Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba, junio (www.cubanet.org) - No voy a perder la manía de
defender a los de abajo, en colocarme siempre en su lugar y
comprenderlos, en brindarles mi mano y mi solidaridad. Creo que es una
manía que tengo desde siempre, desde un día que, teniendo yo siete años,
me enfrenté con un palo a aquel muchacho guapo y forzudo del barrio que
abusaba de los perros y los gatos y encerraba lagartijas vivas en cajas
de fósforos.
Por estos días, en los medios de comunicación, el régimen castrista ha
armado de nuevo el mismo tinglado para desacreditar al Movimiento de
Derechos Humanos de Cuba, compuesto de decenas de miles de miembros,
todos pacíficos, algo que seguramente molesta aún más a un gobierno que
a punta de pistola y empleando métodos terroristas logró llegar al poder
en 1959, métodos que enseñó, valga la aclaración, a muchos de sus
acólitos que más tarde se le enfrentaron cuando ese mismo gobierno
cambió de rumbo político.
El tinglado, burdo y absurdo en el que muy pocos creen, fue
confeccionado por el alto mando de la Seguridad del Estado, como si no
se tratara de un Movimiento que no tiene nada que ocultar, porque nada
violento realiza. Tinglado que demuestra, una vez más, el odio que
siente el régimen castrista por todo lo que huele a disidencia.
En la isla de Fidel Castro, señores, ni una curia similar a la de la
Santa Sede en Roma podría componer la disidencia cubana. Ni el mismo
Gandhi fuera un hombre respetable si hubiera fundado el Comité Cuba pro
Derechos Humanos de Cuba, el que precisamente da inicio al Movimiento
actual. Gandhi sería un fullero más para el castrismo.
Si en vez de la economista Marta Roque o la profesora Laura Pollán
fueran la Virgen María o Juana de Arco líderes del Movimiento de
Derechos Humanos de Cuba, dejarían de ser vírgenes para convertirse en
mercenarias. También ocurriría lo mismo si fuera San Juan Bosco, en vez
de Elizardo Sánchez, quien representara la Comisión de Reconciliación
Nacional de Derechos Humanos. San Juan Bosco también sería llamado camaján.
Entonces nos preguntamos: ¿Quiénes son los que merecen ser admitidos
bajo el castrismo como opositores? ¿Acaso Dios mismo si fundara un
partido político? Tampoco. Un dictador es más que Dios. No se olviden.
Miren si es así, que la prensa nacional cubana sólo da crédito a
movimientos opositores del extranjero. Igual que el dictador Batista,
que llamaba cuatreros, muerde y huye y bolas de churre a los
guerrilleros de las montañas orientales, Fidel Castro ha usado las
palabras más ofensivas para calificar a sus disidentes a lo largo de
casi medio siglo.
Pero la vida, que como dijo Cantinflas y sobre todo la Historia es un
sube y baja, será quien diga la última palabra. Esperemos pacientemente
pues por ese día.
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