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Friday, May 06, 2016

La UNEAC y su cruel destino

La UNEAC y su cruel destino
La organización nunca ha podido ayudar al desarrollo cultural de los cubanos
viernes, mayo 6, 2016 | Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba.- Me consta, porque con unos poemitas panfletarios y
pese a mi corta edad me convertí en miembro fundador de la Unión de
Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), que su ejecutivo, a través de su
membresía, siempre procuró ayudar al desarrollo cultural de los cubanos.

Pero nunca han podido.

Desde sus inicios, en 1961, chocó con un muro que ni siquiera a través
de sus rendijas penetraba la luz. El nuevo dictador, Fidel Castro, dueño
del Estado, se acaparó todo, se hizo dueño de todo, lo mangoneó todo y
decidió por la cabeza de todos.

Como a nuestro Apóstol le parecía que le mataban a un hijo cuando se
privaba a un hombre del derecho a pensar, ¿a cuántos hijos de José Martí
habrá matado Fidel?

Es cierto que antes de él los gobernantes demócratas no se preocupaban
en absoluto por los escritores. Eran un cero a la izquierda, pero eran
también libres de escribir a su antojo.

Con el maniobrero comunista resultó peor. Los escritores tenían que
escribir a favor de la Revolución o dedicarse a vender mangos.

Una brigada de agentones de la Seguridad olfateaba inconformidades o
disidencia entre los escritores y artistas, entre las líneas publicadas
o por publicar, en las pinturas y dibujos, en los guiones de radio, en
obras teatrales.

Lo recoge la historia: hubo expulsiones, libros enviados a la hoguera,
cárcel y destierro para los desobedientes que habían desoído el libreto
estatal. Siempre a su favor, en contra de la libertad creativa.

Tras el fallecimiento del poeta-presidente Nicolás Guillén, la figura
decorativa de la UNEAC, el joven escritor Abel Prieto, su relevo, se
refirió en una entrevista publicada en 1990 en la Revista Bohemia al
destino cruel de esa organización. La calificó de dogmática y no dejó de
aclarar que "se le dio un tratamiento injusto a escritores y artistas de
talento".

La entrevista hizo pensar a muchos que un soplo de aire fresco renovaría
el ambiente de la anquilosada UNEAC.

¿Pero cómo, si el viejo dinosaurio seguía allí?

Abel, fiel a su nombre, siguió el camino más conveniente. Se convirtió
finalmente en un experto demagogo como consejero intelectual del sucesor
del dinosaurio, para repetir hasta el cansancio la misma receta, que aún
no ha dado resultado: "Hay que defender este socialismo, haciéndolo más
eficiente, realmente superior en términos de dignificación de la
criatura humana, del entorno, de la calidad de vida de la gente".

En 1990, a Abel le interesaba el mundo de la gente pequeña, según
expresó, el mundo anti heroico y gris; o sea, la gente de barrio, no la
de estrellitas en los hombros. Ahora, en 2016, vuelve a la retórica de
luchar contra el deterioro y el modo de actuar de la gente de barrio y
nada dice de esos miles de cubanos que se escapan de muchas formas de la
Isla del Diablo, esos disidentes que se mantienen activos, esos
periodistas independientes, cuando nadie le hace la guerra a Cuba.

Sus declaraciones son realmente surrealistas.

En 2005, repitió en Madrid que el poeta y periodista Raúl Rivero "no fue
condenado por pensar diferente, sino porque colaboró con una potencia
que le ha declarado la guerra a Cuba", que "el delito de opinión no
existe en Cuba", que "en Cuba nunca ha habido una ejecución
extrajudicial, ni casos de tortura, ni de maltrato a presos".

En 2007, dijo que "los dueños de los medios de prensa que mienten
deberían ser condenados a cadena perpetua".

Cuidado, Abel, cuidado.

En 2009, cuando le preguntaron sobre la deserción de artistas cubanos,
dijo: "Eso no tiene el menor valor para la cultura cubana".

Le voy a enviar un libro de poemas míos, donde declaro que en 1990 fui
torturada en las tapiadas de la Seguridad del Estado por orden de Fidel.
Le voy a prestar los libros de numerosos presos plantados donde narran
torturas y maltratos durante décadas en las cárceles de Fidel.

Por último, le voy a mandar esta sencilla, sincera y valiente crónica a
su correo electrónico, a ver qué dice.

Source: La UNEAC y su cruel destino | Cubanet -
https://www.cubanet.org/opiniones/la-uneac-y-su-cruel-destino/

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