Churre de archivo
[07-03-2014 14:04:29]
Tuixpadre
Pseudónimo
(www.miscelaneasdecuba.net).- Desde cuando llegó a mi lado le lancé
directo a la cara: "Compadre, con esa gordura no te vas a morir ni en
seis meses." Él solo dejó escapar con ganas una carcajada sonora y larga
que me hizo su amigo de inmediato. Jamás lo había visto antes, pero su
alma buena me llegó de súbito, de un empujón. Se le podía ver a través
de la piel y el exceso de grasa su buen corazón. Se sentó a mi lado sin
pedir permiso, soplando un poco la basura del suelo que arremolinaba el
viento alrededor de mi cuerpo. "Vengo a hacer una huelga de hambre
contigo." Me dijo sin alguna otra explicación.
Poco a poco supuse todo la lucha interior que llevaría a esta persona a
solidarizarse conmigo hasta el punto de estar dispuesto a perder su vida
por ayudarme. ¿Tendría familia? Seguro que sí. Me puedo imaginar a la
cantidad de argumentos y de opiniones de seres queridos y allegados que
tuvo que escuchar, quienes le pedían encarecidamente que no se uniera a
aquel loco sentado en el parque a la intemperie de este país tropical.
El gordo se sopló los mocos con un pañuelo de color indefinido y se sacó
con algo de dificultad del bolsillo trasero un pomo de agua descolorido
y arrugado marca Ciego Montero azul. "¿Quieres agua?" "No gracias mi
hermano. Aquí tengo suficiente." Le mostré un pomo igual, pero de litro
y medio que me había llevado del refrigerador de la casa. El agua tenía
sabor a cloro y olía a aceite de motor quemado, pero era buena, potable.
Le observé con detalle y él se dejó, manteniendo la vista al frente
sobre algún punto impreciso de las fachadas despintadas de las viviendas
de uno de los laterales del parque. Estaba sudado y la camisa dejaba ver
manchas blancas por la acumulación de las sales que escapan por los
poros. No tenía peste a grajo, aún. Me miró directo a los ojos y habló
con un candor que me provocaba darle un abrazo inesperado a medio
cocinar. "Escuché por Radio Martí sobre el inicio de tu huelga de hambre
cuando te votaron del policlínico ese y te inhabilitaron el título para
que no puedas ejercer más tu carrera".
"El policlínico es ese", le indiqué una edificación bajita pintada de
azul con un buen ajetreo de personas a su alrededor. "Por eso elegí este
lugar, para que ellos me tengan presente todo el tiempo y para que los
elementos hagan un mayor efecto sobre mi salud. Ya veremos. Y pensar que
todo comenzó por una carta que le escribí al ministro reclamándole un
aumento de salario para todos mis colegas."
En un poste de la esquina una camioneta panelito sin marcas de empresa
servía de pedestal para que un par de técnicos en overol instalaran una
cámara de circuito cerrado de televisión. Por como manejaban las
herramientas se veía que sabían lo que hacían. El aparato es negro y
redondo, se confundiría con un farol más si todos los del pueblo no
estuvieran fundidos o rotos.
"Los médicos de verdad están pasando un trabajo del carajo". Habló el
gordo sin mirarme. "Yo sé que ganan menos que un limpia pisos, que los
hospitales y otros centros asistenciales se están cayendo a pedazos, que
no hay medicinas, que no existe el instrumental adecuado ni inadecuado,
que los recursos y los alimentos escasean, y que casi todos
profesionales de la salud intentan de alguna forma salir del país en
misión o colaboración para buscarse algunos chavitos. Se han convertido
en la nueva moneda de cambio del gobierno. Médicos por petróleo. Eso
está bueno cará.
