Púrpura y verdeolivo: ¿una combinación de temporada?
Miriam Celaya
La Habana 12-09-2011 - 9:14 am.
A la jerarquía católica parece interesarle más la armonía con las
autoridades que ayudar a superar la confrontación entre poder y sociedad.
El cardenal Jaime Ortega en La Habana. (GETTY IMAGES)
Cuando en mayo de 2010 se conoció el inicio del diálogo entre el
gobierno y la alta jerarquía católica para negociar la liberación de los
prisioneros políticos de la Primavera Negra, fuimos muchas las voces que
apoyamos el proceso. Pensábamos entonces y también ahora que si el
resultado implicaba algo tan positivo como el fin de un presidio injusto
y absurdo, bien merecía la pena. Las propias Damas de Blanco —principal
organización cívica que influyó en las dilatadas excarcelaciones—
reconocieron al cardenal, Jaime Ortega, como legítimo mediador en el
conflicto, habida cuenta que las autoridades de la Isla con su infinita
soberbia nunca se avendrían a incluirlas a ellas, como tampoco a ningún
representante de la oposición militante o de la débil sociedad civil
independiente, en la mesa de negociaciones.
Lo cierto es que, pese a sus muchas contradicciones y discutibles
procedimientos, las excarcelaciones se produjeron y hubo un atisbo de
esperanza en las negociaciones como método efectivo para paliar la
compleja situación sociopolítica en el país.
Sin embargo, la experiencia ha probado que tampoco es saludable
magnificar evento alguno. En la actualidad existen razones para
conjeturar que —al margen de cualquier interés que moviera a la Iglesia
como institución en dicho proceso— a nuestro cardenal le quedó algo
ancha la tarea. Porque un mediador contrae determinados compromisos
ineludibles que debe cumplir, no solo con la parte fuerte del conflicto,
en este caso el gobierno, dueño de un poder omnímodo, sino también (y
sobre todo) con el elemento más débil e indefenso, a saber, las Damas de
Blanco, los presos liberados y la sociedad en su conjunto.
Quizás, después de todo, monseñor Ortega y otros jerarcas católicos
tengan con el gobierno más elementos en común que los que suponemos. Al
menos es lo que se infiere de las más recientes declaraciones del
cardenal, completamente desconectadas de la creciente ola represiva
contra las Damas de Blanco, diversos sectores opositores, grupos de la
sociedad civil independiente y hasta individuos aislados. Al parecer, la
cúpula católica y la gubernamental gravitan sobre Cuba sin mezclarse con
los agudos conflictos que atenazan el presente y amenazan el futuro de
la nación, e igualmente articulan discursos que nada tienen que ver con
la realidad de la Isla.
Un reciente cable de AFP, informó que el cardenal manifestó palabras de
elogio a los "cambios" emprendidos por el gobierno y señaló "el clima de
diálogo que permitió la peregrinación por la isla de la Virgen de la
Caridad del Cobre, la primera en 52 años de gobierno comunista". Ortega
se refirió a supuestas transformaciones de la alta dirección del país en
asuntos de educación, economía y en "concepciones ideológicas un poco
viejas", y aseguró que "Se respira un ambiente de cambio (...) sentimos
un momento donde no hay esas confrontaciones entre la Iglesia y el
Estado comunista (…)". Las cursivas, de esta articulista, pretenden
resaltar un elemento esclarecedor: a la alta jerarquía católica parece
interesarle más mantener una falsa armonía con las autoridades cubanas
que abogar porque se superen las confrontaciones entre el poder y la
sociedad.
Por su parte, Europa Press fechaba el 5 de septiembre una información
bastante menos idílica, pero sí realista: "Al menos 16 damas de blanco y
de apoyo —mujeres y familiares de presos políticos cubanos— han sido
detenidas este domingo en las provincias de La Habana y Matanzas,
ubicadas en el noroeste de Cuba, mientras marchaban hacia distintas
iglesias para asistir a misa (…)". Añade la nota que "de forma paralela,
las fuerzas de seguridad cubanas han arrestado en incidentes similares a
otras nueve mujeres pertenecientes a esta organización, a seis en el
municipio de Cárdenas, ubicado también en Matanzas, y a tres en la capital".
Todo esto ocurría mientras el cardenal dirigía su mirada piadosa hacia
la Virgen y las Damas de Blanco solicitaban insistentemente a
representantes de la Iglesia católica cubana que mediaran con el
Gobierno para que cese la fuerte represión contra las marchas y otras
manifestaciones de protesta pacíficas que se están produciendo en toda
la Isla por parte de activistas de Derechos Humanos y varias
organizaciones disidentes. A juzgar por la satisfacción de Jaime Ortega
con los "cambios" que dice se están produciendo desde el gobierno, poco
podremos esperar en este sentido.
El cardenal está contento porque durante la peregrinación de nuestra
Santa Patrona, ella trae "un mensaje de paz, fraternidad y
reconciliación entre todos los cubanos, sin tener en cuenta ideologías,
pertenencias o si están o no en Cuba". Sería verdaderamente loable que
Ortega, a tan poco tiempo ya de su cercano retiro, haga un postrer
esfuerzo y trate de hacer entender a sus interlocutores de verdes
charreteras el significado exacto de las palabras "paz", "fraternidad" y
"reconciliación".
http://www.ddcuba.com/opinion/6891-purpura-y-verdeolivo-una-combinacion-de-temporada
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