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Tuesday, June 10, 2008

UNA MANERA MÁS DE VER LA LIBERTAD

UNA MANERA MÁS DE VER LA LIBERTAD

León Padrón Azcuy

Dedicado a los defensores del liberalismo dentro de Cuba.


Hace algunos días, apenas terminada la lectura del libro Un alma en el
Exilio, del escritor inglés Joseph Pearce sobre la vida del novelista y
disidente ruso Alexander Solshenitsin, cayó en mis manos Las Columnas de
la Libertad, uno de los últimos libros de Carlos Alberto Montaner,
eminente profesor y teórico liberal cubano.

Luego de varias y atentas lecturas, considero importante comentar uno de
sus capítulos, que pone de relieve ideas y sentimientos insoslayables
para quienes defendemos el liberalismo, corriente de pensamiento
presentada como jinete del Apocalipsis por los gobiernos populistas de
la izquierda recalcitrante y que, de manera enfermiza, falsea sus
preceptos y fundamentos. La visualización superficial del entramado
conceptual del liberalismo ha confundido incluso a quienes creen
sentirse sus adeptos.

En el capítulo La hora del liberalismo, el autor comienza haciendo
referencia al Manifiesto Liberal de Oxford...

"Hace algo más de medio siglo, un grupo de políticos e intelectuales
europeos, bajo el liderazgo del escritor español Salvador de Madariaga,
entonces exiliado en Londres, se reunió en Inglaterra para redactar el
manifiesto con el que la Internacional Liberal surgía a la vida pública."

Para quienes defendemos esta tendencia política en Cuba, es importante
estudiar el espíritu del Manifiesto Liberal de Oxford y La Agenda
Liberal para el Siglo XXI, documentos cumbres de la Internacional
Liberal. En ellos encontramos la esencia de nuestras ideas. Sus
postulados, claros y profundos, brindan una auténtica visión del
pensamiento liberal moderno.

Más adelante, el ensayista, al rememorar la historia, destaca lo difícil
de aquellos tiempos para presentar una defensa coherente del pensamiento
liberal. Explica con claridad el slogan que prevaleció en Occidente, que
acentuaban la supremacía del Estado sobre los seres humanos.
Análogamente, los soviéticos implantaron su esquema totalitario en la
Europa Oriental, que hoy perdura en la Cuba socialista; estatismo,
planificación y un aparato burocrático que nos diseña nuestras vidas.

"El gesto tenía mucho de provocación. El nazi fascismo, es cierto, había
sido derrotado, pero la URSS, envalentonada, avanzaba imparable sobre
Europa oriental, mientras en todo Occidente se rendía culto al estatismo
y se primaba "lo social" sobre lo "personal". En aquellos aňos defender
las libertades individuales, los derechos de propiedad y la supremacía
de la sociedad civil no estaba, francamente, bien visto. Eran tiempos en
la que prevalecía la superstición de que la economía era una ciencia más
o menos exacta, y no se podía dejar la compleja tarea de producir o
distribuir al criterio poco educado de los empresarios. "Planificación"
era la consigna universal. Planificación, claro llevada a cabo por
expertos burócratas encuadrados en los gobiernos. Tiempos en los que la
idea keynesiana de utilizar el gasto publico para estimular la demanda,
y así crecer ininterrumpidamente con pleno empleo bienestar para todos,
había desplazado otras formulaciones mas sensatas que advertían en esta
política el punto de partida de una voracidad fiscal que acabaría por
destruir el ciclo de ahorro e inversiones, así como el inicio de un
devastador proceso inflacionario."

En el desarrollo de La hora..., Montaner señala el despegue del
liberalismo. Y menciona a otros pensadores que también robustecieron las
ideas liberales. Y menciona a Hayek, a quien retoma cuando apunta....


