SOCIEDAD
Cóctel habanero: El ingenuo
Raúl Soroa
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Tengo un amigo que es una
persona muy ingenua. Algunos compatriotas más expresivos le llamarían de
otra forma muy común en Cuba. Pero sin ánimo de ofender, le llamaré así,
suavemente, ingenuo.
Para que tengan una idea, mi amigo aún cree que la zafra de los 10
millones no se pudo lograr por el sabotaje imperialista; que Ubre
Blanca, la famosa vaca lechera de Castro (una de ellas) producía más de
100 litros de leche al día o que de verdad año tras año se sobrecumple
el plan de producción de alimentos.
Aún da como posible que la sequía que afectó en años recientes al país
fue producto de un arma climática secreta usada por los americanos; se
traga el embuste de la austeridad de los miembros de la nomenclatura, y
cree fervientemente que Mijail Gorbachov era agente de la CIA y que la
caída del socialismo en Europa del Este fue fruto de un plan macabro
orquestado por los Estados Unidos, Alemania e Inglaterra.
Mi amigo año tras año espera que las cosas mejoren. Si salen mal se hace
eco de todas las patrañas que dice la TV, y repite a todo el que quiera
escucharlo que la culpa es de los americanos y su bloqueo económico.
Cree todo lo que cuentan sobre Irak, sobre Afganistán, sobre medio mundo
en la prensa. El Noticiero Nacional de Televisión es para él algo
sagrado, y la Mesa Redonda -no se la pierde nunca- la verdad absoluta.
Hace unos días lo invitaron a una actividad festiva en su centro de
trabajo. Como es una persona muy pobre y no sale nunca a ninguna parte,
no tenía ropa adecuada, y decidió ir a La Habana (cuando un habanero
legítimo se refiere a La Habana habla de Centro Habana o de la Habana
Vieja) y comprarse un pantalón, una camiseta y un cinto. Cuando me
mostró el dinero que llevaba me dio pena con él. Preguntó cuáles tiendas
le recomendaba que no fueran muy caras. Le recomendé las tiendas de ropa
de uso o reciclada.
Al día siguiente era la viva imagen de la desolación. El cinto, comprado
a los artesanos, le costó 120 pesos; una camiseta de uso 60, y el
pantalón costaba otros 120 pesos. No pudo comprarse el pantalón, el
dinero no le alcanzó. "Era todo mi salario del mes, sólo me quedaron 60
pesos".
Se me quedó mirando un rato y dijo: "Menos mal que abrieron esas tiendas
de ropa reciclada. Es una excelente idea. Te imaginas que donde único
hay pantalones es en las tiendas en divisas, y ahí sí estoy frito, un
pantalón cuesta 20 CUC, o sea, 460 pesos; una camiseta siete CUC, lo que
viene siendo 160 pesos, y del cinto para qué hablar, y yo gano 240
pesos". Hace una pausa y sonríe feliz. "Pero bueno, dicen que van a
abrir unos nuevos mercados venezolanos muy baratos, y entonces podré
comprar los pantalones".
Mi amigo es un hombre muy ingenuo. Fíjese si es verdad, que aún está
esperando por la arrocera, la olla reina, la cocina eléctrica, etc. que
le prometió Castro en la TV hace ya ¿cuántos meses?
Mi amigo no es una mala persona. Es solidario, buen socio, no se mete en
los asuntos de los vecinos, y es incapaz de delatar a alguien. Aunque
está convencido de que los opositores son mercenarios y una especie de
frankesteins con toda una amalgama de vicios y defectos es incapaz de
alzar su mano contra uno de ellos, y no participa en actos de repudio ni
cosas similares.
Mi amigo sufre a veces terribles desilusiones. Vive mal, pasa mil
necesidades de todo tipo. Por suerte -o mejor dicho por desgracia para
él y para todo el país- no está solo. Lo acompañan muchos, muchos más.
http://www.cubanet.org/CNews/y06/jun06/15a8.htm
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