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Friday, November 18, 2016

Trump, Cuba y la reconsideración del deshielo

Trump, Cuba y la reconsideración del deshielo
[17-11-2016 21:53:56]
Julio M Shiling
Escritor y politólogo

(www.miscelaneasdecuba.net).- Donald J. Trump acaba de convertirse en el
cuadragésimo quinto presidente de los EE UU. Esta proeza lograda con el
apoyo mayoritario de la clase trabajadora norteamericana, donde quedó
demostrado que más que el género, la religión, la afiliación de partido,
la raza o la etnia, lo que impulsó a los estadounidenses votar por el
empresario neoyorquino fue la visión unísona de que imperaba la
necesidad de un cambio de curso en la tierra de Washington y Lincoln.
Esta elección histórica que augura dejar como resultado final un cambio
sociopolítico paradigmático, no significa sólo un clamor a la acción
contra una globalización que urge reajustes profundos para remediar
toxicidades que ha infligido, desproporcionalmente, a los obreros sin
formación académica en el primer mundo, o contra un elitismo
ideologizado que insiste en dominar el lenguaje y la cultura para así
intentar aherrojar las mentes y las actitudes del resto de la sociedad.
No. Esto ha sido también un referéndum sobre la presidencia larga de
Barack Obama.

El primer presidente estadounidense de la raza negra, cargó sobre sus
hombros las expectativas de que su gobierno trazaría un camino de cambio
y esperanza. Ocho años después, la administración de Obama y la política
que prosiguió fue, paradójicamente, una de alimentar el orden
globalizado imperante donde los más pudientes económicamente se
alinearon con él y vieron en reciprocidad, su riqueza crecer
geométricamente, mientras la gran multitud de abajo, se fue convirtiendo
en más invisible y menos relevante, excepto en la retórica oficialista.
La política exterior de Obama, aunque menos entendida por el ciudadano
estadounidense, formó parte de esta gesta presidencial fracasada que fue
rechazada en las urnas este pasado 8 de noviembre.

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los EE UU y
Cuba comunista y todos los apéndices que han acompañado dicha política,
constituye una de las piezas percibidas como estelares en la vitrina
presidencial de Obama. Poniendo a un lado los cuestionamientos serios
sobre los muy debatibles méritos del llamado "deshielo", lo indiscutible
es que dicha política fue construida y está sustentada sobre hojas de
papel que portan una firma presidencial exclusivamente y no una
validación del congreso. En otras palabras, al no haber pasado estas
medidas por el debido proceso deliberativo y democrático que requiere el
fundamento de la separación de los poderes (elemento clave en una
democracia), el pacto no escrito entre Obama y los Castro no es ley y
puede ser anulado con la misma facilidad que fue impuesta: con la firma
del jefe ejecutivo electo. ¿Qué hará el presidente electo Trump, a
partir del 20 de noviembre del año entrante, con la serie de acciones
ejecutivas obamistas que sostienen la política actual con La Habana?

En Gettysburg, un pueblo en el estado de Pensilvania donde se llevó a
cabo una batalla dura de 2 días en 1863 que decidió la Guerra Civil
Norteamericana a favor de la Unión (el Norte) y posteriormente honrando
los caídos en dicho conflicto, el Presidente Abraham Lincoln pronunció
su discurso más famoso. Fue ahí donde Trump emitió el Contrato con el
Votante Estadounidense. En esta programación de acción, el presidente
electo delineó un curso generalizado de seguir en los primeros cien días
de su gobierno. Este compromiso de campaña, contiene seis medidas para
frenar la corrupción y el tráfico de influencia en el gobierno, siete
acciones replanteando acuerdos y prácticas comerciales, diez actos
legislativos seminales que le recomendaría al Congreso implementar y
cinco cursos de acciones ejecutivas diseñadas para fortalecer el Estado
de derecho en los EE UU y revertir percibidos debilitamientos a la
seguridad nacional y el orden constitucional, producto del activismo
unilateral del ejecutivo que Obama desempeñó. Es en este grupo del
accionar presidencial prometido, donde Trump se pronunció a favor de
"cancelar cada orden, memorándum y acción ejecutiva inconstitucional
emitido por el Presidente Obama". Es en esta sección del Contrato
(promesa electoral) donde podría entrar la reconsideración de la
política obamista hacia el castrismo.

