sanitaria y que pudiera orinar.
Como no soy enfermero e ignoraba si podía moverla a pocas horas de
operada, llamé a la enfermera y me dijo que estaba ocupada en ese
momento y que llamara al camillero de la sala para que hiciera el favor
de ayudarme. Entonces vi al camillero, quien sin dejar de mostrar su
contrariedad, me explicó que él estaba ahí para trasladar los pacientes
de un lugar a otro del hospital y no para mover a nadie.
-¿Entonces como hago yo para moverla, porque pudiera afectarle el
implante de la prótesis que acaban de ponerle?- le pregunté.
La respuesta que tuve sólo fue un movimiento de hombros. No me quedó más
remedio que encomendarla a Dios y cargarla con mucho cuidado por debajo
de las rodillas y situar la cuña sanitaria para que pudiera orinar.
Cuando salí del hospital, tenía sed y la garganta reseca (en ese lugar
no hay dónde tomar agua) y al pasar junto a un restaurante, casi al
llegar a la avenida Carlos III, me detuve a comprar un refresco de
naranja por valor de dos pesos y la dependiente me informó que debía
pagar con el dinero justo el valor del vaso de refresco porque no tenía
monedas para darme el vuelto. Como era pasado el mediodía, le pregunté
cómo era posible que no tuviera moneda suelta para el vuelto y la
respuesta fue que el administrador no estaba y nadie había ido al banco
por monedas para el vuelto a los clientes.
Quizás usted se asombre de que tantos inconvenientes sucedan en serie a
una sola persona, pero no es algo extraño en Cuba, donde estas cosas
pasan cada día, únicamente hay que salir a la calle. Pero sí puede
coincidir conmigo y con muchas otros cubanos más en que lo que derrotará
al sistema imperante en la isla en este último medio siglo no será una
invasión extranjera, ni otra "re-involución" más, sino el inmovilismo,
la corrupción y la irresponsabilidad que tiene tanta gente. Un virus
terminal del socialismo cubano que no hay vacuna alguna que lo elimine.
garvecu@yahoo.com
*Fundación para la Libertad de Expresión
http://primaveradigital.org/primavera/sociedad/sociedad/2203-virus-terminal
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