Oscar Mario González
LA HABANA, Cuba, julio (www.cubanet.org) - Algunos asocian el reciente
vendaval represivo de los cuatro días de julio, que van desde el día dos
hasta el cinco de propio mes, con el preludio de un verano sofocante.
Fue muy dañino; no tanto por lo intenso sino por lo extendido y original.
Lo primero, la extensión, porque afectó a todas las regiones de Cuba
situadas entre los extremos oriental y occidental del país. Lo otro, la
originalidad, se refiere a los intentos del gobierno cubano por impedir
la asistencia a los actos por el Día de la Independencia de Estados
Unidos, a celebrarse en la residencia del jefe de la Oficina de
Intereses de esa nación, hecho este que carece de precedentes.
Según me refiere el director del Consejo de Relatores de Derechos
Humanos, Juan González Leyva, quien personalmente estuvo monitoreando
los acontecimientos, la acción represiva se prolongó por espacio de
cuatro días y en su punto más álgido llegó a tener cerca de 80
detenidos en las estaciones de la policía y a otros tantos conminados a
permanecer en sus provincias. Estos últimos fueron visitados por agentes
de la Seguridad del Estado quienes, entre otras advertencias, les
amenazaban con formularles cargos por "peligrosidad social" en caso de
que asistieran a los festejos.
En total y, según el citado Consejo que avala las denuncias con nombres,
apellidos y direcciones, ciento sesenta disidentes, opositores y
periodistas independientes fueron de una u otra manera afectados.
Pese a todo, la fiesta se llevó a cabo sin interferencias de las
autoridades aunque, eso sí, con un despliegue policial impresionante en
toda el área próximo a la residencia del jefe de la Oficina de Intereses.
Lo más representativo de la oposición pacífica y el periodismo
independiente se dieron cita para rendir honores a uno de los
acontecimientos más importantes de la historia contemporánea. A pesar de
la tensión, las amenazas y los peligros, la emergente sociedad civil
cubana supo responder con valentía y entereza.
También el cuerpo diplomático acreditado en nuestro país tuvo una fuerte
presencia, así como la Iglesia Católica, que no fue ajena al acto
festivo. A pesar de tantos pesares , la concurrencia fue similar a la
del pasado año.
Las palabras del señor Michael Parmly fueron breves y, a mi modo de ver,
respetuosas, mesuradas y apropiadas a la fecha y al estado de ánimo de
los asistentes. En lo fundamental, su discurso resaltó la vigencia de la
Declaración de Independencia de las Trece Colonias y de cómo el ideal de
libertad y de respeto a los derechos humanos en ella contenidos, son
aspiraciones y metas presentes en el corazón del hombre de hoy y de siempre.
El gobierno cubano, que en esta ocasión trató de frustrar y de restarle
brillo al acto por el Día de la Independencia de los Estados Unidos de
Norteamérica, otros años ha festejado la ocasión. Incluso con actos
centrales en el mayor teatro del país, el Carlos Marx, antiguo Blanquita.
La política tendrá sus vaivenes, sus altas y bajas; sus andares por
veredas estrechas o por anchas alamedas, pero estoy seguro de que en el
corazón de la mayoría del pueblo de Cuba, anida un profundo sentimiento
de amor y amistad hacia el pueblo norteamericano y hacia la gran nación
de América.
Sin lugar a dudas el reencuentro entre ambos pueblos tendrá la
efusividad y viveza propias de un deseo de amor y solidaridad contenido
durante décadas, por la inútil terquedad de algunos. No sé si viviré
para verlo pero estoy seguro de que así será.
No comments:
Post a Comment