Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press
LA HABANA, Cuba, septiembre (www.cubanet.org) - El ejército de
trabajadores sociales cubanos es incansable, predecible y no rentable.
La misión encomendada a estos infantes de coordinar acciones para evitar
las causas que originan las desventajas sociales, la marginalidad y el
delito, si no es una falsa alarma, es una obsesión por el control.
Que un ejército de 42 mil trabajadores sociales reciba salarios por
encima de los 300 pesos por averiguar, además, cómo viven, qué
necesitan, cuáles son sus principales preocupaciones y qué enfermedades
padecen los adultos mayores, más que un cuéntame tu vida, es un atracón
de pura mierda.
Tengo entendido que estos soldados son cubanos. Ninguno vive en
Luxemburgo, pernocta en el planeta Marte o cohabita en un solar
climatizado con ascensores para la barbacoa, agua todo el día y tibores
de cristal.
Como si fuera poco, ellos también descienden de adultos mayores
radiografiados por un registro de direcciones, una historia clínica, la
plantilla de un comité, el expediente laboral, el carné de las milicias
o de vendedor ambulante, entre otros cien controles con datos que van
desde el primer diente hasta el arribo al Cerelac.
Por lo tanto, conocen de primera mano que los adultos mayores, en su
gran mayoría, viven hacinados con tres generaciones más, por lo que
requieren de una vivienda confortable y alimentación.
En cuanto a lo que necesitan, no hace falta un ejército tan numeroso
para conocer que no tienen zapatos, ropa, colchón, espejuelos, leche
condensada, un buen fricasé, un retiro que los deje respirar, y sobre
todo, soluciones para tantas carencias acumuladas en medio siglo de
batallar.
Respecto a cuáles son sus principales preocupaciones, es más abarcador
el tiroteo, pues les preocupa que les caiga el techo en la cabeza,
queden lisiados, o el colchón les cause tétanos y otras nimiedades que
con una escuadra armada de poder de decisión se pueden remediar.
A la pregunta sobre las enfermedades que padecen, sólo se necesita
responder: delirio de persecución, vahídos ante la subida de los
precios, urticaria por la escasez, tembleques si anuncian un ciclón,
desmayos si les proponen comer carne de vaca, migraña si escuchan decir
seguridad social, bursitis de tanto trabajo voluntario, y alucinaciones
y otros perendengues si les prometen que les pagarán en CUC.
Como se puede comprobar, todo está bajo control. Desde las
preocupaciones hasta las enfermedades. Sólo necesitan que cada uno de
los ejércitos desarmados que intentan liberarlos de la estrechez,
apunten y disparen, pero a dar.
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