"El manifiesto redactado en 1947 por liberales era, por lo menos, lo
que hoy llamaríamos "políticamente incorrecto". No trataba de justificar
la existencia de la propiedad privada adjetivándola con una supuesta
"función social" que reivindicara. Sin propiedad privada no era posible
salvaguardar las libertades individuales o progresar de forma sostenida.
No rehuía los mecanismos de mercado. Por el contrario, proclamaba, a
cara descubierta, el compromiso de los liberales con la libertad
política y con la economía. Y decir esto, a mediados de siglo XX, era
una herejía. El liberalismo parecía superado. Nadie recordaba las
reflexiones de la Escuela de Austria de fines de XIX, que había
conseguido perfeccionar la economía clásica de Smith o Ricardo, y todos
pretendían ignorar la obra de Ludwig von Mises, un austriaco que había
demostrado la imposibilidad matemática de calcular las infinitas
posibilidades del mercado. Incluso un best séller, Camino de
servidumbre, escrito por Hayek, conseguía despertar la curiosidad de los
lectores, pero simultáneamente recibía el desdén del mundo académico.
Ser antisocialista, en cualquiera de sus variantes, era pertenecer al
desacreditado mundo de la burguesía reaccionaria.

Pero pasó el tiempo, y en todas partes comenzó un proceso de
rectificación de las viejas ideas del vecindario socialista
desacreditadas por la realidad.

En 1974 la academia sueca le otorgo a Hayek el premio Nóbel de economía
señalando con ese gesto el inicio de la reivindicación del pensamiento
liberal. Fue solo el primero. Luego recibieron galardón otros pensadores
liberales: Milton Friedman, James Buchanan, Gary Becker, Douglass North,
Ronald Coase o Robert Lucas. Unos desde la economía pura o el derecho,
otros desde la sociología o la historia, todos coincidían en la misma
demostración: para lograr el desarrollo y mantener la prosperidad era
clave la existencia de la propiedad privada tutelada por instituciones
de derecho, todo ello enclavado en sociedades en las que reinaba el
individuo y en las que el Estado tuviera la menor incidencia posible en
las transacciones del mercado".

El autor nos invita a comparar diferencias entre sociedades cerradas y
aquellas que ofrecen oportunidades y, acentúa además, las consecuencias
afrontadas por aquellas naciones sometidas a los designios de un solo
pensamiento.

El liberalismo, enemigo jurado de los regímenes totalitarios, se erige
hoy, en muchas naciones, como una alternativa capaz de brindar libertad
y oportunidades. En nuestra región, llegado el momento, hay suficientes
muestras que pudieran servir de ejemplo para Cuba,. Así lo refleja La
hora del liberalismo, del libro Las Columnas de la Libertad.

"No obstante, el gran espaldarazo al liberalismo no vendría del
reconocimiento de su peso intelectual -la mas sólida corriente de
pensamiento en nuestros días-sino de la crisis del llamado socialismo
real y del descrédito total de sus variantes populistas. La
Perestroika-una tácita aceptación del desbarajuste de las economías
planificadas-, la caída del muro de Berlín en 1989 y la desaparición de
la URSS serian los hitos fundamentales, pero no los únicos. En América
Latina ningún país fue inmune al signo de los tiempos. El peronismo
argentino se convirtió en otra cosa. El PRI mexicano- por lo menos una
parte- sin demasiado éxito intento sacudirse el lastre populista. Los
partidos socialcristiano de Chile, Venezuela y Costa Rica se desplazaron
en la dirección liberal. De pronto, el liberalismo quedaba como única
opción razonable. Sus enemigos se quejan acusando a quienes lo defienden
de tratar de imponer un "pensamiento único". No es eso: ¿Cuáles son las
alternativas disponibles?

Hace cincuenta aňos Madariaga escribió el Manifiesto en español y luego
el mismo lo tradujo a las otras lenguas que dominaba. Es la hora del
liberalismo. Madariaga, con todo derecho, descansa en paz. Su obra ha
fructificado."

El régimen totalitario de Cuba no ha escatimado esfuerzos en tratar de
desacreditar el ideario liberal. Presenta los peores ejemplos en América
Latina,- Arnoldo Alemán y Alberto Fujimori (ambos pararon en la
cárcel)-, que se presentaron como liberales y sus mandatos estuvieron
plagados de clientelismo y corrupción; estas lamentables realidades son
presentadas por la izquierda populista para manipular y confundir.

