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Thursday, June 19, 2008

Las anécdotas de Ché

Las anécdotas de Ché

Luis Cino

LA HABANA, Cuba, junio (www.cubanet.org) - El Maestro no aspiraba a ser
como Ché (aún no habían acuñado la frase que repiten cada día, antes de
iniciar las clases, los pioneros cubanos). El joven campesino de la
Sierra Maestra quiso ser nada menos que Ché Guevara. Fue uno de los
primeros infatuados con su personalidad.

Algunos de sus compañeros del Ejército Rebelde decían que se parecía al
actor mexicano Mario Moreno (Cantinflas). Otros lo confundían a veces
con Ché. El Maestro quiso aprovechar su parecido con el apuesto
revolucionario argentino para seducir muchachas de la zona. Incluso
trataba de imitar su acento porteño mientras susurraba galanterías
montunas. Hacerse pasar por Ché le costó la vida. Cuenta Carlos Franqui
que lo fusilaron sin juicio, por orden de Fidel Castro y Ernesto Guevara.

La historia no recogió su nombre y apellidos, sino sólo el apodo. El
Maestro fue uno de los 46 hombres fusilados en la Sierra Maestra durante
el año 1957. La mayoría eran rebeldes. Muchos eran desertores,
informantes, delatores o sospechosos de serlo. A otros los acusaron de
robos, asesinatos y violaciones. Fue el duro método de los jefes
revolucionarios para consolidar la guerrilla en la Sierra Maestra.

En su libro Pasajes de la Guerra Revolucionaria, Ché Guevara narra con
escalofriante minuciosidad muchas de estas ejecuciones. Incluso refiere
algunos de los frecuentes simulacros de fusilamiento con que
aterrorizaban a los guerrilleros indisciplinados. Es la misma frialdad
con que después de 1959 dirigió los pelotones de fusilamiento en La
Cabaña en su más activo período.

No me gustan los héroes. No entiendo el fenómeno psicológico que es la
fascinación mundial por Ché Guevara.

El 14 de junio hubiera cumplido 80 años. De no haber sido asesinado en
Bolivia en 1967, hoy no sería el mito invencible en que lo convirtieron.
El símbolo más impactante de la revolución cubana sería otro
gerontócrata más en el Politburó; uno de los comandantes históricos de
una revolución que hace piruetas para no caer en coma irreversible.
Quizás sería el más culto. También el de línea más dura y menos apto
para el mundo cínico y pragmático de hoy.

En cada nuevo aniversario de Ché Guevara vuelven a aflorar sus
anécdotas, narradas por sus compañeros. Se supone que enaltezcan sus
virtudes, pero consiguen el efecto contrario. Mientras más anécdotas
conozco, más deshumanizado se me hace el personaje. No sé si pasará
igual a los que llevan su rostro (según el lente de Korda) en la
camiseta o tatuado en el brazo.

Pienso en la zoquetada con la que avergonzó ante las cámaras de la
televisión al popular animador Germán Pinelli. Al calor de la admiración
y el entusiasmo de los primeros tiempos, Pinelli lo llamó che, a la
manera argentina. "Soy che sólo para mis amigos, para usted soy el
Comandante Guevara".

Poco antes de partir hacia Bolivia, algunos de sus compañeros invitaron
a Ché a comer. Querían la mejor de las despedidas para el amigo que
marchaba a una misión incierta. Consiguieron en la heladería Coppelia
dos tinas de helado de fresa. Sabían que era su sabor preferido. La cena
discurrió perfecta hasta el momento del postre. Cuando vio el helado se
puso majadero. Quería saber cómo lo habían conseguido. Se negó a
probarlo. Al final, se levantó de la mesa y se marchó furioso.

La próxima anécdota que referiré ocurrió en abril de 1961. Acaba de
aparecer en la prensa cubana. Esclarece, al cabo de más de 47 años, por
qué Ernesto Guevara no participó en los combates de Playa Girón. En
aquel momento, Radio Swan afirmó que Fidel Castro había matado de un
balazo a Ché Guevara durante una reyerta entre comandantes. En realidad,
Ché recibió un balazo en la cara, pero de su propia pistola. Fue un
accidente, dice la versión oficial. Algunos mal pensados creen que
intentó suicidarse.

Lo atendieron en el hospital provincial de Pinar del Río, en medio de
estrictas medidas de seguridad. El doctor Orlando Fernández Adán, médico
y capitán de la columna militar de Ché, refirió el suceso cuatro décadas
después al periódico Juventud Rebelde (Una herida y otra mentira, junio
10 de 2008):

La bala "le penetró por la mejilla izquierda, recorrió un pequeño tramo
por dentro de la cara, atravesó el pabellón de la oreja y tropezó con el
hueso mastoide". No fue grave. No afectó arterias ni órganos ni mucho
menos el cerebro".

Meses después, Aleida March, su esposa, le dijo al doctor Fernández
Adán que su marido comentaba que estaba muy satisfecho con sus cuidados
médicos y que le estaba muy agradecido.

Refiere el doctor, hoy con 80 años: "Entonces le pregunté sonriente a
Aleida: ¿Chica, y por qué el Ché no me lo dijo a mi? Aleida se rió y me
respondió: Adán, porque si él te dice eso, si te elogia personalmente,
deja de ser el Ché. ¿Tú no crees?"

Tratándose de Ché Guevara, vaya si lo creemos.

http://www.cubanet.org/CNews/y08/junio08/17cronica3.html

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