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Monday, June 09, 2008

Qué pasa con los repasadores?

Educación
¿Qué pasa con los repasadores?

La denuncia contra los maestros 'privados' intenta ocultar el verdadero
problema: el destrozo del sistema de enseñanza.

José Hugo Fernández, La Habana | 09/06/2008

Dados al disparo con salva para entretener a la perdiz, los "críticos" y
"denunciadores" designados por el régimen para abordar en los medios
nacionales de prensa los problemas que más nos afectan hoy en Cuba,
están repudiando con una cierta insistencia a los repasadores, maestros
que al no poder —o no querer— enseñar como es debido a sus alumnos en
los horarios y con los métodos oficiales de las escuelas, lo hacen en
tiempo extra, en sus casas particulares, y cobrando por debajo de la
manga a precios de Potosí.

Para cualquier lector del exterior que no esté familiarizado con
nuestros asuntos, esta puede parecer una denuncia oportuna y diáfana y
justa. Sin embargo, no es así como generalmente la vemos los cubanos
desde adentro. No porque carezca de justeza la crítica de tal calamidad,
ni porque esté fuera de sitio señalar la falta de ética en la cual
incurre un trabajador cualquiera, y muchísimo más un maestro, al dejar
de cumplir sus obligaciones formales con el premeditado objetivo de
hacer dinero cubriendo el déficit, en forma ilegal e inescrupulosa.

Pero denunciar a los repasadores como un mal aislado, una mosca en la
nata impoluta de nuestras estructuras para la enseñanza, es, en el mejor
de los casos, obstaculizar la comprensión del problema en su esencia.
Así como no menos engañoso es supeditar su existencia a la crisis
económica y a la corrupción que nos han estado afectando, dicen, que en
los últimos tiempos.

Lo que pasa con los repasadores es que representan un subproducto, una
consecuencia de ese engendro con tentáculos múltiples en que se ha
convertido el sistema de educación en la Isla. Y no, como suele decirse
mañosamente, debido a la pobreza material que nos azota desde los años
noventa, sino por efecto de la oquedad moral —y de la inteligencia y del
espíritu— ocasionada por el régimen a través de dogmas y dictados
absolutistas, caprichosos, erráticos, con que viene desmoronándonos
desde la raíz, hace ya medio siglo.

Ni siquiera resulta posible determinar a estas alturas si los
repasadores (en su variante nefasta de hoy en día) surgieron por
iniciativa propia y espontánea, o por la demanda de los padres que,
desesperados al notar en sus hijos la falta de conocimientos básicos,
aun cuando aprobaran cada año los grados académicos, no les quedó más
remedio que decidir gastarse los pesos que no tenían en el intento de
remediar las insuficiencias de la escuela.

Ristra de disparates

Todo el que ha querido conocerla, conoce ya de sobra (o tiene la
posibilidad de constatar) la ristra de disparates, descalabros y
desaciertos que en forma progresiva, durante decenios, provocó el
deterioro del sistema nacional de enseñanza en la Isla.

Desde la deserción en masa (por falta de estímulos de todo tipo,
incluidos salarios menudamente humanos) de la gran mayoría de los
profesores capacitados y con experiencia, hasta el desvarío de pretender
sustituirlos con adolescentes no mayores ni mejor informados que los
mismos alumnos. Desde la preponderancia del adoctrinamiento político
sobre la impartición del conocimiento general amplio y profundo, hasta
la deshumanización de los métodos y la superficialidad de la forma
contenidos en la suplencia del maestro, que no sólo enseña sino también
educa, con la fría pantalla de televisión.

Y ahora resulta que algunos ingenuos o ignorantes (considerémoslos así)
se apean con la opinión de que los repasadores no son sino pobres
penetrados por la ideología capitalista y que están aplicando en Cuba
los vicios de ese sistema, cuando en realidad lo único que hacen es
mostrar una de las múltiples caras feas, esta vez sin careta, de nuestro
socialismo totalitarista y mediatizador.

Lo que pasa con los repasadores es que una vez más, como tantas otras,
somos rehenes del mal manejo, las deformaciones y los laberínticos
desmadres de una dictadura que nos ha obligado —nos obliga— a vestirnos
con dos únicas prendas, como las meretrices: una de lentejuelas, para el
falso lucimiento ante el consumidor de afuera, y otra de harapos, para
la intimidad.

http://www.cubaencuentro.com/es/cuba/articulos/que-pasa-con-los-repasadores-89519

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