Laritza Diversent Cámbara
LA HABANA, Cuba, junio (www.cubanet.org) - El gobierno, antes de aplicar
una medida que afecta directamente a la población echa a rodar una bola.
De boca en boca hace correr un comentario para conocer la reacción de la
gente. Luego decide si se aplica o no, y con ello salva responsabilidades.
El gobierno no se vale de medios de comunicación ni de notas oficiales.
Recurre a los chismes de pasillo para no preguntar directamente al
pueblo lo que piensa.
Esta vez el asunto fue diferente. Los reportajes periodísticos han
tratado de frenar la avalancha. Los terremotos ocurridos en China
coincidieron con la escasez del producto básico de la alimentación de la
población, muy relacionado con la agricultura asiática: el arroz.
El precio del cereal ascendió vertiginosamente en menos de un mes. La
libra aumentó de 3.50 a 10 pesos. El gobierno está preocupado. Insiste
en que mantendrá la cuota subsidiada del producto. Su pronta respuesta
nos anuncia que temen una explosión social de mayor envergadura que la
del 94. Saben que una población cansada de tanta escasez, represión y
miedo es capaz de cualquier cosa.
Según el VI pleno del Partido Comunista, la producción de alimentos es
una cuestión de seguridad nacional. La reforma en el sector agrícola es
una de las prioridades del gobierno.
El llamado salto para producir más comida es un salto al vacío, o un
triple salto mortal –dice un amigo. El marabú que ha crecido durante 50
años no desaparece en 50 días.
Partido y gobierno se empecinan en incrementar la producción
agropecuaria con disciplina y mano dura. Con tal de no perder los
privilegios y el poder son capaces de matar de hambre al pueblo.
Por otra parte, el contexto mundial es diferente al de principios de la
década de los 90, cuando nos hundimos en la depresión económica de la
que aun no hemos salido. Entonces se trataba de un problema de Cuba.
Hoy, la crisis alimentaria recorre el planeta.
El gobierno tiene dos caminos: aceptar las exigencias nacionales e
internacionales para hacer transformaciones democráticas. O sumir en
hambre a la población. Las recientes políticas aplicadas indican que
escogió la segunda opción. Pobre de nosotros si no encontramos una vía
que lo obligue a cambiar el rumbo.
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