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Thursday, February 22, 2007

Palabras de Monsenor Pedro Meurice en su Ultima Celebracion Como Arzobispo de Santiago de Cuba

Palabras de Monseñor Pedro Meurice en su Última Celebración Como
Arzobispo de Santiago de Cuba
2007-02-22

Pedro Meurice. Foto: Cortesía de Liberpress.
LiberPress- Buenos Aires - 21 de Febrero de 2007- LiberPress quiere
hacerles llegar hoy la voz del arzobispo primado de la Iglesia Católica
cubana, textualmente. Hemos pensado que trasmitir sus palabras de
despedida y hacerlas llegar a muchos corazones, es el mejor homenaje que
se puede rendir a este Pastor de la Iglesia de Cuba, velador de la
Virgen de la Caridad del Cobre, Reina y Patrona de Cuba y presentador de
la Causa de beatificación del Siervo de Dios Padre Félix Varela ante la
Santa Sede.

A este Pastor que explicó a Juan Pablo II en 1998 "la Nación vive aquí y
vive en la diáspora. El cubano sufre, vive y espera aquí y también
sufre, vive y espera allá fuera. Somos un único pueblo que, navegando a
trancos sobre todos los mares, seguimos buscando la unidad que no será
nunca fruto de la uniformidad sino de un alma común y compartida a
partir de la diversidad."

A continuación transcribimos las palabras de despedida que Monseñor
Pedro Meurice Estiú pronunció al finalizar la ultima Eucaristía que
celebrara como Arzobispo Santiago de Cuba, el 18 de febrero de 2007:

Palabras de Monseñor Meurice: "Al llegar el fin de mi ministerio
episcopal, pues así lo manda la Santa Madre Iglesia según el Código de
Derecho Canónico (modificado en el 1983), el obispo al cumplir la edad
de setenta y cinco años debe según su artículo 401 inciso a, debe
solicitar al Santo Padre su retiro. A mí no me gusta decir retiro, pues
eso se parece a retirada, a mi me gusta decir jubilación, porque viene
de júbilo de alegría. Esa edad la cumplo en unos días y ha sido aceptada
mi petición. Eso ya todos lo saben. Así dando una mirada a todos estos
años, veía que no había sido yo quien había impartido catequesis,
visitado a los enfermos, acompañando a los presos... eso con toda
honestidad lo han hecho durante todo este tiempo, ustedes.

Por ello pensé y así lo solicité, otorgar una distinción de parte del
Santo Padre, a las personas que se han distinguido con constancia y se
han entregado a la obra de la Fe en Cuba, en nuestra Arquidiócesis. Y es
esto que estamos haciendo esta noche en este momento en que hermanos de
las comunidades de Santiago de Cuba y sus alrededores recibirán esa
condecoración: la Honorificencia Pontificia. Yo hubiera deseado ir
parroquia por parroquia pero no ha sido posible, sólo pude ir a las
parroquias de Baire, Contramaestre, Palma Soriano y San Luis." (En ese
momento fueron llamados al presbiterio todos los elegidos para recibir
tan alta distinción)

El relato de la crónica de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba
sobre esta celebración dice así: "Cuando ya parecían vividas todas las
emociones Mons. Meurice se acercó nuevamente al micrófono. Se hizo
silencio. Sabíamos que sus palabras a aquella hora sonarían muy
especiales para cada uno de nosotros, sus hijos....Y comenzó:"

Palabras Finales de Mons. Meurice:

"Bien hermanos, todavía les molestaré por unos minutos. Una vez más
solicitaré la paciencia de ustedes, pueden estar seguros de que ésta
será la última vez. No sé por dónde empezar ni por dónde terminar.

Esta es la última Misa que he celebrado como Arzobispo de Santiago de
Cuba. La última vez también como Arzobispo. No quiero terminar sin dar
gracias a Dios por mis setenta y cinco años y por los cuarenta años de
Arzobispo.

Agradecerle a Dios que me dio la vida, que me dio mis padres y mis hermanos.
Agradecerle la familia que me dio, los amigos que me dio.
Agradecerle a Dios que me llamó a la fe en la Iglesia Católica.
Agradecerle a Dios por el párroco y los párrocos que tuve y que me
presentaron para el Seminario.
Agradecerle a Dios por el arzobispo Zubizarreta que me aceptó y me mandó
al Seminario.
Agradecerle a Dios por los compañeros que tuve en el seminario.
Agradecerle a Dios por el rector Madariaga; por los prefectos, sobre
todo los de disciplina, que me ayudaron a coger el camino recto.
Agradecerle a Dios por el inolvidable Mons. Enrique Pérez Serantes, que
me ungió sacerdote... Mons. Pérez Serantes tuvo que yo sepa un solo
error en su vida, y fue el llamarme para que fuera su obispo auxiliar,
sucesor de él. Él me enseño con su vida, con sus palabras... pero yo soy
duro, Dios lo sabe, de"coco" y de corazón.

Todas las gracias y dones que Dios me ha dado yo no las he sabido
corresponder, y no es una exageración. Cada cual sabe su historia;
ustedes saben la suya, como yo sé la mía y no miento. sólo les digo que
en mi barca no hay oro ni plata, ni espadas, no.

Agradecerle a Dios por los sacerdotes que me ha dado. Que cuando yo digo
que son el mejor clero del mundo se ríen y creen que no lo digo de
verdad. Pero es verdad. Yo sí me puedo reír cuando ellos dicen que soy
el mejor obispo del mundo.

