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Saturday, April 15, 2006

Como sobrevivir en Villa Marista

Posted on Fri, Apr. 14, 2006

Cómo sobrevivir en Villa Marista
ADOLFO RIVERO CARO

El tema central del último número de esa excelente 'Revista Hispano
Cubana', que se edita en Madrid, es la represión en Cuba.
Infortunadamente, lejos de ser una reminiscencia histórica el tema tiene
una creciente actualidad. No sólo por el incremento del acoso interno
contra la disidencia cubana, sino porque venezolanos, bolivianos y
probablemente peruanos harían bien en estudiar el modelo de represión
cubana. Pudiera ser su futuro. ¿Por qué? Porque no hay modelo de
reconstrucción radical de una sociedad que no implique la necesidad de
una represión de masas. Creer que sólo va a ser necesario reprimir a una
pequeña minoría de la población es profundamente equivocado. La historia
es elocuente.

En la revista hay interesante trabajos de Julián B. Sorel, Enrique Ros,
Angel Cuadra y otros amigos. También incluye un viejo ensayo mío: Cómo
sobrevivir en Villa Marista (que puede leerse en
www.neoliberalismo.com). Hablo, por supuesto, de una experiencia
personal. La primera vez estuve tres meses en Villa y la segunda cinco,
aunque allí el tiempo tiene una dimensión especial.

Villa Marista, como es sabido, es parte del Departamento de Operaciones
de la Dirección de Contrainteligencia del Ministerio del Interior. Fue
creada en 1963 y es el equivalente cubano de la Lubianka de Moscú.
Instructores de la KGB, veteranos estalinistas, trasmitieron a los
cubanos su vasta experiencia represiva.

En Villa Marista el objetivo fundamental de la Seguridad es conseguir la
rendición moral del detenido, derrotarlo moralmente. No se pretende
convencerlo ideológicamente, el objetivo es más modesto. Se trata de
convencerlo de la omnipotencia del aparato represivo y de que los
detenidos están absolutamente inermes. La celda habitual en Villa mide
unos 3 x 2 metros. Ciertamente no es aconsejable para los que padezcan
de claustrofobia. Las literas son planchas de hierro o madera
encadenadas a la pared. Hay una o dos literas en cada pared. Las celdas
tienen una especie de persianas de concreto que no permiten ver hacia
afuera, aunque dejan entrar el aire y alguna claridad. La letrina es un
simple agujero en el piso. Un pequeño chorro de agua cae sobre el hueco.
Los detenidos beben de ese chorro. Un pedazo de tubo que sobresale de la
pared, sobre la letrina, sirve de ducha. A los detenidos no se les
permite afeitarse ni peinarse ni cortarse las uñas. No hay espejos. No
tienen acceso a ningún contacto con el mundo exterior. Hay una visita
familiar de 5 minutos, una vez a la semana. En presencia de un oficial.
Sobre la puerta de hierro hay un bombillo perpetuamente encendido
cubierto por una malla metálica. Los suicidios son frecuentes. El
traslado a una cárcel normal es considerado una excelente noticia.

Es común que los interrogatorios se hagan de madrugada. Los detenidos
nunca deben perder de vista que ahora se encuentran en un universo
particular que se rige por sus propias leyes. Los usos y costumbres de
la vida normal han perdido su validez. Carece de sentido, por ejemplo,
tratar de convencer de su inocencia a un oficial interrogador. Eso es
olvidar que los éxitos profesionales de ese oficial son directamente
proporcionales a la cantidad y gravedad de los ''delitos'' que logre
descubrir. No poder demostrarlos es un fracaso profesional. Al olvidarlo
y tratar de convencer de algo a un interrogador, el detenido sólo
consigue trasmitir una información que inevitablemente va a ser usada en
su contra. Lo mejor es hablar lo menos posible.

Venezolanos, bolivianos y quizás otros tienen que prepararse para los
que les viene encima. El objetivo fundamental de los gobiernos
revolucionarios no es mejorar las condiciones de vida. Eso es sólo el
pretexto para llegar al poder. Su objetivo real es establecer una
dictadura. Una vez establecida la misma, la creación de instituciones
como Villa Marista es inevitable. Siempre habrá opositores dispuestos a
luchar por la libertad.

www.neoliberalismo.com

http://www.miami.com/mld/elnuevo/news/opinion/14336747.htm

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