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Wednesday, February 21, 2007

El valor de una latica

SOCIEDAD
El valor de una latica
Oscar Mario González

LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) - A pesar de la voluntad
uniformadora del totalitarismo, en los mercados agropecuarios cubanos se
utilizan los más diversos patrones de medida para la comercialización de
los productos.

Si usted se acerca a ver funcionar un mercado agropecuario, le
sorprendería la diversidad de pesos y medidas que se emplean. El cubano,
a fuerza de hábito, lo acepta con indiferencia y los más jóvenes lo ven
como algo normal.

Aunque en nuestro país el método oficial corresponde al Sistema Métrico
Decimal, para las medidas de peso todos hablan y emplean la libra;
haciendo caso omiso del kilogramo. Por más que el gobierno cubano, como
miembro integrante del antiguo CAME o COMECOM empleaba toda su autoridad
y poder para que utilizaran el kilogramo, la fuerza de la costumbre era
mayor y la gente siguió usando la libra de 16 onzas y 460 gramos.

Pero el cubano, que cuando la cosa aprieta se agarra de un clavo
encendido, inventó los más disímiles patrones para medir. Así pues para
la cebolla, el ajo, la acelga y otras hortalizas, utiliza el mazo, que
puede ser más grande o pequeño, y valer más o menos. En fin, el mercado,
o más que el mercado, la escasez, va definiendo el precio. En el caso
del ajo y la cebolla se venden, además, en riastras que siempre ha sido
una manera de almacenar y transportar estas especias, utilizadas por el
campesino.

Para los productos en piezas, se utiliza el jarro, y este es el caso de
los ajíes "cachucha", chai, "guaguao", pero no así el pimiento, que se
vende por unidades.

En algunos lugares del interior se ha vendido por "puñados", que es la
capacidad de la mano derecha del vendedor cuando está semi abierta.

Pero la más usada de todas las unidades de medidas ha sido durante casi
medio siglo la latica de leche condensada. Y se refiere al contenedor de
este producto, de composición metálica y dimensiones habituales. El
cubano le debe mucho a la latica de leche condensada.

Desde que apareció el mercado negro (casi cincuentenario), allá, en lo
más intrincado del ambientoso solar, el "vendutero" furtivo se valía de
su latica para medir el producto. Dos laticas de frijoles de cualquier
tamaño o color equivalía a una libra. Dos de leche en polvo y una
tercera o algo menos de la mitad era otra libra, y así el detergente, la
azúcar, el arroz, y cuanto producto granulado y en polvo se ofertara en
el mercado informal.

Pero también su utilidad fue tremenda, cuando en los primeros años del
período especial muchos iban al campo a cambiar ropa y zapatos por
alimentos. El guajiro, ducho y avispado, cerraba el trueque mediante el
cual un par de medias de niño podía conveniarse por tres o seis laticas
de frijoles.

Las tiendas dolarizadas han puesto en manos de cuentapropistas y
merolicos furtivos varios tipos de balanzas, aunque las preferidas para
el ajetreo diario siguen siendo las de bodega, con contrapeso y brazos
bronceados. Pero aún muchos siguen valiéndose de esos patrones como el
mazo, el jarro, la ristra y el puñado.

Hace muchos años que la leche condensada dejó de venir por la libreta de
racionamiento; desde hace algún tiempo se vende en las tiendas
dolarizadas a algo más de un chavito. Cuando se ven sobre el estante se
les mira con agradecimiento. Todos los cubanos, excepto los pejes
gordos, hemos necesitado del mercado negro para poder subsistir; por
tanto, todos tenemos una deuda de gratitud, mayor o menos, con la latica
de leche condensada.

http://www.cubanet.org/CNews/y07/feb07/19a6.htm

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