Pages

Sunday, March 09, 2014

Diálogo con un seguroso

Diálogo con un seguroso
BERTRAND DE LA GRANGE | La Habana | 8 Mar 2014 - 10:56 pm.

'Entra un oficial, de civil, joven, en la treintena. Cierra la puerta
con llave. Es el encargado de llevar el interrogatorio.'

Es domingo y anochece cuando un oficial uniformado toca el timbre de la
casa de huéspedes donde estoy alojado en La Habana. Me entrega una
notificación donde dice que el autor de esta crónica "se encuentra
controlado por la Policía de Inmigración hasta tanto se legalice su
situación migratoria o se tramite su reembarque al país de origen".

La familia que me acoge da señales de preocupación ante esa visita
intempestiva, ya que el dueño del lugar ha reportado mi presencia en su
casa desde el primer día, tal y como le obliga la ley. Claro, no sabe
que un periodista extranjero es sospechoso por naturaleza en la Cuba de
los hermanos Castro. Me sorprende, sin embargo, la inhabitual deferencia
de las autoridades, que me permiten quedarme en la posada hasta que se
aclare mi situación, en lugar de llevarme a un centro de detención, como
ha pasado en otras oportunidades.

Lunes, 9:30 de la mañana: llego con media hora de antelación a la cita
con la Policía de Inmigración. Un funcionario me lleva a una sala
diminuta, donde caben con dificultad tres pequeños sofás alrededor de
una mesa cuadrada. Entra un oficial, de civil, joven, en la treintena.
Cierra la puerta con llave. Es el encargado de llevar el interrogatorio.
Y, como era de esperarse, es un oficial de la Seguridad del Estado. No
se presenta, pero lo delata su manera de moverse, de preguntar, de
mirar: es un seguroso, pero educado.

Se interesa por mis actividades en La Habana, donde he llegado hace casi
dos semanas. "Su visa de turismo sólo le autoriza a tener actividades de
esparcimiento", me dice. Le contesto que también me permite ir a la
Feria del Libro y visitar a amigos cubanos. Me confirma que está
enterado de mi paso por la Feria, lo que no me sorprende. Sin embargo,
le interesan mucho más los "amigos". Como no dudo de que está al tanto
de mis encuentros con Yoani Sánchez, no me voy a poner a desmentir lo
obvio: sé que la bloguera está vigilada y, además, he notado la
presencia de dos informantes que nos seguían los pasos en una cafetería.

"Usted sabe que esta persona comete ilegalidades", me dice. No, no lo
sabía. ¿Qué tipo de ilegalidades? "Ella recibe dinero de gobiernos y
organismos extranjeros para atacar nuestro país y denigrar a sus
dirigentes. ¿Usted ha leído su blog?". Claro que sí, lo leo a menudo y
no he visto nada de lo que usted dice. Al contrario, Yoani me parece una
persona sensata y moderada, no insulta a nadie, a diferencia de algunos
blogueros oficialistas.

Mi interlocutor me echa en cara una crónica del año pasado donde
ridiculicé a uno de esos blogueros que siembran el odio. Le contesto que
esos individuos no aportan nada e, incluso, son nefastos para la imagen
de Cuba en el extranjero. En cambio, Yoani es un activo importante, por
su talento para describir la dura realidad de la vida diaria de los
cubanos y los efectos de las reformas emprendidas por el régimen
—algunas positivas, como la supresión de la mayoría de las trabas para
viajar fuera del país—. El Gobierno no debería preocuparse por lo que
ella escribe. Le recuerdo que la tolerancia hacia las voces discrepantes
es una actitud muy valorada fuera de la Isla.

El oficial escucha mis argumentos y no me interrumpe en ningún momento.
No se impacienta ante mis digresiones cuando respondo a sus preguntas
sobre mis viajes anteriores a Cuba desde los años 80. Le hablo de la
histórica visita de Mijaíl Gorbachov a La Habana en 1989, que tanta
esperanza creó entre la población de la Isla y que Fidel Castro se
empeñó en sabotear. Usted era un niño entonces, le digo. "Sí, es
cierto", contesta sin más.

La clase de historia termina cuando el oficial vuelve a la cantaleta de
las actividades "ilegales" de Yoani. Detrás de los grupos y de los
gobiernos europeos que la financian, está "la mano de Estados Unidos",
dice. Sin embargo, no logro saber por qué las autoridades no la detienen
si viola la ley. En cambio, me queda claro por qué me han citado: "Lo
hemos convocado para darle una advertencia: usted no puede encontrarse
con esa persona", me dice para concluir.

¿Por qué le temen tanto a Yoani Sánchez? ¿Porque tiene casi medio millón
de seguidores en Twitter y muchísimo más con su blog, traducido a 16
idiomas? ¿Porque dice la verdad cuando asegura que "el castrismo ha
muerto" y que es necesario preparar la sociedad cubana a "una transición
sin violencia, sin venganza"? Y esto se hace con información, con
periódicos independientes, como el diario digital que la bloguera planea
lanzar a corto plazo. No dudo de que los duros del régimen quieran
impedirlo, pero los sectores más moderados podrían optar por cerrar los
ojos. Sería una buena señal.

Source: Diálogo con un seguroso | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1394315811_7515.html

No comments:

Post a Comment