Laritza Diversent.
LA HABANA, Cuba, septiembre (www.cubanet.org) - Mucho se cuestiona la
actitud pasiva del pueblo cubano frente a los excesos de poder del
gobierno. Unos no entienden por qué no se toman las calles; otros
incitan a la desobediencia civil.
Esta actitud de la población es el efecto directo de la represión a que
es sometida. En cada aspecto de la vida, el gobierno tiene métodos e
instrumentos para controlar a sus ciudadanos. A través de la escuela, el
trabajo, en el barrio.
El objetivo no es escapar del control gubernamental; esto es imposible.
Lo principal es que pese a ello, se tengan alternativas para decidir y
actuar.
Imagínese a un pueblo encerrado en una isla. Lo único que lee, ve y
escucha es lo que sus carceleros quieren que lea, vea y escuche. A
diario le repiten que todos están con la revolución, y que escoja entre
"patria o muerte".
Los reclamos de los opositores en cierta medida coinciden con los
intereses de la población. Todos queremos cambios, pero no todos están
dispuestos a recibir palos. Además, quien disiente también enfrenta
problemas laborales, con la seguridad del Estado y los Comité de Defensa
de la Revolución, lo cual resulta en más hambre y necesidad.
Debe pensarse en qué forma se convoca el pueblo. Gritar consignas en
contra del gobierno en público, es una acción valiente y arriesgada,
pero poco inteligente. Estos actos se consideran por la legislación
penal "acciones delictivas".
La desobediencia no implica necesariamente infringir la ley. Desobedecer
es resistir pacíficamente a las exigencias o mandatos del poder
establecido. Otra cosa bien distinta es violentar preceptos legales.
A la hora de convocar a la población debe estudiarse qué acciones se
pretende realizar. El objetivo no es enfrentarse a las autoridades; es
ganar los espacios que el gobierno descuida o que no tiene la capacidad
de cubrir. No es provocar, es actuar con inteligencia dentro del límite
de lo legal. Debe hacerse lo que no hacen las autoridades: cumplir con
la ley.
Que un grupo de personas camine por las calle en silencio, no es delito.
No alteran el orden público. Tampoco lo es usar una prenda determinada
(camiseta, pulso, etc.). Si por alguno de estos motivos las autoridades
policiales le detienen estarían actuando fuera de la ley. Eso vale la
pena que el mundo lo conozca.
Lo principal no es ganar las calles. Es conquistar la confianza de la
población, no representar una amenaza para ella. Es convertirnos en la
única alternativa posible para el cambio.
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