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Saturday, September 10, 2011

El clamor de los sin derechos

Publicado el sábado, 09.10.11

El clamor de los sin derechos
Pedro Corzo

En la supervivencia del totalitarismo cubano ha influido de manera
determinante su capacidad represiva. Otros factores han concurrido a su
longevidad, pero evidentemente el castigo o la reprimenda, según el
caso, ocupa un sitial importante en el arsenal que le ha permitido
conservar el poder.

La represión no ha podido sofocar a la oposición aunque sin dudas la ha
controlado eficientemente, al extremo que nunca ha sido, a pesar del
heroísmo de quienes en su momento ejercieron el derecho a actuar en base
a sus convicciones, un peligro a la estabilidad del régimen.

La represión en Cuba puede ir desde la brutalidad extrema a la
sofisticación más exquisita. Es constante, relativamente uniforme en sus
reacciones y enmarcada en un proyecto en el que el victimario responde a
un plan general y no a situaciones coyunturales.

La policía política cubana, en cualquiera de las siglas con las que se
identifique, es fría y calculadora porque procura evaluar previamente
los perjuicios que se derivan de sus acciones.

La represión ha sido institucional. Su aplicación en tiempo y
profundidad depende del alto gobierno, no de un funcionario que en base
a su humor, carácter y prejuicio toma decisiones.

Cierto que los resultados pueden variar, la represión no es una ciencia
exacta como las matemáticas, pero con la planificación y coordinación en
su implementación, se pueden disminuir los daños colaterales que puedan
afectar los cimientos del poder.

La represión ha tenido a su disposición incontables recursos para
imponer el control. No ha dudado en aplicar la violencia extrema, la
cárcel, el paredón, o el abuso en cualquiera de sus formas, pero siempre
lo ha hecho enmarcado en la mayor discreción, y cuando esto no ha sido
posible, ha recurrido a las turbas divinas del castrismo para aplastar
cualquier oposición.

Los mítines de repudio, Camarioca, las Brigadas Johnson, las cacerías
del Mariel, los sucesos de la embajada de Perú, los balseros de 1994,
los acosos y golpizas contra la oposición, los arrestos de la Primavera
Negra y las vilezas contra las Damas de Blanco, son un apretado resumen
del prontuario del maldad del totalitarismo cubano que procura extirpar
todo lo que pueda afectar su supervivencia.

Esta labor deleznable ha sido cumplida, las más de las veces, por
funcionarios vestidos de civil que liderando concentraciones de
supuestos ciudadanos irritados han aplastado y sofocado la dignidad
ciudadana. Este cuadro de civiles contra opositores, le ha permitido al
régimen disfrutar por años una imagen de falsa popularidad, que fue muy
útil para esconder bajo la alfombra del totalitarismo todas las
brutalidades.

En la prisión la situación es diferente. El esbirro está vestido de
verde olivo o al menos la pistola la lleva al descubierto. Los
interrogatorios despiadados. Aislamiento. Severas modificaciones
ambientales. Fusilamientos, ejecuciones extrajudiciales, largas condenas
a prisión, torturas que incluyen experimentos biológicos como los de la
escalera de Boniato, la aplicación del pentotal sódico y los
electroshocks entre otras bestialidades, sin que se olviden los
ahogamientos de la laguna de Topes de Collantes, son realizados por
funcionarios que usan uniformes y sus grados, porque saben que solo los
sobrevivientes podrán ser testigos de sus crímenes.

La represión uniformada ha sido la mayor parte de las veces encubierta.
El sicario, el esbirro, viste de civil. Los autos policiales circulan
por lo regular como vehículos regulares y los arrestos no son informados
por los medios salvo que formen parte de una campaña que tiene el fin de
generar una intimidación masiva, o enviar un mensaje al exterior de que
el régimen proyecta algo de proporciones que trascenderán las fronteras.

No obstante, la represión es la isla está cambiando, no es que sea menos
brutal, sino que se está quitando la careta. Los gases lacrimógenos y
los policías antimotines rompen el ancestral principio castrista de
tirar y esconder la mano, lo que implica que el régimen está en una fase
de agotamiento irreversible, ya que su principal instrumento de control
se está deteriorando.

El ciclo final de la dictadura se aproxima. Sin contar el obituario, en
días o meses, el régimen está acabado, su liderazgo ha perdido la
confianza de quienes le creyeron por décadas, y la fatiga del poder ha
alcanzado a los más conspicuos de sus dirigentes.

Pero la represión fue y es la última cara del sistema, y no es de dudar
que en sus postrimerías, procure callar el clamor de los sin derechos
con una ferocidad sin antecedentes.

Periodista de Radio Martí.

http://www.elnuevoherald.com/2011/09/10/1021610/pedro-corzo-el-clamor-de-los-sin.html

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