A su vez, responsabilizan a los liberales de los males de la región. El
autor reivindica la legitimidad del liberalismo moderno y dilucida, con
una adecuada ilustración, sus preceptos para desmentir la demagogia de
izquierda y establecer una nítida diferenciación entre ideología y
tolerancia, así como la adecuación de los liberales a los demás
criterios. Y nos invita a leer al iniciador del liberalismo moderno.


"¿Son tan malos como dicen sus adversarios? A juzgar por los ataques de
la Internacional Socialista, los liberales son poco menos que una
pandilla de desalmados que profesan una perversa ideología consagrada a
la explotación de los pobres".

Eso es una tontería. Comencemos por rechazar la errada suposición de que
el liberalismo es una ideología. Una ideología es siempre una concepción
del acontecer humano –de su historia, de su forma de realizar las
transacciones, de la manera en que deberían hacerse-, que parte del
rígido criterio de que el ideólogo conoce de donde viene la humanidad,
por que se desplaza en esa dirección y hacia donde debe ir. De ahí que
toda ideología, por definición, sea un tratado de "ingeniería social", y
cada ideólogo sea, a su vez, un "ingeniero social". Alguien dedicado a
la siempre peligrosa tarea de crear "hombres nuevos", no contaminados
por las huellas del antiguo régimen. Solo que esa actitud,
lamentablemente, suele dar lugar a grandes catástrofes, y en ella esta,
como señalo Popper, el origen del totalitarismo. Cuando alguien
disiente, o cuando alguien trata de escapar del luminoso y fantástico
proyecto trazado por el "ingeniero social", es el momento de apelar a
los paredones, a los calabozos y al ocultamiento sistemático de la
verdad. Lo importante es que los libros sagrados nunca resulten
desmentidos. Un liberal, en cambio, tiene que someter su conducta a la
tolerancia de los demás criterios, y debe estar siempre dispuesto a
convivir con lo que no le gusta. Un liberal no sabe hacia donde marcha
la humanidad y no se propone, por lo tanto, guiarla a sitio alguno. Ese
destino tendrá que forjarlo libremente cada generación de acuerdo con lo
que en cada momento le parezca conveniente hacer. El liberal se limita a
crear el marco institucional para que la convivencia sea fructífera y
pacifica".

La vasta obra de esta corriente política es un referente para los
liberales cubanos de hoy. El papel del mercado, los principios y
postulados de esta corriente de pensamiento nos impone un gran reto a
los que dentro de Cuba defendemos el liberalismo Los cubanos somos
victimas de una total intromisión del estado en nuestras vidas. Lo que a
continuación exponemos del capitulo de Las Columnas de la Libertad puede
ayudarnos a comprender estas razones:

"Al origen moderno del liberalismo hay que localizarlo en Inglaterra. En
efecto John Locke, tras contemplar los desastres de Inglaterra a fines
del siglo XVII, cuando la autoridad real británica absoluta entro en su
crisis definitiva ,dedujo que, para evitar las guerras civiles , la
dictadura de los tiranos y los excesos de la soberanía popular, era
conveniente fragmentar la autoridad en diversos "poderes", además de
depositar la legitimidad de gobernantes y gobernados en un texto
constitucional que salvaguardara los derechos inalienables de las
personas , dando lugar a lo que luego se llamaría un Estado de derechos.
Es decir, una sociedad racionalmente organizada, que dirime
pacíficamente sus conflictos mediante leyes imparciales que en ningún
caso pueden conculcar los derechos fundamentales de los individuos.


Hoy los cubanos carecemos del derecho- entre otros- a la propiedad
privada. El régimen socializa los bienes de los ciudadanos. El Estado se
erige en benefactor de todo el conjunto de la sociedad, no permite el
desenvolvimiento económico. El sistema es improductivo, por tanto
fracasado. Tal vez, muy pronto nos veremos enfrentado al tan ansiado
cambio de sistema.
El liberalismo, quizás pueda contribuir a resolver el gran problema que
enfrenta la nación desde hace 50 años. La economía de mercado es un
elemento primario que vemos como el probable remedio eficaz para salir
del atolladero.
A continuación el autor, expone...