Antes de ofrecer cualquier recomendación sobre la ruta que el nuevo
ocupante de la Casa Blanca debe tomar con respecto a Cuba, es
fundamental esclarecer dos puntos. Primero, ¿qué es lo que se quiere
para Cuba? El segundo factor de tomar en cuenta es ¿qué es lo que se
considera ser lo más perjudicial para el dominio dictatorial
castrocomunista? En el primer punto, claro tiene que estar que lo que se
quiere para Cuba (o se debe de querer) es nada menos que plena libertad,
un Estado de derecho en una república constitucional y que sea,
incondicionalmente, libre, soberana y democrática. Un régimen
post-totalitario que transite hacia un autoritarismo con mayores
espacios económicos y algunos otros en lo social, sería insuficiente y
los cubanos nunca se deben de trazar por una formulación de ese tipo.
Tampoco una oligarquía dictatorial con disfraces democráticos, como es
el caso en la Rusia de Vladimir Putin, sería bueno. Ni siquiera un
modelo de monopartidismo con entornos de libertades selectas, como fue
el caso de México bajo la hegemonía del PRI, debe de ser una estación
sociopolítica aceptable. El segundo factor, la formulación de
estrategias para debilitar y quebrar el orden dictatorial existente en
Cuba, contiene en sí una serie de variables y coloca el análisis en aras
más complicadas, ya que hay una mayor variedad de particulares por
considerar y algunos mitos que hay que exponer y enterrar.

Una dictadura como la está operando en Cuba hoy, se mantiene por su
capacitación exitosa de controlar estrictamente el comportamiento de la
mayor parte de la población. Esto lo logra principalmente por el uso
integrador del terror (directo e indirecto) y la represión y del control
monopolista de los medios de producción, de distribución, y de los
mecanismos para la movilidad social. La maquinaria necesaria para
reforzar este operativo impresionante cuesta una enorme cantidad de
dinero. Esto es un gran dilema para el castrocomunismo, porque a la
misma vez que urge de grandes cuantías de capital para costear el Estado
policiaco, su sistema socioeconómico al ser altamente improductivo, es
incapaz de enfrenta su necesidad de abastecer su costo de manutención
dictatorial y suministrar necesidades básicas a un pueblo. Ahí es donde
entra en el juego, la antigua URSS y la Venezuela chavista, como
transferentes de riqueza para subvencionar el comunismo cubano.

Dentro de cualquier proposición que busca promover el fin del statu quo
dictatorial, hay varios mitos que hay que destruir. Parte del problema
con recetas para la democratización, es que muchas de ellas brotan de un
entendimiento erróneo acerca de la esencialidad y la composición
estructural operativa del régimen en cuestión. Los modelos de despotismo
totalitario, esos donde el control político se extiende hacia todas las
esferas de la vida pública y privada (lo económico y los social) y
típicamente el monopolio del poder se sustenta con alguna adhesión
ideológica (aunque sea en el sentido figurativo), no funcionan
soluciones que pueden haber sido viables en su aplicación a dictaduras
autoritarias (control despótico sólo en el espacio político). Un ejemplo
de esto es interpretaciones falsas acerca del turismo.

La idea que el turismo extranjero contribuye a producir transiciones
democráticas en dictaduras totalitarias, es absurda. China comunista, el
tercer principal recipiente de turismo en el mundo (en menos de una
década será el segundo), ha falsificado el cuento que el turista foráneo
es un motor de cambio político. Lo que sí indiscutible, es que el mismo
es una fuente monumental de capital que posibilita que la red represiva
cuente con el dinero para continuar sus operaciones siniestras. Otro
mito es la cuestión de operar una empresa pequeña o mediana "privada" en
un régimen totalitario.

Empresarios no estatales en dictaduras como la cubana, son permitidos
operar dentro de un marco estrictamente regido por una concesión que el
poder político le extiende. Operan como socios del Estado y no como
entidades independientes con derechos y autonomía. El fascismo italiano
y alemán, desde los 1920´s hasta los 1940´s, funcionó bajo la premisa
que las empresas privadas cumplían una función política y en base a eso
es que se les permitía existir. La Nueva Política Económica de Lenin y
sus perfeccionamientos con el comunismo asiático (China, Vietnam. Laos),
dejan una muestra lúcida de lo que constituye el principio fascista de
cooptar y dominar el sector no estatal. En palabras más crudas,
empresarios en dictaduras comunistas son lacayos del sistema y harán
nada para perturbar los privilegios que reciben, ni vociferarán algo
contestatario.

La premisa que sustenta el argumento equivocado de que, tanto el
turismo, el sector no estatal, el intercambio "pueblo a pueblo", etc.,
son capaces de arrancar el motor democratizador, es la suposición errada
de que existe una sociedad civil verdadera y relevante en una dictadura
totalitaria. Esto facilita comprender la evidencia abrumadora e
impactante que son los casos de China comunista y Vietnam. No existe
una sociedad civil en regímenes de dominación total, sólo hay una
sociedad paralela que está ligada a la estructura política para alcanzar
cualquier nivel de movilidad.

