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Tuesday, June 20, 2017

Antonio Moltó y el periodismo 'samizdat'

Antonio Moltó y el periodismo 'samizdat'
MAYKEL GONZÁLEZ VIVERO | Sagua la Grande | 20 de Junio de 2017 - 12:08
CEST.

―Te voy a responder, ¡pero en la puerta!

El presidente se echa a un lado, me sugiere que baje. Voy delante.
Bajamos apurados. A la luz de un vitral, según acostumbran a alumbrarse
las escaleras de El Vedado, llegamos al vestíbulo de la Unión de
Periodistas de Cuba (UPEC). Seguimos, un poco más lejos, hasta el
escalón de la puerta. En el jardín se miran José Julián Martí y Juan
Gualberto Gómez. Juan Gualberto, tan rollizo que no sé cómo sostiene la
cabeza; José Julián, incorporándose, incorpóreo, en cuerpo de dios
precolombino, su cuerpo fabuloso.

―¡No me grabes! ―dice Antonio Moltó―. ¿Me estás grabando?

Un edecán nos observa a dos pasos, dispuesto a socorrer al presidente,
que tiembla. Dispuesto se nota a echarme del escalón, un poco más lejos,
si el presidente da la señal.

―Estás en malas compañías ―dice Antonio Moltó―. Y acudiste al lugar
equivocado para presentar esta reclamación. ¿Cómo entraste?

Por la puerta. Por aquí mismo. Donde habla el presidente hay una
recepcionista callada. Hace un momento dijo: "Sube, Cubaperiodistas
queda arriba". La redacción quedó vacía porque todos fueron a almorzar.
"Pero busca a Moltó", dijo un redactor laborioso o inapetente, "él
dirige Cubaperiodistas de todos modos".

A la oficina del presidente se llega por el mismo corredor. "Y cómo
entraste", se interesó una funcionaria del despacho. Por la puerta. Por
aquí mismo. Y mientras almorzaba Moltó apareció la editora de
Cubaperiodistas: "No puedo darte derecho de réplica porque en nuestro
sitio solo publican periodistas. A ti no te reconocemos como
periodista". Casi pedía perdón. "No te reconocemos", decía, hundida en
el sofá. La interrumpió el presidente: "Te voy a responder, ¡pero en la
puerta!".

―No vengas a hablarme de ética ―dice Antonio Moltó―, si no la tienes.
Nos diste la espalda. Estás trabajando contra esta organización que
representa la unidad de los periodistas.

Digo algo sobre dialogar.

―OnCuba, El Toque, Periodismo de Barrio, como Diario de Cuba, son medios
contrarrevolucionarios. Eso me impide dialogar contigo.

Digo algo sobre Yamilka Álvarez, su artículo en el periódico Venceremos,
Guantánamo, donde asegura que no arrestaron a nadie en Baracoa. Digo
algo sobre replicar.

―¿Y tú crees que voy a darte réplica contra una periodista de toda mi
confianza? ―dice Antonio Moltó―. ¿Qué pasó? ¿Te esposaron? Reclama con
las autoridades, no aquí.

Digo algo, finalmente, sobre la UPEC.

―Tú no eres periodista ―dice Antonio Moltó―. Ya no estás en un medio
nuestro, entonces no eres periodista. Viniste al lugar equivocado.

En un escenario más racional, la UPEC se habría disuelto. La demanda
básica del gremio ni siquiera interpela al sistema de medios cubano. La
demanda básica del gremio es contante y sonante: mejores salarios.
"Tienen que esperar", indicó Miguel Díaz Canel en el último congreso, y
desde entonces todos se han consagrado a la paciencia. "Porque hay
sectores más importantes que ustedes", explicó Díaz Canel, y la aguja de
la autoestima gremial tocó cero.

La UPEC se habría disuelto, en particular, porque no consigue mediar en
la aspiración de una Ley de Medios. Se habría disuelto por inútil si el
escenario fuera más flexible. Pero representa la unidad. No la unidad de
los periodistas para dialogar con el poder, sino la unidad de los
periodistas con el poder. La Ley de Medios, si viene, será mordaza. La
Unión… anudará la mordaza.

―Estamos en bandos diferentes ―dice Antonio Moltó―. ¡Y ustedes son unos
provocadores!

Este año le dieron un Premio Nacional de Periodismo honorífico a Armando
Hart. Este año le dieron un Premio Nacional de Periodismo convencional
―es decir, pragmático― a Isabel Moya Richards. Un colega de Juventud
Rebelde le preguntó por sus hitos periodísticos y la condecorada solo
pudo recordar un reportaje sobre la talla de los ajustadores. Ella se
preocupaba por las gordas. Nadie pensaba en las gordas. No había
ajustadores apropiados para las gordas más gordas del país. Ahora la
gorda desatada intenta meter el pecho en los medios no estatales, acaso
porque desistió de buscar talla en la carcomida red minorista.

―Algunos de ustedes están confundidos y tienen derecho a rectificar
―dice Antonio Moltó, como el sacerdote que te exige la confesión.

No se da cuenta que Baracoa nos sirvió de iniciación en el periodismo
gonzo. Ya no soy modernista. Ahora soy samizdat.

Source: Antonio Moltó y el periodismo 'samizdat' | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1497785263_31954.html
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