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Thursday, June 19, 2008

La cuenta no da

La cuenta no da

Ana Leonor Díaz

LA HABANA, Cuba, junio (www.cubanet.org) – La complejidad de la
situación debido a la subida del precio de los combustibles y los
alimentos, ha sorprendido al régimen de La Habana, que enfrenta el
problema, ya crítico en la Isla, con la poca halagüeña perspectiva de
sucumbir en un callejón sin salida.

La crisis económica que desde hace meses afecta al planeta, en Cuba ya
cumple casi dos décadas: 17 años exactamente, cuando en 1991 se derrumbó
el comunismo, y el régimen cubano declaró oficialmente un "período
especial" que agravó aún más la vida del país al quedar virtualmente
paralizado.

Desempleo, hambre y represión han soportado los cubanos, que además de
la orfandad económica, debieron enfrentar los huracanes que devastaron
casi varios puntos geográficos y el ya desmedrado fondo de viviendas.

La dependencia económica externa, desde la energía hasta los alimentos,
se agravó debido a los palos de ciego que la política del gobierno dio
al condenar al país en los años 70 a depender de la caña de azúcar,
papel que la llamada integración del bloque socialista asignó a Cuba.

A cambio de azúcar Cuba recibiría alimentos y bienes de consumo pasados
de moda, convirtiéndose en mercado cautivo de productos inservibles para
permitir la sobrevida de un proceso que se derrumbó por su propio peso a
finales del siglo XX.

Ahora se importa más del 60 por ciento de los alimentos que el país
consume a cuentagotas, a través de una cartilla de racionamiento que
apenas cubre la cuarta parte de las necesidades básicas de la familia
cubana, agravado esto por la corrupción entronizada en todos los niveles
de la sociedad, desde el bodeguero que roba a los clientes para vender
lo que roba en el mercado negro, hasta los médicos y dentistas que
cobran por ofrecer servicios más eficientes. O los policías que reciben
"propinas" para hacerse de la vista gorda a la hora de poner una multa.

La crisis del mercado alimentario mundial ha llevado al gobierno a
declarar que se trata de un asunto de seguridad nacional, en un país con
una agricultura en ruinas, donde el 80 por ciento de la tierra
cultivable permanece ociosa, y sólo el 20 por ciento restante (en manos
de agricultores privados) aporta la mayoría de los productos agropecuarios.

La propaganda, enfilada a machacar en la población la idea de que los
cubanos viven bien porque el régimen subsidia los alimentos racionados a
pesar de los altos precios internacionales, sufrió un descalabro cuando
los cubanos vieron por televisión las protestas en Haití, India y otros
países por el alza de los precios del arroz, y la decisión de Estados
Unidos de regular su venta.

Sin embargo, un indicio de lo que se avecina es la reciente declaración
de que el gobierno renuncia a proseguir con su faraónico plan de
construcción, luego de que (por segundo año consecutivo) incumplió la
promesa de terminar 100 mil viviendas. El déficit habitacional es de un
millón, y tiende a incrementarse con el deterioro del 80 por ciento del
fondo actual, considerado en malas condiciones.

Las inversiones para la reparación de hospitales, policlínicas y
escuelas se han convertido en un saco sin fondo, pues las obras
supuestamente terminadas no pueden utilizarse porque presentan
filtraciones, o las instalaciones eléctricas y sanitarias están incompletas.

La reparación del hospital infantil Pedro Borrás, en el Vedado, se ha
prolongado durante 15 años, y aún no se sabe cuándo va a terminar.

Recientemente, el gobierno de La Habana anunció que se realizaron varios
operativos policiales en fábricas clandestinas de alimentos y artículos
de aluminio. La noticia no sorprendió a la población, pues hace unos
años allanaron una fábrica privada de cervezas y refrescos enlatados en
San Francisco de Paula, y ya es tradicional la producción paralela de
cigarros y tabacos.

La corrupción es imparable, y sólo es cuestión de tiempo el desenlace
del fenómeno en un país donde la cuenta no da.

http://www.cubanet.org/CNews/y08/junio08/18cronica2.html

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