"Todo eso lo explicaba el mercado. El mercado era un sistema autónomo de
producir vienes y servicios, no controlado por nadie, que generaba un
orden económico espontáneo, impulsado por la búsqueda del beneficio
personal, pero autorregulado por un cierto equilibrio natural provocado
por las relaciones de conveniencias surgidas de las transacciones entre
la oferta y la demanda Los precios, a su vez, constituían un modo de
información. Los precios, no eran "justo" o "injustos", simplemente era
el lenguaje con que funcionaba ese delicado sistema, múltiple y mutante,
con arreglo a los imponderables deseos, necesidades e informaciones que
mutua e incesantemente se trasmitían los productores y consumidores. Ahí
radicaban el secreto y la fuerza de la economía capitalista: en el
mercado. Y mientras menos interfieran en el los poderes públicos, mejor
funcionaria, puesto que cada interferencia, cada manipulación de los
precios, creaba una distorsión, por pequeña que fuera, que afectaba a
todos los aspectos de la economía.
Otros de los principios básicos que aúnan a los liberales es el respeto
por la propiedad privada. Actitud que no deriva de una concepción
dogmática contraria a la solidaridad – como suelen afirmar los
adversarios del liberalismo- sino otra observación extraída de la
realidad: donde no hay propiedad privada no existen las libertades
individuales, pues todos acabamos en manos de un estado que nos dispensa
y administra arbitrariamente los medios para que subsistamos (o
perezcamos). Donde no hay propiedad privada ni siquiera es posible la
rebelión contra la tiranía".
¿En que más creen los liberales? Obviamente, en el valor básico que le
da nombre y sentido al grupo: la libertad individual. Libertad que – al
margen de la aceptada declaración Universal de los derechos humanos- se
debe definir como un modo de relación con los demás en el que la persona
puede tomar la mayor parte de las decisiones que afectan su vida dentro
de las limitaciones que dicta la realidad. Esa libertad individual esta-
claro- indisolublemente ligada a la responsabilidad individual. Un buen
liberal sabe exigir sus derechos, pero no rehuye sus deberes, pues
admite que se trata de las dos caras de la misma moneda. Los asume
plenamente y entiende que solo pueden ser libres las sociedades que
saben ser responsables".

Por último, y para que no quede precepto sin elucidar, el autor del
capítulo La Hora del liberalismo, del libro Las columnas de la Libertad,
añade una magistral enseñanza para cualquier demócrata, estudioso y
defensor del liberalismo. En este segmento nos sentimos aludidos y es
válida la palabra, comprender la responsabilidad. Y difundirla dentro de
nuestro pueblo.

"¿Que otros elementos liberales, realmente fundamentales, habría que
añadir a este inventario? Pocos, pero acaso muy relevantes: un buen
liberal tendrá perfectamente clara cual debe ser su relación con el
poder. Es el, como ciudadano, quien manda, y es el gobierno quien
obedece. Es el quien vigila, y es el gobierno quien resulta vigilado. El
amo y protagonista es la sociedad civil. Los funcionarios electos o
designados –da exactamente igual- se pagan con el erario publico, lo que
automáticamente los convierte (o los debería convertir) en servidores
públicos sujetos al implacable escrutinio de los medios de comunicación
y a la auditoria constante de las instituciones pertinentes.

Por ultimo: la experiencia demuestra que es mejor fragmentar la
autoridad, para que quienes tomen decisiones que afecten a la comunidad
estén mas cerca de los que se vean afectados por esas acciones. Esa
proximidad suele traducirse en mejores formas de gobiernos. De lo que se
trata es que los poderes públicos no sean más que los necesarios y que
la rendición de cuenta sea más sencilla y transparente. Esto es
finalmente, lo que creen los liberales. El resto son pamplina".

Finalmente, era necesario presentar una definición precisa de lo que
significa ser liberal, lo que nos posibilita ver el comportamiento de la
construcción democrática de una adecuada manera. Solo faltaría agregar
dos cosas paciencia y diario cumplimiento del deber, lo que puede
situarnos en el centro de esta corriente de pensamiento, la que
considero de vital importancia para la edificación de una sociedad
pluralista en nuestra Cuba.

Junio 9 de 2008.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=15735

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