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Wednesday, June 14, 2006

La Vieja Europa Obligada a Taparse la Nariz para Seguir Siendo Solidaria

La Vieja Europa, Obligada a Taparse la Nariz para Seguir Siendo Solidaria

2006-06-14 www.cubaeuropa.com

El pasado 26 de mayo se publicaron en el boletín oficial del gobierno
cubano nuevas disposiciones reguladoras que, en realidad, entrañan
nuevas amenazas y condiciones contra las ayudas humanitarias y
cooperación económica en la isla. La ley, promulgada por el Ministerio
de Inversión Extranjera y Colaboración (MINVEC) supone, en el fondo y en
la forma, condiciones que deberían ser inaceptables para cualquiera de
los organismos afectados ya sean instituciones privadas, organismos
internacionales o Gobiernos extranjeros, pues a todos ellos afecta la
pretensión de no aceptar colaboración o donativo alguno que impliquen
“condicionamientos políticos, económicos o sociales” que puedan ser
interpretados por las autoridades como de “injerencia” en sus asuntos
internos o vayan contra “los principios de la Revolución”.

Revolución basada en la intolerancia, en la violación de los derechos
fundamentales de todo ser humano y en el control más absoluto de cada
acto o decisión no sólo de sus ciudadanos sino también de todo aquel que
ose poner sus pies en una isla controlada por un solo hombre. Revolución
que ha asistido al paulatino empobrecimiento de un país antaño próspero
y con futuro, al que acudían emigrantes españoles en busca de una mejor
calidad de vida que en su país no encontraban.

Castro, irónicamente habla de “injerencia” a la par que establece como
debe ser la cooperación procedente de países solidarios y prohíbe, en la
práctica y en la ley, que ésta se vincule a la reclamación de la
dignidad y el respeto a los derechos internacionalmente reconocidos.
Dura ironía que pone en juego la pervivencia de la cooperación y que
implica la negativa a su recepción. Porque, repetimos una vez más, son
condiciones inaceptables para los países democráticos de los que proceden.

No es la primera vez que se niega la cooperación internacional. Ya el
año pasado y tras el paso del huracán Dennis, Cuba rechazó la ayuda
europea y americana destinada a paliar los sufrimientos y desastres que
el huracán había provocado. Pero hasta ahora, no se había promulgado una
ley que estableciera las condiciones en que la cooperación puede ser
recibida. No hay país alguno en que a la cooperación se le pongan trabas
y condiciones. Y entre tanto, el sufrimiento de un pueblo aumenta
exponencialmente.

El pueblo cubano necesita de la cooperación internacional y de la ayuda
proveniente de Europa. Sus condiciones de pobreza y supervivencia, con
misérrimos sueldos que apenas llegan a cubrir sus necesidades básicas y
con amplios sectores de población en situación de riesgo, viviendo en
poblados chavolísticos denominados “llega y pon”, con derecho a recibir
leche sólo hasta los siete años de edad, con racionalización de los
alimentos que apenas llegan a cubrir las necesidades básicas de la
población... la ayuda en cooperación proveniente de la UE supone un
respiro, un cierto alivio para un país cuyos salarios medios están en
torno a los 10 euros mensuales.

Con la nueva ley, es el propio gobierno cubano quien impondrá las
condiciones que rigen la cooperación económica recibida del extranjero.
Condiciones que no pasan por una valoración de su efectividad o su
necesidad, sino por desligar la exigencia al respeto de los derechos
humanos, violados sistemáticamente por Cuba, de la cooperación y que
chocan frontalmente con los principios que rigen el modelo social que
caracterizan a las democracias europeas. Condiciones que son
establecidas en un marco kafkiano y surrealista, de manera unilateral y
exclusiva por el propio gobierno, en una dialéctica de aceptar
intolerables controles o de cometer, en caso contrario, “un delito
grave” contra el Estado cubano, tal como fue afirmado por los ministros
Pérez Roque y Marta Lomas.

