Miércoles 5 de September, 2007 11:44 GMT139
Por Anthony Boadle
LA HABANA (Reuters) - Llegaron desde Rusia con amor por la utopía
socialista tropical.
Eran jóvenes mujeres atraídas por la revolución de Fidel Castro, un
soplo de aire fresco para las que se desilusionaron con el comunismo
soviético.
Pero cuando la Unión Soviética se desintegró en 1991, cientos de mujeres
rusas que se casaron con cubanos y se mudaron a Cuba quedaron aisladas
de sus raíces y sumidas en la pobreza a medida que la economía cubana
cayó en una crisis.
Para quienes habían sufrido de niñas las penurias de la II Guerra
Mundial en Rusia, los largos apagones y falta de comida, medicinas y
combustible para el transporte revivieron crueles recuerdos.
"Eramos jóvenes y Cuba era tan linda. Me hice miliciana en seguida,"
dijo Zoia Barash, una historiadora de cine soviético que llegó a La
Habana en 1963. Comparado con Moscú, dijo, los dirigentes cubanos eran
muy jóvenes y el arte abstracto no era visto como incompatible con el
comunismo.
Sus esperanzas de participar en la construcción de un "verdadero
socialismo" se evaporaron, sin embargo, cuando Cuba copió el modelo
soviético, "pero con el calor" del trópico.
"Nuestra situación es difícil hoy, como es difícil la situación de todo
el país," dijo Barash, de 72 años, que vive de su pensión de 260 pesos
(10 dólares) tras 30 años de trabajo para la industria cinematográfica
cubana.
Unas 1.300 mujeres de Rusia y ex repúblicas soviéticas como Ucrania,
Bielorrusia y Kazajistán aún viven en Cuba, haciendo lo que pueden para
sobrevivir económicamente.
En una vieja mansión propiedad de la embajada de Rusia, algunas de ellas
administran una tienda que vende desde vodka y pepinos en escabeche
hasta pasta de dientes importada, papitas Pringles y pastillas de Viagra.
Lo más duro de todo, dicen, es no poder viajar a casa.
Cuba les permitía comprar pasajes aéreos subsidiados cada cinco años,
pagaderos en pesos cubanos. Pero la aerolínea cubana dejó de volar a
Moscú y los boletos se pagan ahora en moneda dura que pocas de ellas
pueden permitirse.
Sólo quienes tienen la suerte de recibir dinero de sus familiares logran
volar de vez en cuando a casa. Con la jubilación cubana, necesitarían
ahorrar durante 10 años para el pasaje.
Para la mayoría, es demasiado tarde para regresar a su país de origen y
comenzar una nueva vida. Muchas son abuelas con familias a las que atender.
Los apagones en Cuba terminaron y el abastecimiento de comida mejoró
desde aquellos oscuros días de la crisis post soviética. Aún así, sus
casas se vienen abajo, pocas tienen automóviles y el acceso a Internet
es caro.
SIN LIBROS NI NOTICIAS
La librería rusa de La Habana cerró cuando Mikhail Gorbachov emprendió
las reformas de la perestroika. Se interrumpieron las subscripciones de
diarios y revistas, dejándolas sin información sobre Rusia.
A pesar de los problemas, algunas de las mujeres han seguido adelante,
como Natalia Balashova, que unió a las mujeres de Rusia, Ucrania,
Bielorrusia y Kazakstan en un club cultural de personas que hablan ruso
llamado "Manantiales."
"Yo no se que cosa es la nostalgia. No voy a sentarme a llorar por lo
que perdí," dijo Balashova.
Su padre era un bolchevique y ella llegó a Cuba en 1969 tan enamorada
del militar cubano que conoció en Moscú como de la "valiente"
transformación social que Castro impulsaba en la isla caribeña pese a la
hostilidad de Estados Unidos.
"Yo sabía que venía a un país que estaba construyendo el socialismo y
tenía sus dificultades. Vine consciente de lo que iba a encontrar,"
dijo. Aún así, se sintió como una "náufraga" cuando la URSS se desmanteló.
Después de 14 años, sin embargo, Balashova pudo regresar a Rusia por
primera vez el año pasado invitada a una conferencia de rusos que viven
en el extranjero, y tuvo la oportunidad de conocer al presidente
Vladimir Putin en el Kremlin.
DEPORTADA DE CUBA
Elena Verselova, que trataba de salir adelante con dos hijas luego de
dos divorcios en Cuba, llevó su activismo en otra dirección: se
convirtió en disidente en la Isla de la Juventud de la costa sur de
Cuba, donde vivió durante 20 años.
El 26 de julio fue deportada por el Gobierno cubano, según su hija Diana
Aguilar, que llegó de Rusia en los brazos de su madre cuando tenía
apenas nueve meses de edad.
Había sido acosada y amenazada por la policía cubana y acabó siendo
arrestada, dijo su hija. Su familia tuvo que vender preciados
electrodomésticos para pagarle el pasaje a Moscú, a donde llegó para
empezar una nueva vida con 170 dólares en el bolsillo.
"No nos dejaron despedirnos de ella," dijo Aguilar, una estudiante
universitaria de 22 años. "Espero irme de Cuba para estar con mi madre.
Quiero volver a mis raíces en Europa," dijo la estudiante de cabello rubio.
El documental cubano "Todas iban a ser reinas," rodado el año pasado,
capturó el aislamiento en que viven en Cuba mujeres de siete ex
repúblicas soviéticas.
"Fue una migración por amor. Fue una parte de nuestra utopía que se
rompió, como se han roto otras," dijo el director Gustavo Cruz.
"Todavía están aquí, tienen sus vidas y sus familias aquí, han trabajado
en este país durante muchos años, y no podemos olvidarnos de ellas.
Sería muy ingrato," añadió.
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