Agradecerle a Dios, y lo he dejado para el final pensando que llegaba
sereno, agradecerle a Dios por ustedes.

Lo que les dije al principio es verdad, no he sabido ser lo que tenía
que ser.

Ustedes han hecho la obra, ustedes lo han hecho.

La Iglesia que somos hoy, ustedes la han hecho. El Espíritu Santo y
nosotros, pero ustedes son los que han hecho. Yo sólo tengo una excusa,
a mi me formaron en el Seminario y después en la universidad, pero no me
enseñaron cómo sería después.

Yo fui y regresé a Cuba el 28 de octubre de 1958, y en un año y medio me
cambiaron las cartas de la baraja. Y para qué voy a hablar si ustedes
saben mejor que yo. Dice en latín soli Deo honor et gloria. Sólo al
Señor, sólo al Señor todo honor y toda gloria.

Quisiera que la última imagen que ustedes conservaran de estos cuarenta
años de arzobispado, sea la de esta noche. Una eucaristía con toda la
comunidad de hermanos en la que hemos orado y dado gracias al Señor y
hemos participado en el reconocimiento, en la persona de estos hermanos,
a todo el pueblo de Dios de Santiago de Cuba todo lo que han hecho por
la Iglesia en este tiempo.

Dicen los guajiros que nunca está más oscuro que cuando va a amanecer.
Yo no soy profeta, ni me atrevo a decir cosas de ésas nunca nunca
nunca...Hay día y hay noche, después de la noche viene el día o después
del día viene la noche; yo espero que vendrá un día esplendoroso, un día
de sol en el que todos los cubanos piensen como piensen; crean o no
crean en Dios; estén dónde estén, dentro de Cuba o fuera de Cuba; todos
sufriendo por Cuba y esperando por Cuba. Llegará el día en que tanto
dolor y tanto sufrimiento, tanto trabajo, tanto sudor, no serán en vano,
darán su fruto y fruto abundante. Y todos podremos gozar de alegría, de
paz, de unidad.

Eso supone un trabajo previo que se está haciendo y que de manera
especial les encomiendo ahora, que es el trabajar y luchar por la
reconciliación de todos los cubanos. Y se cumplirá lo que dicen hoy las
escrituras.

Así quiero que me recuerden cuando digan aquel arzobispo gordito... la
última vez fue la de la Honorificencia Pontificia a los hermanos.

Quiero que también se acuerden de estas cosas que les voy a decir, que
lo tomen como mi última palabra, como una última petición.
La última petición es que el mundo no cambia, Cuba no cambia si no se lo
pedimos a Dios con una insistencia y una constancia renovadas. Hay que
orar, orar, orar, orar... Rezar, rezar, rezar... para arrancarle a Dios
por intercesión de nuestra Madre, María de la Caridad esa gracia...No
sólo por esa gracia, sino por lo que viene después de ese momento.

Lo primero es la oración, lo segundo es que el mundo de hoy, aunque no
tengamos mucho acceso aquí a eso, ha cambiado y está cambiando mucho. Y
nosotros la Iglesia Católica, si queremos cumplir la misión que Dios nos
encomienda en el mundo, tenemos que renovar mucho mucho mucho nuestra
iglesia. Empezando por renovarnos nosotros mismos por dentro.

Cuando digo renovar, es renovar nuestras prácticas pastorales y aún en
nuestra misma formación tenemos que poner muchas cosas al revés de como
están ahora.
Esto es, primero trabajar por la reconciliación.
Segundo: orar orar orar, rezar rezar rezar...
Tercero cambiar, todos unidos sacerdotes y fieles cambiar,empezando por
cambiar el corazón.
Cuarto, no hay Cristianismo, no hay Iglesia Católica si no hay el Culto
verdadero a Dios en Espíritu y en Verdad, sin culto no hay Iglesia Católica.

Les decía reconciliarse, orar por la reconciliación, cambiar las
cosas... no se es cristiano si no se compromete con la Fe de tal manera
que se va a comunicarla a los demás, la misión, la evangelización. Si
no hay oración no hay Fe, si no hay culto al Dios verdadero no hay
crecimiento en la Fe. Si no hay evangelización no hay compromiso en la
Fe, no hay crecimiento en la Fe.

No olviden nunca que somos discípulos de un crucificado. Si la cruz no
está en medio de nosotros, y si no vivimos la cruz no somos cristianos,
simplemente. Tendremos de todo, construiremos unos templos maravillosos,
no sé cuántas cosas más, pero si no vivimos la cruz no hay cristianismo.

Nuestra Señora de la Caridad, ella es la que tiene el secreto la llave
de cómo se entra a la puerta del corazón del pueblo cubano. Ella es la
que tiene el secreto y esa llave, cuando vamos con esa llave nadie dice no.

Tenemos primero que vivirlo como Ella, buscar que se haga en nosotros la
voluntad de Dios y llevar esa dedicación y esa devoción a todos los demás.

Estoy tan emocionado que debo terminar ya, no quiero llorar, ni quiero
que otros lloren. Quiero en el día de mi jubilación, júbilo y alegría.

Me voy, pero no me voy de Cuba, estoy sembrado aquí gracias a Dios,
porque aquí nací en el pueblo más hermoso de Cuba que se llama San Luis,
y no me voy de aquí, ni aunque me arranquen.

Les invito a todos para que el próximo sábado día 24 de febrero a las
diez de la mañana para dar la bienvenida y celebrar con el nuevo
Arzobispo nombrado por SS Benedicto XVI Mons. Dionisio García Ibáñez.

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