Y ni siquiera tienen batas desempercudidas para asistir a sus consultas
o sus puestos. No las hay. Los únicos galenos que tú ves con batas
blanquitas son los del Minint o de las FAR, nadie más."El gordo se secó
el sudor de la frente con el mismo pañuelo de los mocos. En una de las
esquinas del parque un pequeño grupo de hombres de edad mediana, buena
ropa y zapatos, les miraban atentamente y hablaban entre sí con cara de
serios. Varios conversaban constantemente utilizando teléfonos
celulares. "Son agentes de la Seguridad" le dije al gordo cuando le vi
percatarse de ellos.
"Los conozco cuando hablan en exceso por los celulares. Ningún cubano de
a pie puede hablar tanto tiempo por ellos pues se arruina. Para estos
genízaros es gratis. Es su instrumento de chivatería número uno".
Un par de los agentes de los celulares se acercó con paso resuelto y
emplazaron al gordo apenas llegaron. Extrajeron un carnecito con unas
letras grandes amarillas DSE. "Oiga ciudadano. Póngase de pie. No puede
estar ahí. Tiene que marcharse".
El gordo los miró desde el suelo y con un cansancio muy grande les
respondió: "Este es un parque público. Nada dice que no puedo estar
sentado aquí todo el tiempo que me dé la gana. Yo soy abogado". Los
oficiales le observaron unos segundos más y se marcharon. Volvieron a
sus rincones y a los celulares.
Yo, divertido, miré al gordo de nuevo. "Oye gordo, esto es hasta el
final". Él tan solo me observó unos instantes y volvió a mirar al
frente. "No esperaba menos". Me dijo serio. "Vamos a estar aquí hasta
que me devuelvan mi título y los altos jefes se ocupen. Si no, nos morimos".
El gordo solo asintió. En la otra esquina parqueaba una camioneta Ford
con el logotipo de la CNN. De alguna forma se había establecido una
especie de instantánea afinidad con aquel personaje salido de no sabía
dónde, tal vez una empatía nacida del duro bregar en las calles de las
ciudades cubanas que te enseña a descubrir a un ciudadano potente con
tan solo mirarlo, la piel que se te pone dura de tanto enfrentar el
miedo y a los numerosos agentes de la infinidad de cuerpos represivos
del sistema kafquiano.
El gordo se arrecostó mejor a la farola que nos servía de respaldar.
Observó con detenimiento mi facha de una semana a solo agua por fuera y
por dentro y se sonrió. Me habló con una voz gruesa y amable. "Oye
flaco, hueles a churre de archivo. ¿Tú nunca has revisado un gavetero
viejo lleno de papeles en un día lluvioso saturadito de humedad? Es como
el olor de un perro húmedo". Me reí con ganas de nuevo. Este tipo estaba
loco. Loco de los buenos, de los que nos hacen falta para alegrarnos la
vida. La risa me produjo calambres en la zona abdominal.
Me duele la cabeza ligeramente y sé que si intento ponerme de pie me van
a dar mareos. Llevo una semana sin ingerir alimentos. La Seguridad no
puede sacarme del parque hasta cuando quede inconsciente. No mientras
esté la televisión aquí. Deben de estar produciendo un Reality Show de
primera mano. El gordo me hizo seguirle la mirada hacia la esquina más
lejana del parque.
Un pequeño grupo de personas caminaba rápido hacia nosotros. Portaban
algo en las manos y temí que fuese una de esas brigadas de respuesta
rápida que nos viniera a montar un brutal acto de repudio y a
desalojarnos del parque violentamente. Cuando se acercaron más pude
percatarme que lo que traían en las manos eran simples frazadas y
botellas de agua Ciego Montero rellenadas. El parque comenzaba a animarse.
(Esta es una historia tomada de una situación real. El médico, bloguero
contestatario, estuvo todo el mes de marzo 2012 de huelga en el parque
hasta cuando el gobierno decidió restituirle su título y su trabajo. Tan
tarde como febrero del 2014 el gobierno de Raúl decide aumentar unos
pesos a los salarios de los médicos y de todo el personal de salud.)
Source: Churre de archivo - Misceláneas de Cuba -
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/5319c3dd3a682e15284156fc#.UxtR1vldUx4
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