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Sunday, June 08, 2008

Justicia rebelde

Publicado el domingo 08 de junio del 2008

Justicia rebelde
RAFAEL ROJAS

La revolución cubana fue un movimiento social y políticamente
heterogéneo que surgió como reacción al golpe de Estado de Fulgencio
Batista el 10 de marzo de 1952. La vía violenta elegida por sus diversos
líderes --Prío, Castro, Echeverría, García Bárcena, Barquín, San Román--
no sólo era un componente de la cultura política insular desde la
segunda mitad del siglo XIX sino una opción que, a los ojos de aquellos
revolucionarios, estaba justificada por el cese de garantías
constitucionales en un régimen de facto.

Sin embargo, como es sabido, durante los seis años y medio que Batista
gobernó (1952-1958) no siempre esas garantías estuvieron suspendidas.
Aún bajo sus Estatutos Constitucionales, que amarraban autoritariamente
la carta magna del 40, Batista restableció dichas garantías en 1954,
volvió a suspenderlas en enero del 57 y, luego de un breve
restablecimiento, las suprimió nuevamente en marzo del 58. En esos años,
los revolucionarios se beneficiaron de las amnistías, del habeas corpus,
del estado de derecho y de las libertades públicas que, a pesar de la
incuestionable represión, subsistían en Cuba.

La idea de una revolución legítima, es decir, justificada por un régimen
de facto, ganó terreno dentro de la propia oposición pacífica, liberal y
democrática de la isla, en buena medida, por la crueldad de la policía
batistiana entre el 57 y el 58. Es en esa idea donde habría que
encontrar el origen de un tipo despiadado de justicia que se presenta
como reacción al autoritarismo gubernamental. Frente al estado de
emergencia de Batista se colocaba el estado de excepción de la legalidad
revolucionaria.

El tema ha apasionado a filósofos de derecha, como Carl Schmitt, y de
izquierda, como Walter Benjamin, y ha llamado la atención, en los
últimos años, del pensador italiano Giorgio Agamben. El estado de
excepción o de emergencia es entendido, en esa tradición intelectual,
como un tipo de legitimidad no democrática que logra el consentimiento
de los gobernados sobre la base de una limitación de los derechos
políticos por razones de seguridad nacional.

Los fusilamientos en la Sierra Maestra, durante el primer año de la
guerra, son una buena prueba del estado de excepción revolucionario. En
1957, según los cálculos de Armando M. Lago y Giberga, habrían muerto
más hombres por fusilamientos en las montañas --46-- que rebeldes por
bajas militares: 35. Este contraste tiene que ver, naturalmente, con el
hecho de que la confrontación propiamente militar se produjo en el año
58, cuando podrían haber muerto, según los mismos cálculos, 409
rebeldes, frente a 49 fusilados. La mayoría de esos ejecutados no eran
soldados enemigos, a quienes se les liberaba para enviar un mensaje
amistoso al ejército, sino campesinos orientales.

¿Por qué se fusilaba en la Sierra? Los testimonios de los guerrilleros,
especialmente del Che Guevara, son exhaustivos. Muchos fusilados eran
desertores o informantes, pero también se aplicaba la pena capital por
asesinato, robo o violación. Guevara se refiere en extenso a los casos
del ''chino'' Chang, que asesinó a varios campesinos, de Dionisio y Juan
Lebrigio, ladrones de víveres y reses, el ''bizco'' Echevarría, que
hacía robos a mano armada en territorio rebelde, y el guajiro Arístidio,
ejecutado por haber vendido su revólver y amenazar --sólo amenazar-- con
hacer contacto con el ejército: ``durante los momentos en que el enemigo
arrecia su acometividad no se puede permitir ni el asomo de una traición''.

También habla Guevara de ''ejecuciones simbólicas'', como la de tres
muchachos, ''unidos a las tropelías del chino Chang'', quienes ''fueron
vendados y sujetos al rigor de un simulacro de fusilamiento''. Pero
entre todos los fusilamientos de la Sierra, tal vez, el más emblemático
de un estado de excepción fue el de un campesino apodado ''el maestro'',
referido en un testimonio de Castro que recoge Franqui en Diario de la
revolución cubana (1976). A este guajiro lo fusilan por aparentar haber
sido asaltante del Moncada y tripulante del Granma y hacerse pasar por
el Che en la zona rebelde, con el fin de seducir muchachas: ``¿Quieren
cosa más grande? --dice Fidel--. Fue directo, no se le hizo juicio. Lo
fusilamos''.

Tras la muerte de Frank País, Castro lanzó la consigna de ''todo para la
Sierra'', en medio de fuertes tensiones con Ramos Latour. Entre agosto y
diciembre de 1957, los fusilamientos cumplieron una función
disciplinaria y simbólica en el reforzamiento político y militar de la
guerrilla. En esos meses, los choques con el ejército de Batista
siguieron siendo escaramuzas, como la toma del cuartel de Bueycito, el
combate de Mar Verde o las emboscadas que Camilo Cienfuegos y Efigenio
Ameijeiras tendían a las tropas de Sánchez Mosquera. Pero el terror
revolucionario, unido a la construcción de panaderías, hospitales,
talleres y escuelas, surtió efecto y, a fines del 57, ya los rebeldes
controlaban un buen tramo de la costa sur de Oriente.

http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/columnas_de_opinion/story/222608.html

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