Un régimen cerrado al diálogo, impositivo y que muestra, una vez más, su
verdadera cara de prepotencia y desprecio de las necesidades de un
pueblo arruinado, exhausto, que lucha a diario con la miseria, obligado
a elegir entre el acatamiento o la exclusión, entre la aceptación de las
iniquidades que los mandatarios imponen o entre la amenaza permanente de
prisión si osan reivindicar sus derechos fundamentales, su
reivindicación de la dignidad arrebatada. Un Estado que ignora las
perentorias necesidades de su pueblo en aras a seguir controlando de
manera exclusiva cada movimiento, cada acción que se realice en la isla.

La nueva disposición obliga, expresamente y por ley, a los gobiernos de
países solidarios, ONG o instituciones a desligar la ayuda o la
cooperación del requerimiento de obligado respeto y cumplimiento de los
derechos humanos de la población. Lo que no supone sino una reafirmación
de las prácticas ya establecidas. Hasta ahora, los organismos de
cooperación internacional podían intentar presionar al gobierno cubano
en aras a exigirle el reconocimiento de los derechos de la población a
cambio de cooperación. Con la nueva ley, el gobierno cubano no sólo
obliga a desligar la cooperación externa de los principios básicos que
animan las relaciones sociales o económicas de los países democráticos
de los que proceden, sino que impone el que éstas estén en sintonía con
las “prioridades” establecidas por el gobierno. Esto es, la presión o la
exigencia de reconocimiento de los derechos del pueblo cubano o la
demanda de excarcelación de los presos de conciencia será interpretada
como una falta grave.

Prioridades que en el plano social pasan por la prohibición del derecho
a la libre expresión y a la libre asociación y reunión y, en el plano
laboral a la prohibición de sindicatos libres, a la negociación
colectiva en el marco de las empresas inversoras o al uso de
cualesquiera de las armas pacíficas tradicionales de los trabajadores
como es el de la huelga o la protesta, a la asunción de que el Estado
controla salarios, contrataciones y despidos y, en definitiva, a la
violación de los Acuerdos Internacionales refrendados o no por el
gobierno cubano y que ahora, en una nueva vuelta de tuerca más, obliga a
los demás a violar.

Y aún hay más: la nueva disposición niega la creación de servicios
sociales o de distribución de recursos “paralelos a los establecidos por
el Estado cubano” La nueva ley, de 15 artículos, establece rígidos
controles a instituciones, fundaciones, ONG, y otros organismos cubanos
receptores de cooperación extranjera que deberán someterse a rigurosos
mecanismos de control. Todo atado y bien atado. El gobierno es el único
que decidirá qué recibe, cómo lo recibe y a quien va destinada la ayuda
pues la propia ley establece que, en ningún caso, la cooperación puede
“favorecer” a “sectores de la población por razones étnicas, religiosas
o de nacionalidad”.

Nuestra pregunta ahora es ¿hasta cuándo? ¿hasta cuando el pueblo cubano
podrá seguir soportando tal estado de cosas? Y ¿hasta cuándo los países
democráticos seguirán aceptando unas condiciones impuestas
unilateralmente por un gobierno absolutista y tiránico, de todo punto
inadmisibles por sus Estados de procedencia? Diplomáticos y cooperantes
europeos reconocen el acrecentamiento de las nuevas dificultades para la
cooperación impuestas por el régimen. Y ello en el reciente marco de la
nueva decisión de la Unión Europea de seguir manteniendo la suspensión
temporal de las sanciones impuestas a Castro por su violación permanente
de los derechos de la población cubana. Y frente a tal decisión, en cuyo
análisis ahora no entramos, la decisión firmemente expresada por Pérez
Roque, ministro de Relaciones Exteriores, y Marta Lomas, ministra del
Minvec, de seguir rechazando la cooperación oficial europea en castigo
por las sanciones diplomáticas adoptadas en el 2003 tras el arbitrario
encarcelamiento de 75 opositores. Aunque nuevamente, la UE ha decidido
dejar dichas sanciones en suspenso. ¿Ironía, sarcasmo, desprecio? Pongan
ustedes el adjetivo que consideren más adecuado.

Luz Modroño
Miembro de la Direccion de Cubaeuropa.
GIRSCC
Junio, 2006.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=5761

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