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Thursday, September 06, 2007

CUBA, HONDURAS Y LA FARSA DE LOS MÉDICOS

CUBA, HONDURAS Y LA FARSA DE LOS MÉDICOS
2007-09-06.
Guillermo Morales Catá, Corresponsal en Barcelona de Misceláneas de Cuba

Ni una sola palabra aparece hoy, ni nunca, en los medios de comunicación
en Cuba, sobre la situación de los presos políticos en las cárceles
cubanas; ni mucho menos, sobre el deplorable estado de salud por falta
de medicinas o atención médica de aquellos que se encuentran entre rejas
en la Isla.

Hoy tampoco sería un día diferente para la política editorial del
Departamento Ideológico del Comité Central del Partido, quien dirige de
manera muy bien calculada lo que se debe o no decir en la radio, mostrar
en la televisión o escribir en los medios impresos.

Un breve repaso por los titulares de la prensa oficialista hoy parecen
jactarse de cómo una brigada de médicos cubanos, que se encontraban en
el Caribe norte de Nicaragua cuando fue embestido por el huracán
"Félix", están fuera de peligro y brindan asistencia y medicamentos a
los damnificados por ese fenómeno.

"Los médicos cubanos, 57 en total, llegaron a la Mozquitia de Honduras a
fines de agosto pasado y asistían a los pobladores de esas recónditas
comunidades cuando fueron sorprendidos por el poderoso ciclón", según el
Diario Granma.

Pero los médicos ni llegaron hace un año, ni la ayuda es tan edulcorada
como parece. Tras el paso del huracán Mitch por Honduras, al
"Comandante" se le ocurrió la genial idea de "exportar" la Revolución
con el envío de médicos a Centroamérica. Yo tuve la oportunidad, en
aquel entonces, de ser enviado especial como periodista por el Sistema
Informativo de la Televisión Cubana durante 8 meses a Centroamérica para
reportar sobre la labor de los médicos; y créanme, mi estancia allí
cambió mi futuro para siempre.

Primero hice un gran descubrimiento: el Macondo de García Márquez no es
un lugar salido de la imaginación del novelista. Macondo existe. Macondo
es el primer lugar de Centroamérica donde Cristóbal Colón puso sus pies.
Macondo es, en efecto, un paraje perdido que hace creer a quienes no lo
han visitado que ese sitio es fruto de la imaginación de García Márquez.

Cuando llegué a Macondo el 2 de diciembre de 1999, los platanales habían
desaparecido casi por completo. Solo quedaban los caminos maltrechos y
los charcos de agua achocolatada. En lugar de platanales pululan la
malaria o paludismo, el SIDA, las enfermedades diarréicas y el
parasitismo. También hay mucha gente parapléjica. Pero entre tanta
calamidad y personas con semblante de caballos rocinantes, también hay
gente linda, muy linda, que no sabe ni de dónde viene ni hacia dónde va.
Macondo, es, sin dudarlo (no lo dude usted) una provincia de Honduras
que da en llamarse "Gracias a Dios", pero que todo el mundo conoce como
"La Mosquitia".

De cualquier manera, no me explicaba por qué García Márquez se rompió
tanto su cabeza buscando un nombre mágico a su Macondo si una provincia
que se llame "Gracias a Dios" o "La Mosquitia", también es un nombre mágico.

Pero un hombre como García Márquez puede darse el lujo de cambiar los
nombres. Mas, con todo respeto, lo que no pudo fue cambiar ni su
geografía ni sus caminos maltrechos y los charcos de agua achocolatada.
Esta es la historia del Macondo que yo conocí como enviado de la
Televisión de la Isla.

Puerto Lempira es la capital del Departamento Gracias a Dios; una
provincia que todo el mundo en Honduras conoce como La Mosquitia. Ese
nombre de Mosquitia le viene por los indios misquitos, una de las tantas
etnias que habitan en todo el país. A ciencia cierta, nadie sabe el
verdadero origen de La Mosquitia. Viven alrededor de 60 mil personas,
pero todas en absoluta falta de asistencia médica.

En Puerto Lempira las calles no tienen nombre ni su aeropuerto tampoco.
El aeropuerto de Puerto Lempira es sorprendentemente mágico y kafkiano.
Pero la gente lleva con mucho orgullo su aeropuerto. Es lógico, no todas
las capitales de una provincia en el mundo tienen un aeropuerto.

