Pages

Wednesday, September 05, 2007

El diálogo en la historia de Cuba

Publicado el miércoles 05 de septiembre del 2007

El diálogo en la historia de Cuba
NICOLAS PEREZ DIEZ ARGÜELLES

Según la Wikipedia de internet, el diálogo es una modalidad de discusión
oral y escrita que se da entre un emisor y un receptor que interactúan.
En la Grecia antigua el diálogo fue cultivado por Sócrates como
instrumento cognoscitivo para averiguar la verdad por medio del debate.

Es indudable que a mayor disposición para el diálogo los pueblos tienen
mayor riqueza material y acervo cultural. Pero hay países que heredan
esta virtud con fuerza y otros no. Por ejemplo, Cuba es uno de los
países donde a sus ciudadanos les importa tres pitos discutir con el
adversario sus diferencias. Eso en mi criterio es producto de una
herencia histórica. Poco tiempo después que Cristóbal Colón descubriese
Cuba, el primer diálogo formal fue entre el indio Hatuey y el padre
dominico Fray Bartolomé de las Casas, y aunque este intentó explicarle
la diferencia entre el cielo y el infierno, el aborigen se mantuvo
iracundo e intransigente, no quiso negociar, y entonces los españoles le
dieron candela.

En el tiempo de la colonia llegó la guerra de independencia y pocos
hablan de la seriedad, cordura y honestidad de Máximo Gómez al negociar
con el general Arsenio Martínez Campos el Pacto del Zanjón. Sin embargo,
se ha levantado un monumento al valor moral de Antonio Maceo por la
Protesta de Baraguá, un acto poético, pero irreal y sin ningún tipo de
resultado práctico.

Todos evocan con lágrimas en los ojos y emoción contenida al mambí, sus
cargas al machete y el toque a degüello, ¿pero quienes recuerdan a los
reformistas y su intenso amor por Cuba en su intento de resolver las
diferencias con la metrópoli en las Cortes de Madrid por medio del
diálogo, para ahorrar a Cuba decenas de miles de muertos, hasta que este
llamado a la cordura se dio de bruces con la necia y estúpida respuesta
hispana de ``nosotros somos los dueños de la isla y la mantendremos
española''?

En diferentes épocas los cubanos en un vaso lleno de agua destilada
mezclamos tres cucharadas de orgullo mal entendido, dos de guapería
barata y una de romanticismo, revolvemos la mezcla, nos la bebemos y
creamos el ícono de los tiempos que corren. En la lucha contra el
dictador Gerardo Machado el escogido de los dioses fue Antonio Guiteras
Holmes. Nosotros los cubanos siempre yéndonos con la bola alta y fuera
del fuego fatuo, el oropel y las cuentas de vidrio. Guiteras fue un
hombre mitad santo y mitad gángster, por un lado de pensamiento
nacionalista y por otro anticomunista. Tuvo estupendos logros como
proclamar la autonomía universitaria e implantar la jornada laboral de
ocho horas. Pero como su mano derecha ignoraba lo que hacía la izquierda
al final del camino cometió un craso error, ordenando la intervención de
la Compañía Cubana de Electricidad en un alarde de caballo castrado,
desafío efímero y torpe contra la propiedad privada.

Llegamos a la dictadura de Fulgencio Batista, donde se oyen las voces
serenas de un don Cosme de la Torriente y su Sociedad de Amigos de la
República, llamando al diálogo cívico nacional, apoyado por José Miró
Cardona y con las simpatías de la juventud universitaria. También en la
línea de discutir soluciones se sitúa Carlos Márquez Sterling y la crema
y nata de los políticos de la época. Así, en un mitin en el Muelle de
Luz el 11 de marzo de 1955, don Cosme plantea un adelanto de las
elecciones generales y el inicio de conversaciones entre todos los
sectores en desencuentro. La primera respuesta llega de Miami: Fidel
Castro ataca la posibilidad de un diálogo nacional. Y días después
Batista ridiculiza en un programa televisado los planteamientos de
adelantar las elecciones. Al día siguiente, don Cosme renuncia a
proseguir con su pacífica gestión. De nuevo los brutales extremos
cubanos señalan el inevitable camino de la sangre.

La revolución entra en La Habana en un tanque de guerra, y me sorprende
cómo grandes valores de este exilio que cuando aquello eran niños,
culpan por igual a los castristas y a nosotros de la lucha violenta que
se inició por los años 60. Grupos políticos como el autenticismo y la
democracia cristiana, el Directorio y el Segundo Frente, intentaron
negociar con la revolución cubana. Nosotros desde la Universidad de La
Habana tratamos con transparencia e ingenuidad encontrar con ellos
coincidencias. Pero fueron inflexibles y dogmáticos, eran dueños del
poder y no tenían nada que discutir. El presidente de la FEU, José
Rebellón, y el delegado del Partido Socialista Popular de la Escuela de
Derecho, el flaco Vilariño, nos respondieron con la coacción, el
silencio y la bofetada. Tampoco aceptaban elecciones libres en el país.
Entonces, no nos quedó más remedio que empuñar las armas.

Quien mantuvo a la familia cubana separada de 1960 a 1978 fue Fidel
Castro. El presidente Jimmy Carter dio indicios de querer arreglar con
seriedad el diferendo Washington-La Habana y quién invadió Angola fue
Cuba. Bill Clinton lanza una tenue señal de desear una convivencia con
su vecino caribeño y Castro ordena derribar las avionetas de Hermanos al
Rescate. Recientemente, cuando Barack Obama lanza el ofrecimiento de que
si gana la presidencia está dispuesto a hablar con sus enemigos, es el
dictador de Cuba, en su lecho de muerte, quien le tira con furia la
puerta en las narices.

Y esto es explicable. Me decía en estos días mi inteligente y agudo
compañero de celda en la circular #1 de Isla de Pinos, Ramiro Gómez
Barruecos, que un diálogo nacional es nuestro triunfo y la rendición,
inicialmente condicional, del castrismo. Porque implica una traición a
la intransigencia comunista que paralizó el país durante cinco décadas.

Por eso el ''abuelo sabio'' de Fidel Castro no ha querido negociar un
milímetro de poder y dinamita el más ligero puente que se tienda entre
ambas orillas. Mientras, erróneamente, el mundo piensa que La Habana es
la acosada, humillada y agredida. Y Miami la intransigente, retrógrada e
iracunda. Todo por una rama de olivo hipócrita que ofrece Cuba a
Washington, jamás a la disidencia ni al exilio, sus interlocutores
naturales para la solución de la crisis actual. Y es esto lo que
distorsiona la realidad cubana. Nuestro proyecto nacional no habla, sino
balbucea, en un lenguaje que carece de traductores, porque por una mala
suerte de padre y muy señor mío la historia actual de Cuba se escribe
sobre ``renglones torcidos''.

nicop32000@yahoo.com

http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/columnas_de_opinion/story/86896.html

No comments:

Post a Comment