Editorial
Se debe levantar en Cuba el embargo de las libertades
La Asamblea General de la ONU emitió una resolución por la cual pide a
los Estados Unidos poner fin al embargo comercial y financiero sobre
Cuba. Se trata de otra muestra más de la incoherencia y el doble
discurso del organismo internacional, ya que la resolución tiene mucho
más de tinte ideológico que la búsqueda de la justicia internacional.
Como dijo Oswaldo Payá, luchador por la libertad de Cuba, la ONU "nunca
pidió respeto de los derechos humanos y las libertades" en la isla, o
Marta Roque, otra activista cubana, quien señaló que "el primer embargo
que se debe levantar es el embargo político, social y económico del
gobierno contra el pueblo cubano". La comunidad internacional no puede
estar cerrando los ojos ante atrocidades cometidas por un régimen como
el de Fidel Castro.
La Asamblea General de las Naciones Unidas, con el respaldo del voto de
184 países y cuatro en contra, emitió una resolución por la cual pide a
los Estados Unidos poner fin al embargo comercial y financiero que pesa
sobre Cuba desde el año 1962. Se trata de otra muestra más de la
incoherencia y el doble discurso de este organismo internacional, que
desde su creación luego del fin de la Segunda Guerra Mundial (1945), no
fue capaz de estar a la altura de su cometido cumpliendo los grandes
objetivos que se trazó inicialmente, y que se puede simplificar en la
defensa y el fomento de las libertades, la búsqueda de la paz mundial y
el desarrollo económico y social de los pueblos.
A primera vista pareciera indicar que el pedido de levantamiento del
absurdo embargo comercial y financiero aplicado por los Estados Unidos
contra Cuba –a causa del régimen dictatorial imperante en la isla y
porque en su momento significó un grave riesgo para la seguridad de ese
país a raíz del emplazamiento de misiles en su interior–, es lo que se
ajusta a los grandes ideales de la ONU. Sin embargo, a poco de analizar
se advierte que el pedido de levantamiento del embargo –por más
injustificado que este sea–, tiene mucho más de tinte ideológico que la
búsqueda de la justicia internacional. En efecto, por un lado el embargo
no le produce mayor perjuicio a Cuba dado que no le impide comerciar con
otros países y ni siquiera con empresas y personas del mismo Estados
Unidos, por lo que mal se podría sostener –como suele decir el
comandante Fidel Castro– que es la causa de la miseria generalizada de
la isla. Resulta claro que la Asamblea de la ONU, ante el dilema de
condenar a Cuba por la vigencia de un sistema político totalitario donde
reina la clausura política, sin comicios libres y con permanentes graves
violaciones de los derechos humanos, y por otro lado impugnar el
embargo, optó por una decisión con un claro matiz ideológico, dando un
espaldarazo a la siniestra dictadura de Fidel Castro.
Así lo resaltan luchadores por la libertad y disidentes en el exilio
opositores al régimen cubano. Por ejemplo, el conocido Oswaldo Payá
señaló que "la Asamblea de la ONU nunca pidió respeto de los derechos
humanos y las libertades" de cientos de presos políticos que hay en
Cuba. O como sostiene una de las mujeres activistas cubanas, Marta
Roque, el pedido de levantamiento de embargo carece de toda importancia
y que "el primer embargo que se debe levantar es el embargo político,
social y económico del gobierno contra el pueblo cubano". Nadie ignora
que Cuba sigue siendo una gran cárcel y no hay razones para suponer que
habrá cambio, a menos que se produzca una transformación violenta.
Esta cínica resolución de las Naciones Unidas confirma también que la
defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales de las
sociedades le tienen sin cuidado a la organización mundial. Ahí está,
por ejemplo, el ejemplo de Taiwán, donde 22 millones de habitantes de
esa isla asiática reclaman anualmente a las Naciones Unidas el
reconocimiento de su territorio como país soberano, como verdaderamente
lo es en la práctica, pero los intereses creados –económicos y
políticos– que prevalecen para las grandes potencias siguen haciendo que
el organismo mundial ni siquiera incluya en su agenda de sesiones el
tema taiwanés, como ocurrió recientemente. En cambio Cuba, cuyo
sanguinario gobierno hace tabla rasa de todos los derechos vigentes en
los países libres y democráticos, recibe el apoyo de la ONU.
La comunidad internacional no puede estar cerrando los ojos ante
atrocidades cometidas por un régimen sanguinario como el de Fidel Castro
y dándole su apoyo sin exigirle a cambio el respeto por los derechos
fundamentales de sus habitantes, al tiempo de condenar a otros países
como Taiwán, cuyos habitantes viven y progresan en absoluta libertad.
Si las Naciones Unidas no cumplen el rol para el que fue creado, irá
minando cada vez más su ya pálido prestigio.
http://www.abc.com.py/articulos.php?pid=370245
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