Sin embargo, aterrizar en Puerto Lempira es en extremo peligroso. Se
llega en pequeñísimos aviones y avionetas. Los aviones nunca tienen
capacidad para más de 25 personas.

Desde lo alto uno no se percata de la llegada a Puerto Lempira. Eso sí,
el extranjero se pregunta el por qué hay un camino tan ancho en medio de
una planicie. Un camino donde toman el sol las vacas y los niños juegan
fútbol. Esa es la pista del aeropuerto. El piloto debe dar varias
vueltas sobre la pista para anunciar a las vacas y a los niños que el
descanso o el juego debe detenerse por un rato.

Pero ni las vacas detienen su descanso ni los niños interrumpen su
juego. Los pilotos estarían ya acostumbrados a eso. Haciendo malabares y
sorteando dichos obstáculos logran aterrizar. Cuando el avión o la
avioneta se detiene, justo al lado de cuatro columnas que sostienen un
techito de zinc, montones de niños llegan. Ese es el acontecimiento del
día. Uno mismo ha de sacar su equipaje del avión. No hay cartel que
anuncie la llegada a Puerto Lempira. Debe entonces irse hasta el centro
de aquel pedacito de tierra olvidado del mundo.

El centro de la "ciudad de la selva" es una explanada donde convergen
cuatro sinuosas calles sin asfalto. En una de las esquinas, un
pequeñísimo Hotel; en otra, un mercadillo de naranjas, cocos y yucas; en
la tercera esquina, una tiendecilla montada sobre balaustres de madera
donde se puede encontrar hasta "peanut butter". Si se para en este
centro y se mira hacia el norte, la mirada desembocará en un mar de
agua. En realidad es la laguna Caratáscara, la más grande del país.

Ninguna calle tiene asfalto; son terraplenes donde el polvo forma
pequeños remolinos cuando no llueve y el fango se torna chocolate en
crema cuando cae la lluvia. A este lugar sólo se puede llegar a través
de aquellas avionetas o por el mar. La carretera no llega hasta allí.
Algunos dicen que a la gente del lugar no le interesa porque todavía
queda mucho oro a flor de los espejos de agua. Los unos piensan que
acabarán con las etnias de la zona y con todos los recursos, los otros
que todo sería más barato si hubiese carretera.

En Puerto Lempira casi nadie usa zapatos. Todos tienen los pies
descalzos y anchos; desnudos, como el mismísimo Dios los trajo al mundo.

Y allí, a aquel sitio perdido golpeado hoy también por el huracán Félix,
llegué con una veintena de médicos cubanos a quienes el Estado cubano
pagaría unos 100 dólares mensuales. No obstante, fui testigo por cartas
que recibían los médicos desde Cuba, que muchas veces los 100 dólares no
llegaban a sus casas porque "eran más necesarios para otras causas de la
Revolución".

No sé si por estas u otras razones, los médicos se dedicaban a
"inventar" y recibían "regalos" que la gente de mejor nivel adquisitivo
-siempre hay gente con mejores posibilidades en cualquier lugar del
mundo- les harían. O bien podrían ser en dinero o en especie como un
televisor, un microwave o cualquier objeto que en la Isla difícilmente
podrían obtener o comprar.

Mientras los médicos se dedicaban a sus "inventos" para llevar
"pacotillas" a la Isla, las infecciones respiratorias y diarreicas
agudas, el cólera, la tuberculosis y la malaria desgastaban a las gentes
de los ocho grupos étnicos de aquella zona - aunque misquitos y
garífunas son los predominantes.

Cervezas, fiestas, barbacoas de langosta y mucho presumir de "médicos".
Esta es la verdadera historia de lo que hacían los médicos cubanos en
aquel entonces.

Tuve la oportunidad, por aquellos meses, de visitar todos los
Departamentos de Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Y las
fiestas en Managua y Tegucigalpa se sucedían noche tras noche. Los
médicos cubanos se convirtieron en una especie de invitados especiales
en cualquier fiesta de la burguesía centroamericana.

Mientras, los pobres, los verdaderos pobres; igual que los presos
plíticos en las cárceles de la Isla, esos aún hoy esperan lo que dicen
los titulares de la prensa oficial cubana: "los médicos cubanos brindan
asistencia y medicamentos a los afectados por el huracán". Yo, lo pongo
en dudas.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=11487

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