Medidas que buscan "aliviar" desde afuera situaciones críticas que
brotan de fallos sistémicos, sólo distancian la posibilidad de ver
modificaciones o reformas sustanciales al sistema (donde está el
problema). El castrocomunismo busca la eternización en el poder. Harán
lo que tengan que hacer para intentar lograrlo. Si dádivas comerciales y
concesiones financieras le llueven, ¿qué incentivo tendrían de alterar
el modelo? ¿Por qué van a ceder control en los entornos sociales y
económicos, sí se les permite operar así?

El Presidente Trump debería de reconsiderar cada una de las medidas
firmadas por su predecesor, que fueron emitidas en cinco grupos
("paquetes") a través de 2015 y 2016. También es fundamental examinar
los detalles de las negociaciones secretas que Obama inició desde 2009
con la dictadura castrista. La transparencia es vital, sobre todo dado
el hecho de que durante ese mismo tiempo, Cuba fue parte de varios actos
ilícitos a nivel internacional en el tráfico de drogas, el de armas y
sus convenios internacionales y de injerencia en los asuntos de otros
países.

En cuanto a las relaciones diplomáticas, no es de apostar y ganar, que
Trump las va a echar atrás. Estas han de seguir, pero anticipo que será
en términos diferentes. En el escrutinio que su administración debe de
hacer de todo lo que la firma de Obama legalizó, debe de primar la
consideración de a quién sirve principalmente cualquier medida. La
facilitación de dispositivos electrónicos a la población civil cubana es
algo favorable, como también lo es la mejoría en servicios de internet y
la asistencia financiera a familiares en Cuba. Entre otras medidas
escasas que se pudiera rescatar, es el lenguaje que habla de la
posibilidad de abrir oficinas en Cuba estableciendo una "presencia
física", la de transferencias de recursos a cubanos y ONG´s
independientes (incluyendo la de DD HH), el de promover mecanismos
educativos dentro de la Isla, etc. En otras palabras, existe como una
parte minoritaria de las medidas, dentro de los cinco dispositivos
ejecutivos de Obama, un lenguaje que se pudiera estructurar en una
práctica de confrontación al régimen castrocomunista y ayudar formular
una ofensiva proactiva. No creo, ni remotamente, que esa era la
intención de Obama, ni mucho menos del castrismo, pero es un terreno que
con imaginación y voluntad, una nueva política hacia Cuba pudiera hacer
uso de eso.

El groso de los acuerdos entre Obama y los Castro, sin embargo, todas
esas acciones ejecutivas que le proporciona la posibilidad de inundar
singularmente las arcas de las empresas oficialistas del régimen cubano
y sus protegidos con capital norteamericano, deben de ser revertidas o
remendadas, lo antes posible. Cuba comunista debe de ser incluida
nuevamente en la lista de países que proporcionan el terrorismo y los EE
UU debe de fortalecer su vigilancia del operativo de espionaje castrista
que elabora ahora sus artimañas y sus crímenes, desde su embajada en
Washington.

Por último, el Presidente Trump debería, como buen negociador de
acuerdos según él mismo nos ha recordado, condicionar que el
castrocomunismo se comporte civilizadamente con todos los cubanos que
piensan diferentes, que discrepan y que lo quieren expresar
públicamente. Empresas que algún día podrían estar contratando a cubanos
para empleo, deberían poder hacerlo directamente y no por una agencia
oficialista de la dictadura. También hay tres enormes injusticas, no ya
aplicable a los cubanos directamente, sino al propio pueblo
estadounidense, que aún queda por resolverse.

La Administración Trump debería exigir que el castrocomunismo se
responsabilice por los ocho mil millones de dólares (dólares actuales)
en propiedad norteamericana que le robó a más de seis mil individuos o
empresas de los EE UU. ¡Esto representa el mayor saqueó de propiedad
estadounidense sin indemnización en la historia! Existe, adicionalmente,
más de dos mil millones de dólares que se está lavando en Cuba, producto
del fraude al Medicare/Medicaid, a tarjetas de crédito, a pólizas de
seguro, etc. Todo este dinero se debe recuperar. También está el hecho
de que Cuba comunista ha sido y permanece siendo un refugio para
criminales y prófugos de la ley norteamericano. Tienen que ser
retornados estos individuos a los EE UU para que enfrenten la justicia.
Estos últimos tres factores, valga la redundancia, conciernen netamente
a los EE UU.

La luna de miel que la dictadura comunista de Cuba ha disfrutado con el
gobierno de Obama y los intereses comerciales que éste ha representado,
le queda hasta el 20 de enero de 2017. A partir de ahí, las reglas no
serán las mismas. Considero que el castrismo está consciente de eso.
Deben de estar buscando una serie de opciones alternas para la
supervivencia. La fiesta que han tenido por ocho años se les acabó.

Source: Trump, Cuba y la reconsideración del deshielo - Misceláneas de
Cuba -
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/582e18e43a682e13c8ffa8c7#.WC8NXfkrL6Q
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